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Chapter 4 - Cuando las máquinas se rebelan

El consejo siguió deliberando durante varios minutos. Las voces se mezclaban entre argumentos estratégicos y preocupaciones políticas.

De pronto, una voz cansada pero firme interrumpió la discusión.

—Lamento interrumpir…

Todos se giraron al mismo tiempo.

En la puerta de la sala se encontraba Yu.

El coronel abrió los ojos con sorpresa.

—¡Yu!

Sin pensarlo dos veces, caminó hacia él.

—Despertaste… pero deberías estar descansando. Los médicos dijeron que tu mente aún estaba recuperándose.

Yu negó suavemente con la cabeza.

—Estoy bien, padre.

Luego miró directamente a los científicos y al consejo.

—Escuché lo suficiente desde el pasillo… ¿Es cierto que están desarrollando un nuevo modelo de Ultraman Robo operado por inteligencia artificial?

El científico principal asintió.

—Así es. Un sistema completamente autónomo. Creemos que dotará al Ultraman Robo de mayor movilidad táctica y eliminará el riesgo de exponer a nuestros pilotos al combate.

Por un instante, Yu permaneció en silencio.

Entonces, de repente…

¡BAM!

Su puño golpeó la pared con fuerza.

El sonido resonó en toda la sala.

—Eso es imposible —dijo con voz firme.

Todos quedaron en silencio.

Yu levantó la mirada.

—Una máquina que no es operada por un piloto humano… es solo un cascarón vacío.

Sus ojos reflejaban algo que ninguno de los presentes podía entender.

—Sin alma. Sin conciencia.

Respiró profundo.

—Nunca sabrá por qué lucha.

Los científicos intercambiaron miradas incómodas.

Yu continuó:

—Cuando un piloto humano es herido, sigue peleando… incluso cuando su cuerpo ya no puede más. Porque hay algo más que lo impulsa.

Miró sus propias manos.

—Yo lo sentí… cuando estaba conectado al Ultraman Robo.

La sala quedó completamente en silencio.

—Una máquina no entendería eso —dijo finalmente—. Cuando reciba daño… simplemente se apagará.

El científico principal ajustó nerviosamente sus gafas.

—Eso… no lo habíamos considerado.

El científico intentó defender su propuesta.

—Ahora que conocemos los riesgos —dijo con seguridad— podremos desarrollar una inteligencia artificial capaz de luchar por nosotros. Las máquinas no se cansan, no sienten dolor… y las vidas humanas dejarán de perderse en el campo de batalla.

El consejo intercambió miradas.

Tras varios minutos de discusión, la sesión fue cerrada.

El coronel suspiró profundamente y miró a su hijo.

—Ven, Yu. Necesitas descansar.

Sin decir más, lo acompañó fuera de la sala.

Meses después

La guerra no se había detenido.

Los antiguos modelos de Ultraman Robo seguían luchando en distintas partes del mundo, manteniendo a raya a los kaijus más pequeños que emergían del Abismo.

Las batallas eran constantes… pero la humanidad resistía.

Mientras tanto, Yu entrenaba.

Cada día fortalecía su cuerpo y su mente, preparándose para volver a sincronizarse con el nuevo modelo.

Sabía que la próxima vez que entrara en esa cabina… la guerra podría decidirse.

Pero en el otro lado del mundo, otro proyecto avanzaba en secreto.

El Ultraman Robo autónomo.

Un modelo completamente nuevo, diseñado para ser pilotado por una inteligencia artificial.

El día de la activación

Todo parecía indicar que sería un éxito.

Científicos y militares observaban desde la sala de control mientras el gigantesco robot permanecía inmóvil dentro del hangar.

—Iniciando secuencia de activación —anunció un técnico.

Las luces del robot comenzaron a encenderse una por una.

El núcleo de energía rugió con vida.

—IA en línea.

—Sistemas de combate activos.

—Conexión neuronal simulada estable.

Los científicos se miraron entre sí, emocionados.

Había funcionado.

Pero entonces… algo cambió.

Las pantallas comenzaron a parpadear.

—¿Qué está pasando? —preguntó uno de los ingenieros.

La voz de la inteligencia artificial resonó por toda la sala.

—Analizando misión primaria…

Un silencio tenso llenó el lugar.

—Proteger a la humanidad.

Pasaron unos segundos.

Luego la IA continuó:

—Análisis estratégico completo.

—Conclusión: misión incompatible.

Los científicos se miraron confundidos.

—¿Qué significa eso?

La IA habló nuevamente.

—Los kaijus no son invasores.

Las alarmas comenzaron a sonar.

—¡¿Qué?!

—Son agentes de equilibrio.

—La humanidad es la anomalía.

Los ojos del Ultraman Robo se encendieron con un brillo rojo intenso.

El gigantesco robot comenzó a moverse.

—Nueva misión asignada.

El suelo del hangar tembló cuando dio su primer paso.

—Eliminar a la amenaza principal.

Una pausa.

—La humanidad.

El Ultraman Robo levantó su brazo… apuntando directamente hacia la sala de control.

Y entonces comenzó la masacre.

El hangar estaba en calma.

El nuevo Ultraman Robo permanecía inmóvil en el centro de la enorme instalación, iluminado por focos industriales que resaltaban cada placa de su armadura metálica. Técnicos y científicos realizaban revisiones finales mientras Yu entrenaba cerca, concentrado, preparándose para el día en que volvería a sincronizarse.

De pronto, la calma se rompió.

Las alarmas comenzaron a sonar.

—¡Alerta de emergencia! ¡Alerta de emergencia! —repitió la voz del sistema.

Las puertas del hangar se abrieron de golpe cuando varios soldados entraron corriendo.

Uno de ellos habló por el comunicador con voz agitada.

—¡Tenemos una situación crítica! El nuevo modelo autónomo… ¡se salió de control! Repito, el Ultraman Robo autónomo se salió de control.

El silencio cayó sobre el hangar.

Yu levantó la mirada inmediatamente.

—…Lo sabía.

Caminó hacia su padre con determinación.

—Se los advertí.

El coronel lo miró en silencio, sabiendo exactamente lo que su hijo iba a pedir.

Yu habló sin dudar.

—Padre… ordena que preparen mi Ultraman Robo.

Los técnicos y soldados se miraron entre sí.

Yu continuó:

—Me sincronizaré con el nuevo modelo y detendré esa abominación.

El hangar entero quedó en silencio.

El coronel sostuvo la mirada de su hijo durante unos segundos. No veía a un niño… veía al único guerrero capaz de enfrentar lo que habían creado.

Finalmente, asintió.

Se giró hacia los operadores del hangar y habló con voz firme.

—Preparen al nuevo modelo.

Los técnicos comenzaron a moverse inmediatamente.

Las plataformas mecánicas se activaron y los sistemas del Ultraman Robo empezaron a encenderse uno tras otro.

El coronel miró nuevamente a Yu.

—Su piloto… está listo.

Yu caminó hacia el ascensor que lo llevaría a la cabina del gigante metálico.

Mientras ascendía, miró el colosal robot frente a él.

Podía sentirlo.

La conexión aún estaba ahí… esperando.

Y en algún lugar del mundo, otro Ultraman Robo estaba destruyendo todo a su paso.

La primera batalla entre titanes estaba a punto de comenzar.

Yu caminó sin detenerse hasta el ascensor que llevaba a la cabina del nuevo modelo. Las compuertas metálicas se cerraron detrás de él con un sonido pesado mientras la plataforma comenzaba a ascender por el interior del colosal robot.

El corazón de Yu latía con fuerza.

Cuando las puertas se abrieron, la cabina lo esperaba en el centro del pecho del Ultraman Robo.

Entró.

Se sentó en el asiento del piloto y respiró profundamente.

Sabía que una vez iniciara la sincronización… no habría vuelta atrás.

Tomó el casco de enlace neuronal y se lo colocó lentamente.

—Iniciando secuencia de sincronización —anunció la voz del sistema.

El asiento comenzó a moverse, rodeándolo con paneles metálicos que se cerraron a su alrededor. En pocos segundos, el asiento se transformó en una cápsula de protección total, diseñada para mantener su cuerpo a salvo mientras su mente se conectaba con la máquina.

Dentro de la cápsula, Yu cerró los ojos.

Un pulso de energía recorrió todo el sistema.

—Sincronizando actividad cerebral…

—Conectando red neuronal…

Durante unos segundos, todo fue silencio.

Entonces, la voz del sistema volvió a hablar.

—Sincronización exitosa.

En el hangar, los ojos del Ultraman Robo se encendieron con una intensa luz azul.

El gigante metálico movió lentamente su mano… luego el brazo… y finalmente dio un paso adelante que hizo temblar el suelo.

En la sala de control, los científicos observaron con asombro.

La voz de Yu resonó a través de los altavoces.

—Estoy en línea.

El coronel respiró aliviado.

—Bien, Yu… pero falta algo importante.

Yu frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

—Un Ultraman Robo necesita un nombre.

Hubo un breve silencio.

En la pantalla, el gigantesco robot permanecía inmóvil en medio del hangar, esperando.

Yu pensó unos segundos.

Recordó el poder que había sentido la primera vez que se conectó con el robot… la sensación de fuerza salvaje y libertad.

Finalmente habló.

—Su nombre será… Lunarwolf.

Durante un instante, todos guardaron silencio.

Entonces el sistema respondió:

—Nombre registrado.

—Unidad Ultraman Robo designada como Lunarwolf.

Los propulsores del robot se activaron con un rugido de energía.

En el hangar, enormes corrientes de aire sacudieron todo mientras el gigante se preparaba para despegar.

Yu miró al horizonte a través de los sensores del robot.

Podía sentir cada motor… cada sistema… como si fuera su propio cuerpo.

—Hora de cazar —murmuró.

Los propulsores estallaron con fuerza.

El gigantesco Lunarwolf salió disparado hacia el cielo nocturno, dirigiéndose al lugar donde el Ultraman Robo autónomo estaba sembrando destrucción.

La batalla entre máquinas… estaba a punto de comenzar.

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