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Princesa hecha bruja

AlondraMartinez
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Synopsis
Rosa ha vivido oculta entre espinas, magia y secretos, señalada por un reino que la convirtió en villana antes de conocerla. Alonso, el príncipe heredero de Flotopía, regresa después de años lejos y queda cautivado por la misteriosa joven de ojos azules. Pero acercarse significará desenterrar un pasado que sus familias han intentado ocultar durante años. Entre una antigua maldición, una corona construida sobre mentiras y un amor que jamás debió existir, Rosa y Alonso deberán descubrir quiénes son realmente… antes de repetir la historia de quienes los precedieron.
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Chapter 1 - La muchacha detrás de las espinas

Mucho antes de que el mundo se llenara de grandes ciudades, máquinas y caminos interminables, existió un reino rodeado de montañas, bosques y antiguas leyendas.

Corría el siglo XIV.

Sus habitantes aseguraban que, siglos atrás, una maldición había caído sobre aquellas tierras. Nadie recordaba con certeza cómo había comenzado ni quién había sido el responsable. Algunos culpaban a una bruja; otros, a un rey demasiado ambicioso. Pero todas las versiones coincidían en algo:

Solo el amor verdadero podría romperla.

Con el paso de los años, aquello terminó convirtiéndose en una historia para asustar niños.

O, al menos, eso creía la mayoría.

Más allá de los caminos transitados, detrás de un bosque tan espeso que incluso la luz parecía temer entrar en él, se levantaba un enorme portón cubierto de ramas, raíces y espinas.

Detrás de aquel portón vivía Rosa.

Era una joven hermosa, aunque cualquiera que tuviera la osadía de decírselo probablemente recibiría una mirada capaz de congelarle la sangre.

Rosa tenía mal carácter.

O eso decía la gente.

Ella prefería pensar que simplemente había aprendido a defenderse.

Durante años había evitado acercarse al pueblo. Las pocas veces que necesitaba hacerlo, cubría su rostro con una larga capa roja y caminaba mirando al suelo, procurando no cruzarse con nadie.

No soportaba las miradas.

Mucho menos los murmullos.

—Ahí va.

—Es ella.

—Dicen que vive detrás del bosque.

—Mi madre dice que no debemos acercarnos.

Rosa apretaba los puños debajo de la capa cada vez que los escuchaba.

Para ella, aquellas personas no eran más que bestias.

Bestias disfrazadas de seres humanos que sonreían de frente y mostraban los dientes en cuanto uno les daba la espalda.

Por eso estaba bien sola.

Siempre lo había estado.

Su tranquilidad duró muchos años.

Hasta que apareció él.

El príncipe Alonso.

Aquella mañana Rosa había salido en busca de provisiones. Llevaba una pequeña cesta entre las manos y avanzaba rápidamente por uno de los caminos cercanos al bosque cuando escuchó el sonido de unos cascos acercándose.

Se detuvo.

Un caballo negro apareció frente a ella.

Rosa levantó la mirada por simple instinto.

Y se arrepintió inmediatamente.

Sobre el animal cabalgaba un joven.

Alto, de hombros anchos y porte elegante. Vestía las prendas oscuras propias de la casa real y llevaba una espada colgada a la cintura. Su cabello estaba ligeramente revuelto por el viento y en su rostro había una seguridad que a Rosa le resultó insoportable desde el primer segundo.

Pero no fue eso lo que la hizo retroceder.

Fue reconocer el escudo bordado sobre su capa.

La corona.

La casa real.

Su madre se lo había advertido desde que era una niña.

Nunca te acerques a ellos.

Los hombres del castillo eran peligrosos.

Los príncipes todavía más.

Representaban todo aquello de lo que Rosa debía mantenerse alejada. Maldad. Pecado. Mentiras disfrazadas de buenas intenciones.

Él no debía verla.

No debía saber que existía.

Y mucho menos descubrir dónde vivía.

Rosa bajó rápidamente la cabeza y continuó caminando.

Alonso, en cambio, se quedó observándola.

Durante toda su vida había conocido damas de la corte, princesas extranjeras, hijas de nobles y jóvenes que encontraban cualquier excusa imaginable para cruzarse en su camino.

Aquella muchacha hizo exactamente lo contrario.

Huyó de él.

Y eso despertó su curiosidad.

—Espera —ordenó.

Rosa siguió caminando.

Alonso arqueó una ceja.

No estaba acostumbrado a que ignoraran una orden suya.

Hizo avanzar al caballo unos metros.

—Te estoy hablando.

Ella apretó el paso.

—Y yo estoy intentando no escucharte —respondió sin siquiera mirarlo.

Alonso soltó una pequeña risa.

Aquello sí era nuevo.

Rosa se internó entre los árboles.

El príncipe pudo haber regresado al castillo.

Debió hacerlo.

En cambio, desmontó.

No sabía qué le intrigaba más: aquella capa roja desapareciendo entre la oscuridad del bosque o los ojos azules que había alcanzado a ver durante apenas unos segundos.

Había algo en ellos.

Algo extraño.

No era simplemente belleza.

Era como si aquella muchacha estuviera aterrada de que alguien la encontrara.

Y, al mismo tiempo, preparada para atacar a cualquiera que lo intentara.

Alonso tomó las riendas de su caballo y comenzó a seguirla.

Rosa no tardó en percatarse.

—Idiota… —murmuró.

Aceleró el paso.

Atravesó árboles, raíces y senderos apenas visibles hasta llegar finalmente al enorme portón cubierto de espinas.

Alonso se ocultó varios metros atrás.

Frunció el ceño.

Había recorrido aquellas tierras desde que era niño.

Nunca había visto ese lugar.

Rosa dejó la cesta en el suelo.

Miró a ambos lados.

Después colocó una mano sobre las ramas que cubrían la puerta y cerró los ojos.

Su voz rompió el silencio del bosque.

La belleza no vive afuera,

la belleza nace adentro.

Viejo guardián de mis secretos,

abre tus brazos y déjame entrar.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Entonces las ramas comenzaron a moverse.

Alonso dio un paso hacia atrás.

Las espinas se apartaron lentamente unas de otras como si estuvieran vivas. Las raíces se deslizaron sobre la tierra y, frente a Rosa, apareció una entrada.

El príncipe dejó de respirar.

Eso no podía ser posible.

Rosa tomó su cesta y atravesó el portón.

Antes de que las ramas volvieran a cerrarse, giró ligeramente la cabeza.

Por un instante, Alonso volvió a ver aquellos ojos azules.

Profundos.

Intensos.

Y esta vez no encontró dulzura en ellos.

Encontró miedo.

Rosa desapareció detrás del portón.

Las espinas volvieron a entrelazarse.

Alonso permaneció inmóvil frente a ellas.

Había llegado hasta allí siguiendo a una muchacha.

Pero acababa de encontrar algo mucho más peligroso.

Un secreto.

Y todavía no sabía que aquel secreto cambiaría para siempre la historia de su reino.