Abrí los ojos lentamente, sintiendo cómo un resplandor blanco y cegador me envolvía por completo. Era tan brillante que tuve que entrecerrar los ojos para poder adaptarme. Intenté mover mi cuerpo, pero cada intento era en vano. Mis extremidades no respondían, como si estuviera atrapado dentro de mi propia mente.
— ¿Dónde estoy? —murmuré, sintiendo cómo mis palabras resonaban en el vacío infinito.
Miré a mi alrededor. No había nada. Solo un inmenso vacío blanco que se extendía más allá de lo que mi mente podía comprender. Traté de levantarme, pero mi cuerpo seguía inmóvil. Al final, dejé caer mi cabeza contra lo que asumí era el suelo y solté un suspiro pesado.
— Ah, ya recuerdo... morí. Otra vez. Qué maravilla.
El silencio que siguió era tan profundo que podía escuchar el eco de mis pensamientos. Pero esa calma no duró mucho.
— ¡DIOS! —grité con fuerza, mi voz llena de frustración— ¿Dónde estás? Sé que andas por aquí. ¡Sal de una vez! ¡Deja de jugar ya!
Una risa profunda resonó en todas direcciones, burlona y pesada, hasta que una figura comenzó a formarse frente a mí. Caminaba con calma, como si todo esto fuera un espectáculo hecho exclusivamente para su entretenimiento.
— Vaya, ya despertaste —dijo con una sonrisa—. Dime, Thiago, ¿cómo se siente morir otra vez?
Su tono era burlón, pero sus ojos destilaban una curiosidad que me irritaba. Hice una mueca de fastidio, fingiendo estar en profunda reflexión.
— Pues, a ver... comparado con la primera vez, diría que esta fue mucho mejor. —Solté un gruñido—. Me rompieron los huesos, me apalearon, y al final me atravesaron el pecho. Una muerte maravillosa, ¿verdad?
Él se rió entre dientes, como si disfrutara de mi sarcasmo.
— Ahora, sin rodeos... —continué con un tono seco—, ¿a dónde voy esta vez?
Su sonrisa se amplió, claramente disfrutando de la situación.
— Sabes, Thiago... no puedo evitar admirar tu actitud. Pero, bueno, vayamos al punto. Digamos que tengo malas noticias.
— ¿Más malas noticias? que sorpresa —respondí irritado—. Si no fuera porque estoy paralizado, créeme, ya te habría dado un golpe.
— Sí, claro —respondió con una risa ligera—. Como si eso fuera a pasar. Aunque pudieras moverte, ni siquiera tocarías este rostro angelical.
Rodé los ojos, exasperado.
— Bueno, volviendo al tema... —continuó él, cruzando los brazos con expresión pensativa—. Creo que te debo una disculpa.
— ¿Otra disculpa? —arqueé una ceja, desconfiado—. ¿Ahora qué problema surgió?
— Pues, digamos que moriste de manera... prematura. —Tosió ligeramente, desviando la mirada—. Y eso siempre complica las cosas.
— ¿Prematura? —mi tono goteaba sarcasmo—. Claro, porque lo de ser apaleado y atravesado fue completamente inesperado.
Él ignoró mi actitud y continuó.
— Lo que intento decir es que tu muerte no fue solo prematura... hubo algo más. Fuerzas externas. digamos Thiago,que tu existencia fue una anomalía.
Fruncí el ceño, confundido.
— ¿Qué quieres decir?....habla
Él suspiró, buscando las palabras adecuadas.
— Verás, cada persona al nacer tiene un destino. Imagina que es como un barco con un rumbo establecido. Ese rumbo puede desviarse dependiendo de las decisiones que tomes, pero siempre hay un camino. Sin embargo, tú... tú en cambio llegaste sin barco.
Sus palabras me dejaron atónito.
— ¿Qué demonios significa eso?
— Que no tenías un destino, Thiago. Desde el momento en que llegaste al mundo, comenzaste a interferir con los barcos de los demás, alterando sus destinos de maneras que no deberían ser posibles.
— Déjame adivinar... Sophia, ¿verdad? —pregunté con una mirada penetrante.
Él asintió lentamente.
— Sí. Al interactuer con ella cambiaste su destino de manera tan brusca,por loque las leyes que rigen el mundo comenzaron a percibirte como una amenaza. Algo que debía ser eliminado. Así que... bueno, orquestaron tu muerte.
Cerré los ojos, dejando que sus palabras se asentaran.
— Entonces, las cosas con Liria y Sebastián... ¿no fueron coincidencia? —pregunté con un tono serio—. ¿Todo fue planeado por el mundo para matarme?
— Correcto. —Su voz ahora era grave—. El universo te vio como una anomalía. Algo fuera de sus leyes naturales. Y cuando eso sucede, hace todo lo posible para corregir el error.
Me quedé en silencio, procesando todo.
— Entonces, en pocas palabras... fui un polizón en este barco llamado vida. Y, al final, me echaron por la borda.
Él me miró con una mezcla de pena y admiración.
— Lo pusiste de una manera un poco dramática, pero sí.
Solté un suspiro frustrado y rodé los ojos.
— Claro, porque mi vida no puede ser más irónica. Y yo que pensaba que mi suerte empezaba a mejorar...
— (Risa burlona) Ya la captaste. Pero, para tu tranquilidad, llegué a tiempo y salvé tu alma antes de que desapareciera por completo. Por eso estás aquí.
Abrí los ojos nuevamente, enfocándome en el resplandor blanco que me rodeaba. Todo parecía tan... etéreo.
— ¿Aquí? —pregunté, con el ceño fruncido—. ¿Qué es este lugar? ¿Un purgatorio?
— Llámalo como quieras —respondió, encogiéndose de hombros—. Técnicamente es un espacio intermedio. Te traje aquí para protegerte... y para arreglar el desastre que causaste sin interrupciones externas.
El tono de sus palabras no ayudaba a calmar mis pensamientos, que comenzaron a arremolinarse en mi cabeza. Una pregunta en particular surgió, y el solo pensamiento de ella me irritó.
— Antes de que sigas, necesito entender algo. —Lo miré fijamente, con una mezcla de enojo y confusión—. ¿Por qué me convertiste en un híbrido? Estoy bastante seguro de que pedí ser un vampiro con la capacidad de comer comida normal. Era algo bastante simple, ¿no crees?...lo mire furtivamente
Él soltó una carcajada ligera, como si hubiera estado esperando esa pregunta.
— Sabía que preguntarías eso. Mira, las leyes de los mundos son estrictas. Los vampiros, especialmente los del mundo de Crepúsculo, tienen reglas muy específicas. Si hubiera modificado tu naturaleza vampírica para que pudieras comer comida humana, habría alterado el equilibrio para todos los vampiros de ese universo por lo tanto tendria que hecerlos capases de tambien de comer comidad..... Créeme, eso habría causado un caos innecesario...
— Por eso me convertiste en un híbrido... —murmuré, asintiendo lentamente mientras procesaba sus palabras.
— Exacto. Y, por cierto, ganaste UNA habilidad adicional por serlo, así que no te quejes tanto.
— Touche. —Esbocé una pequeña sonrisa.
El silencio se instaló entre nosotros, aunque no duró mucho. Decidí que era hora de preguntar lo obvio.
— Entonces, ¿qué pasará ahora?
Él cruzó los brazos, pensativo, y sonrió con ese aire despreocupado que ya me irritaba.
— Bueno, tienes dos opciones. Puedes elegir descansar en el Edén, como te mencioné antes, o puedes regresar.
— ¿Regresar? —repetí, levantando una ceja—. ¿Cuál es el truco esta vez?
— Ah, sí, bueno... si decides regresar, tendrás que esperar aquí mientras arreglo el problema que tienes con tu destino. Además, también hay que solucionar el de Sophia.
Fingí pensar por un momento, aunque ambos sabíamos cuál sería mi respuesta.
— Sabes que elegiré regresar. —Lo miré, serio—. Pero tengo una duda... Lo que hice, ¿no cuenta como suicidio?
Su expresión cambió ligeramente, volviéndose más suave.
— No, . La diferencia está en los motivos. Tú no buscabas escapar de tu vida, sino protegerla, incluso sabiendo que no saldrías con vida de esa situación. Esa intención marca la diferencia...
Reflexioné sobre sus palabras, asintiendo lentamente.
— Entendido. Pero dime, ¿qué pasará con Sophia? —Mi tono traicionaba una pizca de preocupación.
— (Sonrisa ligera) No te preocupes demasiado. Sophia está bien... aunque su destino está un poco... roto. Pero no te alarmes, es mucho más fácil arreglar el suyo que el tuyo.
Fruncí el ceño, mirando al vacío mientras trataba de comprender todo esto.
— Entonces... ¿mi presencia fue lo que la afectó? ¿Cómo demonios iba a saber que estar cerca de mí le arruinaría el destino?
— No te castigues tanto —respondió, restándole importancia con un gesto de la mano—. Al final, no podías saberlo. Pero bueno, arreglaré las cosas.
— Claro, lo que digas... —murmuré con sarcasmo.
Entonces, él se aclaró la garganta como si recordara algo importante.
— Ah, casi lo olvido. Tendrás que quedarte aquí un año mientras arreglo todo.
Mis ojos se abrieron de par en par.
— Un año. —Las palabras salieron de mi boca como un eco vacío.
— Sí. Aquí el tiempo parecerá pasar más rápido, para que no pierdas la cabeza. Además, durante ese tiempo, tu cuerpo se recuperará por completo.
— (Suspiré profundamente) Un año... genial. —Gruñí—. Entonces... dame algo que hacer. Una consola, videojuegos, lo que sea. No pienso quedarme aquí mirando el vacío.
Él sonrió, chasqueando los dedos, y una consola apareció frente a mí.
— Diviértete. Cuando sea hora de irte, vendré a buscarte.
Lo vi desaparecer lentamente, dejándome solo con mis pensamientos.
— Bueno, aquí estoy de nuevo, solo. Al menos no moriré de aburrimiento.
A pesar de las distracciones que me dio, mi mente seguía volviendo a Sophia.
— Sophia estará bien. Es Sophia... siempre encuentra la forma de salir adelante. —murmuré, aunque no estaba del todo convencido.
Con un suspiro pesado, cerré los ojos y dejé que el cansancio me venciera, hundiéndome en un sueño lleno de dudas .
>>>>un año despues<<<<
El tiempo en el Cuarto Blanco fue una montaña rusa de emociones. Aunque los videojuegos ayudaron a sobrellevar el tedio, el vacío interminable me recordaba constantemente que estaba atrapado. Cada segundo parecía burlarse de mí, alargándose hasta volverse insoportable.
(mirando la pantalla)
Tras innumerables intentos fallidos en Dark Souls, mi paciencia estaba colgando de un hilo.
— ¡VAMOS, SALTA, MALDITO HIJO DE...! —grité mientras mi personaje se precipitaba hacia una muerte más—. ¡¿CÓMO ES POSIBLE?! ¡JUEGO DE MIERDA! —lancé el mando al aire y lo atrapé al vuelo—. Dios, ¿cuántas muertes llevo ya?
Me levanté con un bufido, dejando que mis pasos resonaran en el vacío del Cuarto Blanco. Justo cuando me disponía a reiniciar la partida, una voz familiar interrumpió mis pensamientos:
— ¿Me llamaste?
— ¡¿QUÉ DIABLOS?! —di un salto del susto y me giré bruscamente. Ahí estaba él, tan sereno como siempre, con esa sonrisa que solo servía para irritarme más—. ¿Cuántas veces te tengo que decir que no entres así? Si quieres aparecer, ¡hazlo sin darme un infarto!
Él rió entre dientes, obviamente disfrutando de mi reacción.
— Lo siento, pero tu frustración es entretenida. Además, ¿no crees que deberías estar preparado para lo inesperado?
Rodé los ojos y señalé la pantalla, donde las palabras "HAS MUERTO" seguían brillando como una burla.
— Sí, claro. Preparado como cuando un dragón te aplasta por enésima vez. Pero bueno, ¿esto significa que es hora de volver?
Él asintió, cruzándose de brazos.
— Exacto. Tienes 40 minutos antes de regresar al mundo real, pero antes de eso, hay un par de cosas que necesitamos discutir.
Con un chasquido de sus dedos, todos los videojuegos desaparecieron.
— ¡Oye! —protesté, aunque no con mucha convicción—. Ni siquiera había terminado de morir miserablemente.
— Como si eso fuera a cambiar en 40 minutos. —Me guiñó un ojo mientras yo soltaba un suspiro resignado—. Ven, camina conmigo.
Lo seguí por el Cuarto Blanco, curioso y algo nervioso. Su tono indicaba que lo que venía no era una simple charla casual.
— Recuerda que te dije que arreglaría tu problema con el destino. Bueno, no fue tan sencillo como pensaba. Tu existencia sigue siendo una anomalía para el mundo.
Fruncí el ceño, deteniéndome en seco.
— ¿Entonces nada cambió? ¿Voy a seguir siendo el mismo "error" de siempre?
— Déjame terminar, impaciente —respondió con una leve irritación—. Lo que hice fue camuflarte. Ahora tu alma está conectada al entorno. Eres como una sombra del mundo; existes, pero el universo no puede verte.
Lo miré, todavía desconfiado.
— ¿Camuflarme? ¿Eso significa que las personas no me veran?....que no eso es ser un fastamas practicamente....dije confudido
Él asintió lentamente.
— En cierto modo, sí. Si te alejas de alguien por mucho tiempo, unos dos años, comenzarán a olvidarte por completo. Pero mientras interactúes con ellos regularmente, no habrá ningún problema....y seguiran biendote...sin desaparecer de sus recuerdos
— Dos años, ¿eh? —murmuré, bajando la mirada—. Al menos no es inmediato... Aunque sigue siendo algo melancólico.
— Peor es nada, ¿no? —añadió con una sonrisa tranquila—. Ahora, sobre tus estudios...
— No me digas que tendré que repetir todo. Si es así, olvídalo. No pienso pasar por eso otra vez.
Él soltó un suspiro, claramente cansado de mis quejas.
— No, no tendrás que repetir nada. He arreglado tu expediente. Tienes un título de graduación, pero tendrás que ir a recogerlo personalmente. No soy tu secretario.
— Bueno, eso es un alivio. Gracias por eso.
Finalmente, llegamos al portal que marcaría mi regreso al mundo real. El aire a su alrededor parecía vibrar, lleno de una energía que me resultaba tanto familiar como inquietante.
Me detuve justo antes de cruzar el portal. Una pregunta, inquietante y persistente, surgió en mi mente.
— ¿Qué pasó con el cuerpo de Sebastián? —pregunté con cautela, clavando mi mirada en él.
Su expresión se tornó divertida, arqueando una ceja mientras dejaba escapar una risa ligera.
— ¿Miedo? ¿Tú? Vamos, ya lo enfrentaste antes. Incluso diría que fue un empate, ¿no?
Rodé los ojos con irritación evidente.
— Si por "empate" te refieres a que me hizo pedazos sin esfuerzo, entonces claro, un empate impecable. —Suspiré mientras cruzaba los brazos— Además, después de pensarlo, me di cuenta de que las habilidades de sigilo son mi peor enemigo.
Él rió con un toque de burla en su voz.
— Como digas, pero no me negarás que tenías ventaja.
— En términos de habilidades, tal vez, pero experiencia y control... eso es otra historia. Fue un desastre. Y para ser honesto, nunca en mi vida había luchado contra vampiros .
— Bueno, tienes razón en eso. Pero, si somos sinceros, parte de la culpa fue tuya. Pudiste haber escapado en lugar de enfrentarlo.
— Sí, lo pensé. Hasta que mencionó a Sophia. Después de eso... —bajé la mirada mientras dejaba escapar un suspiro pesado—. Ya sabes cómo terminó, no necesito decírtelo.
Él me observó con una sonrisa suave, como si disfrutara de mi incomodidad.
— Qué romántico. Dar tu vida por la mujer que amas, ¿no crees?
— No empieces con eso. Sabes bien que no me gusta Sophia de esa manera. Le tengo cariño, pero no hay sentimientos románticos ahí. —Suspiré, desviando la mirada al techo blanco—. En fin, deja de hablar de esa pelea.
Ambos reímos suavemente, como si el peso de la conversación comenzara a disiparse.
— En cuanto a tu preocupación —dijo, volviendo al tema con un tono más serio—, Sebastián y Liria no sabían realmente de ti. Todo lo que hicieron fue manipulado por el mundo. Eran peones en el intento del universo por borrarte. Y sí, lo lograron. —Me lanzó una mirada burlona antes de agregar—. Pero, si te preocupa el cuerpo, ya me encargué de eso.
Respiré profundamente, tratando de procesar sus palabras. Algo no me gustaba de todo esto, pero no había mucho que pudiera hacer.
— ¿Y estás completamente seguro de que el mundo no me notará ahora?
Él asintió con confianza.
— Absolutamente. Pero, para tranquilizarte, te daré algo más.
Con un chasquido de sus dedos, apareció en mi mano un simple anillo de plata.
— Este anillo ocultará tu aroma y tus sonidos. Con él, incluso las crituras más perceptivos no podrán detectarte.
Sin dudarlo, me lo puse inmediatamente.
— Una ganga, ¿no? —sonreí con satisfacción mientras levantaba la mano para observarlo mejor—. Gracias. Esto hará las cosas mucho más fáciles para mí...espera....criaturas
Él sonrió con calma antes de dar un paso atrás.
— Bien, es hora de que te vayas. Y recuerda, Thiago... no habrá una tercera oportunidad.
Lo miré directamente, dejando que mis palabras reflejaran la seriedad del momento.
— Lo sé....pero que a que te refieres..con..cria----
sin previao aviso crucé el portal. como no se....La oscuridad me envolvió, acompañada de un silencio abrumador... Justo cuando pensaba que no podía ser peor, una luz cegadora estalló frente a mí.
— ¡¿ES EN SERIO?! ¡AVISA ANTES DE HACER ESTO! —grité, cubriéndome los ojos mientras la luz me envolvía.
Cuando la luz se desvaneció, me encontré de pie en un lugar familiar: ....
— Estoy de vuelta... —susurré, mirando alrededor con una mezcla de nostalgia y nerviosismo.
Mis ojos recorrieron lentamente el lugar donde me encontraba. El bosque aún mostraba las cicatrices de mi última batalla contra Sebastián: árboles quebrados, marcas profundas en la tierra y el rastro de energía que todavía vibraba en el ambiente.
Tomé una respiración profunda. El aire fresco llenó mis pulmones, dándome una sensación de vida renovada.
— Como dijo, mi cuerpo se recuperó. —murmuré mientras movía mis brazos y giraba mis hombros, comprobando mi movilidad. No más moretones, ni costillas rotas, ni esa sensación constante de debilidad....por falta de sangre
Alcé la vista hacia el cielo. Un azul brillante se extendía sobre mí, con el sol bañando todo a su alrededor.
— Al menos es de día. —sonreí ligeramente.
Aunque me gustaba la noche, ahora no estaba de humor para enfrentarme a su oscuridad. Necesitaba esta claridad...hora mismo mi mente no se encontraba en su mejor momento.
Estiré mi cuerpo, soltando un suspiro de alivio.
— Bien, hora de ponerme en marcha.
Con un pensamiento, desaparecí en un instante.y pareci en mi departamento
justo como lo habia de jado... excepto por el polvo. Abrí las ventanas,.. lo primero que noté fue cómo el polvo flotaba en el aire al moverme.
— Qué desastre. —dije mientras caminaba lenta mente por la sala de estar con una mirada crítica....El lugar había estado vacío por un año, y se notaba.
Suspiré profundamente mientras me cruzaba de brazos.— Bien, hagamos las maletas. Próxima parada: Florida...
Una sonrisa melancólica apareció en mi rostro.
— Es una lástima. Me hubiera gustado quedarme un poco más. Pero no es posible...nada personal...pero..llame gradue.. y quiero ir a florida....ademas de que simpre equerido ir aya
Mientras me movía por la sala, una idea me golpeó como una roca. — recorde que tendría que despedirme de las pocas personas que aún quedaban en mi vida. ..se reduce pocas..una...mejor dicho.—solte una risa leve antes de irme
Miré a mi alrededor y recordé otro problema más urgente.
— Además, está el asunto de la sangre. —solté un quejido mientras rascaba mi nuca— Esencial para mi dieta....no me apetese para nada la ide de chupar sangre como sanguijuela.. —supire recinadamente—..al fina tendre que hacerlo
Mi mirada se desvió hacia la ventana, donde vi el sol estaba el punto mas alto del cielo
— Supongo que luego cazaré algún animal...en alguna parte.....cualquier sirve...imgino
Bostecé mientras un cansancio inesperado se apoderaba de mí.
— Pero primero... —me desplomé en el sofá, cerrando los ojos por un momento— Tal vez una hora de sueño...—reflecione con mi mirada perdida—no... mejor no...
Mi mente divagaba mientras me levantaba...de nuevo
— mejor ... una ducha.....me quitara...la son bolencia que tengo..ademas Necesito estar presentable....para el colegio..al menos no...—sonrei mi entras caminaba..
Me dirigí al baño, cerrando la puerta detrás de mí.
El agua caliente golpeó mi piel, limpiando la sensación de incomodidad que llevaba encima desde que había regresado. Salí del baño con una toalla alrededor de mi cintura, secándome el cabello mientras me miraba al espejo.
Mis ojos llamaron mi atención...
— Ah, cierto. —murmuré mientras me acercaba al reflejo— Llevo tanto tiempo usando lentes que había olvidado lo extraño que es el color de mis ojos.
El azul celestes parecía brillar bajo la luz artificial del baño.
Curioso.
pense mientras giraba mi cabeza de un lado a otro, observando cómo cambiaban de tonalidad según la intensidad de la luz— A la luz del sol, un celeste claro. Pero de noche... azul marino o índigo.
Una risa suave escapó de mis labios mientras apartaba la mirada del espejo.
— Dios realmente se esforzó con los detalles, ¿eh?
Fui al armario, revisando mi ropa.
— Veamos... es mi último día aquí, así que, ¿por qué no llamar un poco la atención? —sonreí, sacando un atuendo que combinaba estilo y comodidad.
En pocos minutos, estaba vestido y listo para continuar. pense en el lugar al que necesitaba ir..y desapareci..en un instante
me encontré en un viejo callejón que conocía demasiado bien.
— Hola, callejón... Viejo amigo...como estas...
Me estiré lentamente, disfrutando de la brisa fresca que corría entre los edificios.
— Gracias por tu ayuda... una vez más. —dije con una sonrisa antes de comenzar a caminar hacia el colegio
<< mientras caminaba. A lo lejos,observe la silueta del colegio se alzaba ante mis ojos. Aceleré el paso, sintiendo cómo los recuerdos me invadían con cada zancada. Finalmente, me detuve justo frente a la entrada.. Me quedé allí, mirando la puerta como si de alguna manera me retara.
—Vamos, Thiago. Tú puedes, hombre. —murmuré mientras respiraba hondo, tratando de infundirme valor—. ¿Qué podría pasar?
Abrí la puerta y crucé el umbral.
al Avanzar por los pasillos.Los ecos de mis pasos resonaban suavemente.. De repente, el timbre sonó, inundando el ambiente con su característico estruendo.
—Mira qué coincidencia... —susurré para mí mismo mientras esbozaba una sonrisa.
. Bueno, qué importa. De cualquier manera, hoy estaba planeado llamar la atención. ¿Por qué no hacerlo interesante?
Continué avanzando. Las miradas de los estudiantes comenzaron a posarse en mí, algo que siempre me había incomodado. Sentía sus ojos, susurrando entre ellos, especulando quién era este extraño que por los pasillos.
—No me acostumbro... —susurre mientras sacudía ligeramente la cabeza, tratando de ignorar las miradas—. Vamos, sigue avanzando.
Mi mente intentaba recordar la ubicación exacta de la oficina.
—¿Dónde está? —me dije, girando la cabeza de un lado a otro, tratando de orientarme.
De repente, un ritmo familiar me distrajo: el latir de un corazón. Sentía cómo se aceleraba mientras me acercaba más y más....senti un holar....muy familiar...y recordaba...bastante bien
—Vamos, vamos... —me susurré a mí mismo mientras sacudía las manos, tratando de calmarme—. Pareces un tonto que está por confesarse....
Finalmente, detuve mi búsqueda.
—Ah, ahí estás. —dije con alivio, viendo la.
Me acerqué, pero algo llamó mi atención antes de que pudiera seguir caminando....Un poco más allá, vi una escena que detuvo mi corazón por un momento. Sophia estaba allí. Pero no estaba sola.
—Vaya... —murmuré mientras una sonrisa nostálgica se formaba en mis labios—. Perdí la apuesta...te debo una comida entonces...
dije mi entras la miraba....la mire estaba tomada de la mano de Ethan, con una sonrisa... su sonrisa rara vez veia cuado estaba con ella....creo que mejor me rretiro....no quiera terminar..causado al gun cliche........Me quedé un momento más, observando desde la distancia. Finalmente, decidí irme.
—Creo que lo mejor será no arruinar esto. —susurré mientras daba media vuelta.
Levantar la mano.
—Gracias por ser mi amiga, Sophia. —murmuré en voz baja mientras me alejaba—. Nos volveremos a ver... tal vez....en algun monmiento..si el destino...lo quire....aah cierto....no tengo....
Una risa animada brotó e mis labios mientras me dirigía finalmente hacia la rectoría,
>>>unos momentos despues<<<
Mis pasos resonaban por los pasillos del colegio mientras intentaba recordar la ubicación de la rectoría. La confusión y las miradas de los estudiantes no ayudaban en absoluto.
—Parezco idiota...donde carajos estaba.... —murmuré mientras me llevaba una mano al rostro.
depronto recorde..las imagenes llegaron ami mente...
—Ah, ya lo recuerdo. —dije en voz baja, retomando mi camino con paso firme. Finalmente, me detuve frente a la puerta que buscaba.
Tocar la puerta.
—¿Quién es? —preguntó una voz familiar desde dentro.
—Soy Thiago, señorita Angélica.
Hubo un silencio breve, seguido de un susurro que parecía sorprendido.
—¿Thiago? ¿Thiago...? —La voz titubeó unos instantes antes de exclamar—. ¡Ah! ¡Thiago! Pasa, pasa.
Abrí la puerta lentamente, sintiendo un extraño peso de nostalgia al ver el interior.
—Hola, señorita Angélica. Cuánto tiempo... no creía que me recordaría. —dije con una risa algo incómoda.
Ella me observó, claramente impresionada.
—Tienes razón... ¡cuánto has cambiado! ¿Cuándo fue la última vez que te vi? —Se quedó pensativa por un momento antes de suspirar y continuar—. Imagino que viniste por tus papeles y tu diploma, ¿no?
(asentir)
Angélica comenzó a rebuscar entre un montón de documentos en su escritorio, hasta que encontró una carpeta.
—Aquí están. —Me entregó los papeles—. Asegúrate de que todo esté en orden. Si falta algo o hay algún error, avísame y lo arreglaré. ... —dijo, mirándome con una mezcla de nostalgia y orgullo—. Fue un placer tenerte en esta institución.
Abrí los ojos, sorprendido por la sinceridad en sus palabras.
—El placer fue mío, señorita Angélica. Hasta luego...
me siento un poco mal....despues de todo...creo que me salte....unos cuantos cursos para obtenr el diploma...no....y creo que fueron bastantes.....olvidalo...mejor sigamos...
Tomé la carpeta y salí de la oficina, respirando profundamente me retire de la rectoria...
—Bien, es hora de irnos. —dije con una sonrisa mientras caminaba hacia los baños—. Desde allí me teletransportaré a Florida... Miami, específicamente. Siempre quise conocerla.
Mi sonrisa se amplió, imaginando la cálida brisa y las playas llenas de vida.
De repente, una voz me detuvo.
—Disculpa...
Giré sobre mis talones para enfrentarme a quien me hablaba. Era una joven, su rostro me resultaba familiar.
—Hola... —dije, tratando de parecer indiferente, aunque mi mente ya procesaba quién era.
Ella parecía nerviosa, jugando con sus manos.
—¿Eres nuevo?
Sonrisa traviesa.
—Hola, Elizabeth. —respondí, disfrutando la confusión en su rostro—. ¿Cómo has estado?
Su expresión cambió de inmediato, pasando de la curiosidad al desconcierto.
—¿Tú? ¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó, dando un paso atrás, claramente nerviosa.
Oh, esto será divertido....como de veria decirle
Tenía tantas opciones: ¿debía decirle directamente quién era? ¿Jugar un poco más con su confusión? Decidí por algo intermedio.
—Nos volvemos a encontrar, mi antigua rival. —dije con una mirada seria, como si estuviera frente a un oponente en un duelo.
Ella parpadeó varias veces, incrédula.
—¿Qué? No... no te conozco.
Carcajada.
—Oh, Elizabeth. Te daré una pista de quién soy. —mi sonrisa se amplió mientras me cruzaba de brazos—. Me mantenía siempre con... la ratona.
—¿Ratona? —murmuró, claramente confundida—. ¿La ratona...? ¿Sophia?
De pronto, su expresión cambió. Sus ojos se abrieron de par en par mientras el reconocimiento se abría paso en su mente.
—¡Tú eres...!
—¡THIAGO! —exclamó finalmente, casi gritando.
No pude contener la risa.
—¡Oh, Elizabeth! No deberías haber visto tu cara. —dije entre carcajadas—. Estabas totalmente incrédula. Pero sí, adivinaste. Soy yo, Thiago.
Ella seguía mirándome, ahora una mezcla de incredulidad y emoción brillaba en sus ojos.
—¿Qué... qué te pasó? —preguntó, dando un paso hacia mí—. ¿Dónde has estado? ¿Por qué desapareciste? ¿Qué... qué...?
Sostener la mirada.
—Lo sé, es un cambio bastante radical comparado con mi yo del pasado. —dije con un suspiro.
—¿Cómo es posible que...?
—Siempre tuve esta apariencia. —confesé con una sonrisa—. Lo sorprendente fue cómo logré ocultarla durante tanto tiempo sin llamar demasiado la atención.**
Pausé un momento, dejando que procesara lo que decía.
—Supongo que soy... una máquina. —dije con una sonrisa maliciosa, dejando escapar una ligera risa...
(Suspiro profundo)
—Dejando de lado mi apariencia por un momento... ¿por qué no me cuentas de qué me perdí en mi ausencia? —dije con una sonrisa que intentaba ser casual, aunque moría de ganas por saber qué comedia me había perdido esta vez—. Sabes... (sonrisa expectante) me intriga pensar que la vida aquí continuó como una obra sin mi acto.
(Elizabeth, algo confundida)—¿Comedia?
—Olvida eso... solo dime qué ha pasado mientras yo no estaba. Después de todo —comencé a caminar despacio, mirándola de reojo— hoy es mi último día aquí. Vamos, te invito a una bebida... ¿qué tal?
(Titubeante)—Eh... bueno... —respondió, siguiéndome.
—Bien, vamos a la cafetería entonces.
Pense, mientras caminábamos juntos
Por favor... que Sophia y Ethan no estén allí. No es que no quiera verla... es solo que explicar las cosas... delante de Ethan sería incómodo a morir. Y más con la insistencia de Sophia. Esa forma suya de mirar... como si supiera más de lo que dice...—Me rasqué la cabeza, intentando despejar los pensamientos antes de que me traicionaran el humor
>>>> Cafetería <<<<
Caminé junto a Elizabeth hasta llegar al mostrador. Pedí sin pensar dos malteadas de chocolate.
Ni siquiera sé si le gusta... debería suponer que sí, ¿no? A casi todo el mundo le gusta el chocolate...—Dudé por un segundo—Bueno... casi todo el mundo.
—Ah, Tiago... a mí no me gusta el chocolate —dijo Elizabeth con una expresión inocente, casi como si se disculpara con los ojos.
Esto tiene que ser broma.La posibilidad estaba ahí, ¡claro que estaba! Pero ¿mira que justo hoy?—Suspire internamente, prolongado
—(Impactado) Okay... entiendo.
(Me giré hacia la empleada del mostrador)
—¿Podrías cambiar una de estas malteadas? —la miré a ella— ¿De qué la quieres?
Elizabeth pensó un momento, y luego dijo con una sonrisa sincera:
—Chicle... me gustaría una de chicle.
la mire completamente pasmado—Esto definitivamente tiene que ser una broma...¿Chicle? ¿¡Quién pide una malteada de chicle!?
¿Sabes qué? Olvídalo. No soy quién para juzgar. Después de todo, a mí me gusta la pizza con piña...
Observé a la empleada mientras comenzaba a preparar el cambio. La escena se sentía tan cotidiana y absurda a la vez, que no pude evitar sonreír.
>>> Un momento después <<<
Le entregué el dinero a la empleada con un leve asentimiento, tomé ambas malteadas —la de chocolate y la de chicle— y me giré hacia Elizabeth.
—Toma —le dije, extendiéndole la suya.
—Gracias —respondió con una sonrisa.
—Gracias por su compra —añadió la empleada de manera mecánica.
—Vamos, Elizabeth —le dije mientras empezaba a caminar—. Busquemos un lugar para sentarnos.
—Sí, claro —dijo, siguiéndome de cerca.
Caminé por el comedor con la mirada inquieta, escaneando el lugar en busca de una mesa lo más alejada y discreta posible. No es que fuera paranoico... bueno, tal vez un poco.
Pero ya sentía las miradas. No en mí precisamente, sino en ella.
Elizabeth... la chica más conocida del campus. Y, con toda honestidad, probablemente también una de las más populares.
La atención venía por defecto cuando estabas cerca de alguien así.
Mis ojos se detuvieron al ver una mesa en la esquina, medio oculta detrás de una columna.
Perfecta.
—Esta servirá —dije, girando hacia ella.
—¿Por qué esa? —preguntó Elizabeth, un poco confundida—. ¿No es mejor aquella de la derecha? Tiene mejor vista...
—Sí, lo sé —respondí rápidamente, bajando un poco la voz—. Pero no quiero encontrarme con Sophia.
Y si nos sentamos allá, es casi seguro que me verá. Y créeme... me reconocerá al instante.
No tengo ganas de comenzar un drama hoy.
Elizabeth soltó una risita divertida.
—Oooh, entiendo —dijo con una mirada animada, casi traviesa.
Nos dirigimos hacia la mesa oculta y nos sentamos uno frente al otro. El ambiente, aunque algo tenso diria, parecía cómodo para ella.
O al menos creo.
—Bueno... —dije con una sonrisa, apoyando los codos sobre la mesa—. Y bien... cuéntame, ¿qué pasó después de que me fui? —la miré con una expresión ligeramente traviesa, con una mezcla de curiosidad
Elizabeth dio un pequeño sorbo a su malteada de chicle mientras jugaba con la pajilla entre los dedos, pensativa. Sus ojos se desviaban hacia la mesa, evitando los míos.....
—Déjame pensar, Tiago... —dijo con voz suave—. ¿Por dónde empiezo?
Volvió a tomar otro sorbo y soltó un suspiro largo. Casi parecía que estuviera ordenando mentalmente todo lo que había pasado en mi ausencia.
—Bueno... los primeros días después de que te fuiste fueron... raros. El colegio estaba lleno de rumores. Algunos decían que te habían expulsado, otros que te habías peleado con Ethan. Y otros... —hizo una pausa..— bueno, simplemente decían que desapareciste sin más.
(Pensé con cierto molestia) Bueno... no los culpo. Considerando cómo me llevaba con Ethan, no necesitaban muchas piezas para armar sus propias versiones.
—Bueno... se entiende —dije, esbozando una media sonrisa—. Después de todo, Ethan y yo nunca nos llevamos bien.
Elizabeth asintió, mirándome con una mezcla de ironía y resignación.
—Sí, ya sabes cómo es aquí. Todo se convierte en una rumores. Y Sophia... —bajó la voz, casi como si tuviera miedo de nombrarla—. Sophia preguntó por ti. Bastante.
Tragué saliva, intentando que no se notara el nudo repentino en mi garganta.
—¿Ah sí...? —traté de sonar casual, como si su nombre no me afectara, pero incluso yo noté la tensión en mi voz.
Vamos aver por que me tenso... no hagas que esto sea más difícil...idiota..me sentire culpabla.....
—Sí. Al principio pensé que era solo costumbre. Estabas siempre con ella, era lógico que notara tu ausencia. Pero luego... empezó a cambiar.
—¿Cambiar cómo?
Elizabeth entrecerró los ojos, tratando de recordar detalles con precisión.
—Empezó a hablar con más gente. A socializar. Incluso... se unió al club de escritura.
Fruncí el ceño, confundido.
¿Club de escritura? —repetí—. Eso sí que no lo esperaba... si me hubieras dicho dibujo, bueno, lo entendería. Pero escritura..—...Eso no...bueno no se.... ¿Qué tan diferente en un año se volvio?— y bueno lo de socializar...creo que tube algo de influacia en esa parte
—Y bueno —continuó Elizabeth—, luego estaba Ethan. Ahí fue cuando las cosas empezaron a complicarse.
Mi cuerpo se tensó casi de inmediato. No podía evitarlo. Ethan. Claro. Tenía que aparecer....—su nombre sigue fastidiandome...que rencorosos nos volvimos
—Ethan... —hable rapido—. A él le gustaba Sophia desde hace mucho...creo...ooh eso aparentaba.... Incluso antes de que ella y yo... bueno, ya sabes. Pero como yo pasaba tanto tiempo con ella, nunca se atrevió a decir nada.
Elizabeth me miró, sorprendida.
—¿En serio? Eso explica muchas cosas...
—Sí. No es que lo diga con resentimiento, pero... ahora que lo pienso, tenía sentido. Su forma de mirarla, de intentar colarse entre nosotros....en mas de una ocasion.....diria...—mueca..
Elizabeth bajó la mirada, y algo en su expresión se apagó.
pense interna mente—Ay no... es verdad... a Elizabeth le gustaba Ethan. Joder. Esto se está volviendo incómodo....y la preguta del año...por quer no tengo ni idea....y no me trebo apreguntar
—¿Y entre ellos qué pasó exactamente? —pregunté, intentando sonar natural pero no tan curioso.
Elizabeth dudó un momento antes de responder. Sus ojos vagaban por el comedor, como si buscara palabras en el aire.
—No lo sé del todo. Nadie lo sabe, en realidad. Lo único que puedo decirte es lo que vi. Un día simplemente... empezaron a pasar más tiempo juntos. Primero como amigos, luego como algo más. Fue tan sutil que ni los rumores alcanzaron a gritarlo.
—Vaya... —murmuré, bajando la mirada a mi malteada—. Supongo que todo siguió su curso sin mí.
—No digas eso —dijo con un tono suave—. No fue igual. No para algunos.
Levanté la mirada. Elizabeth estaba más seria de lo habitual. Su voz no llevaba ese tono ligero y sarcástico que a veces usaba para protegerse.
—¿"Algunos"? —repetí.
—Sí —respondió simplemente, bebiendo de nuevo su malteada—. Sophia... y, bueno, yo.
La forma en la que lo dijo me tomó por sorpresa. Parpadeé, confundido.
—¿Tú? Espera... ¿cómo que tú?
—Tiago —dijo con un leve suspiro—, aunque nunca hablábamos mucho... siempre te observé. Siempre fuiste diferente. Torpe, sí. Pero honesto. Siempre sonriendo. No todos aquí pueden decir lo mismo.
Aparté la mirada. Esa sonrisa que todos veían... no era más que una costumbre... Algo que había desarrollado desde niño, sin siquiera recordar cuándo ni por qué. Y sí, lo de torpe... no podía negarlo. Totalmente cierto.... —Ahora me siento... ¿culpable? ¿O solo nostálgico?....(suspiro interno)
—Supongo que necesitaba espacio—dije al fin, casi en un susurro—. A veces uno se cansa de intentar encajar en un lugar que no siente suyo.
como le digo que no me fui si no que me asesinaron....y volvi la vida....—ponerse nervioso
—Y sin embargo volviste —respondió Elizabeth, esta vez con una media sonrisa, directa a mis ojos.
—Sí... volví...—entre parentisis—diria yo
Debería decirle que ya estoy graduado. Que solo vine a cerrar reclamar mi diploma. mejor no ... sé que empezarán las preguntas. Y no quiero cargar con más fuego hoy.
Elizabeth dejó su malteada sobre la mesa, cruzó los brazos y me miró con una ceja levantada.
—¿Y ahora qué vas a hacer, Tiago? Dijiste que hoy es tu último día. ¿Te vas a ir otra vez sin decir nada? ¿O esta vez... vas a cerrar el telón como se debe?
Alcé una ceja, esbozando una sonrisa burlona.
—Qué frase más cursi, Elizabeth... dime, ¿cuántas novelas románticas te has leído?
—¡Q-qué! ¡No! Yo... —tartamudeó, sonrojándose un poco— ¡Tú! Tú solo dime por qué te vas. ¡No cambies de tema! —refunfuñó, mirando a otro lado.
—Lamentablemente, no puedo contarte eso —dije con una sonrisa —. Pero... ya que estamos, dime tú... ¿cómo terminaron juntos Ethan y Sophia?
Elizabeth rodó los ojos, irritada.
—Ahora entiendo cuando Sophia decía que podías ser desesperante y fastidioso.
—Gracias por el cumplido.
—No fue uno —respondió, sin disimular su molestia, aunque en el fondo se notaba que ya me conocía demasiado como para tomárselo en serio.
—Entonces, ¿me vas a contar o no?
—Está bien, está bien... —dijo finalmente, apoyando los codos en la mesa y mirando al vacío unos segundos—. No sé todos los detalles. Nadie los sabe. Pero te puedo decir lo que vi...
Me incliné un poco hacia adelante, con una sonrisa curiosa.
—Eso me basta.
—Bien... pues... a ver cómo empiezo...
(sonreir)...z
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