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Chapter 40 - Segunda Temporada: Brackets de clasificatoria

[Arena del festival]

La voz de Midnight resonó firme y clara en el estadio, amplificada por los altavoces y acompañada de una música vibrante que encendía la emoción en el aire. 

—¡Atención, alumnos y querida audiencia! Ha llegado el momento que todos esperaban: el último evento del Festival Deportivo —comenzó, levantando su mano izquierda—. ¡El torneo uno contra uno! 

 Sus ojos brillaron bajo el antifaz, mientras las pantallas gigantes detrás de ella comenzaban a mostrar el cuadrilátero iluminado, un escenario perfecto para hacer relucir los mejores productos en venta.

—Los participantes, según se nombren, deberán subir al centro del estadio para dar inicio a las batallas ¡que definirán quiénes son los verdaderos héroes del primer año! —anunció, con gran júbilo en su voz—. Sin más preámbulo, comenzamos.

Primero apareció Hades, caminando con paso firme, la gorra blanca con la palabra MILK destacándose entre la multitud. En la pantalla, su nombre apareció en letras grandes: "HADES — Clase 1-A." Justo debajo, una línea más pequeña revelaba el nombre oficial de su quirk, con un toque solemne: "Anástasis." 

La imagen mostraba su mirada intensa, sus ojos carmesí aún brillando con esa mezcla de furia y control inquebrantable.

Desde el público, un héroe profesional con traje hecho de madera murmuró: 

—¿Anástasis? ¿Qué diablos es eso? 

Hades a su vez, solo pudo levantar una ceja al leer el nombre.

—¿Anástasis? ¿Qué diablos es eso? —murmuró simplemente, aún masticando el hongo que Kinoko le había dado antes.

Siguió Bakugo, una explosión contenida en cada movimiento. Sus cejas fruncidas, el cabello revuelto y la mirada de fuego hicieron que el público estallara en gritos, y en la pantalla, "KATSUKI BAKUGO — Clase 1-A," y bajo su nombre, su quirk: "Explosión." 

Bakugo gruñó para sí, casi un reto silencioso para cualquiera que se atreviera a enfrentarlo.

Todoroki Shoto, impecable y serena, no pronunció palabra, solo bajó la mirada con su usual mezcla de calma y tensión contenida. "SHOTO TODOROKI — Clase 1-A," "Mitad Hielo, Mitad Fuego," decía la pantalla.

Akemi llegó justo después con una energía magnética, su presencia electrizante hacía que las miradas se pegaran a ella. La pantalla mostraba "AKEMI MIDORIYA — Clase 1-A" y "Apex" adornaba el lugar de su don.

Mina apareció sonriente y radiante, saludando con la mano, pero sin dejar que la alegría ocultara su determinación. "MINA ASHIDO — Clase 1-A," seguida por "Ácido."

Kirishima se acercó con esa energía imparable que lo caracteriza, guiñando un ojo a la cámara, su quirk "Endurecimiento" titilando en la pantalla.

Hanta Sero se deslizó con naturalidad, haciendo una ligera reverencia mientras en la pantalla su nombre y "Cinta Adhesiva" aparecían.

Iida, siempre formal, ajustó sus gafas y miró hacia el público con una sonrisa breve y decidida. Su quirk, "Engine," brillaba debajo de su nombre.

Momo, elegante como siempre, se aseguró de que todo estuviera perfecto antes de subir. Sus ojos calculadores se posaron un instante en la cámara. "MOMO YAOYOROZU — Clase 1-A," y "Creación."

Kaminari, con su sonrisa despreocupada, lanzó una mirada pícara hacia la multitud, mientras "DENKI KAMINARI — Clase 1-A" y "Electrificación" aparecían.

Ochako, dulce pero firme, sostuvo una postura firme mientras su nombre y "Gravedad cero" se desplegaban en la pantalla.

Tokoyami emergió de las sombras, con Dark Shadow acechando a su lado, su rostro serio. "FUMIKEGE TOKOYAMI — Clase 1-A" y "Dark Shadow."

Mei entró con una sonrisa traviesa, ajustando los lentes sobre sus rastas. "MEI HATSUME — Clase 1-H" y "Zoom."

Intelli, calmada y reservada, tomó un sorbo de té mientras su nombre "Saiko Intelli" aparecía junto a "IQ".

Shinso llegó con su expresión fría y desafiante, no miraba hacia las gradas, su mirada se clavó en los estudiantes del 1-A que estaban emocionados por empeza. "HITOSHI SHINSO — Clase 1-C," "Control cerebral." El público se estremeció al ver el nombre del quirk, pero rápidamente se entusiasmaron cuando sin miedo alguno, él habló por uno de los micrófonos instalados alrededor.

—Voy a aplastar a esos huevos de oro del curso de engreídos.

Finalmente, Ojiro se paró con firmeza, su cola balanceándose lentamente. "MASHIRAO OJIRO — Clase 1-A" y "Cola fuerte."

Midnight volvió a tomar el micrófono mientras el último participante tomaba posición. 

—¡Estos son los gladiadores del torneo uno contra uno! Cada combate definirá quién merece avanzar y ¡quien tendrá que llorar hasta el próximo año!

El estadio explotó en gritos, las luces se enfocaron en el cuadrilátero, y el aire se cargó de tensión. Desde un rincón, Shinso se encogió de hombros y murmuró para sí mismo.

—Estas luces son demasiado para mí...

Intelli, desde su lugar, tomó un sorbo más de su té. Akemi, brillando con carisma y determinación, lanzó una sonrisa desafiante hacia la cámara. 

Bakugo soltó un gruñido bajo, preparado para quemar todo a su paso. Todoroki, como siempre, permaneció en silencio, su mirada fija en el cuadrilátero, calculando, esperando.

Entonces, adelantándose unos pasos hacia el centro del cuadrilátero, Midnight robó la atención de todos los presentes sin importar el género moviendo con soltura la fusta entre sus manos mientras su sonrisa juguetona recorría a cada uno de los presentes.

—¡Muy bien, damas y caballeros! —anunció, dando un giro elegante sobre sus tacones antes de señalar al público— Aquí los tienen... ¡los dieciséis contendientes que se enfrentarán en duelos uno contra uno!

Se llevó una mano a la cadera y levantó la otra, girando la fusta como si trazara un círculo en el aire.

—El sistema será de brackets, en dos grupos: Grupo A y Grupo B. —aclaró, paseando la mirada por los participantes, y guiñando un ojo a un par de ellos—. Los combates irán intercalados: uno del Grupo A... luego otro del Grupo B... y así sucesivamente.

Midnight dio un paso al costado, cruzando una pierna sobre la otra y balanceando levemente las caderas.

—Y por si se lo preguntaban... —sonrió como si guardara un secreto travieso— ¡los enfrentamientos serán completamente aleatorizados!

Akemi, desde su posición, frunció levemente el ceño.

—Las probabilidades no deberían repetirse... tendré que estar atenta... —pensó, sin apartar la vista de la gran pantalla que empezaba a iluminarse.

El sonido de tambores electrónicos resonó por los altavoces, y la pantalla comenzó a girar nombres y rostros a toda velocidad. El público se inclinaba hacia adelante, expectante.

De pronto, la animación se detuvo y los resultados aparecieron en letras doradas:

Grupo A: Momo, Iida, Hades, Kaminari , Mei, Tokoyami, Ojiro y Bakugo.

Grupo B: Akemi, Mina, Shinso, Ochako, Kirishima, Intelli, Todoroki, y Sero.

Midnight dio una palmada y el eco retumbó en el cuadrilátero.

—¡Y ahí lo tienen! —exclamó, señalando la pantalla con un ademán amplio— Los gladiadores que harán temblar este torneo.

La pantalla volvió a cobrar vida con un zumbido eléctrico, las imágenes girando a toda velocidad como una ruleta gigante. Midnight dio un paso hacia adelante, apoyando la fusta sobre su hombro mientras recorría con la mirada a los participantes.

—Y ahora... —su voz bajó a un tono seductor—, colocaremos a nuestros futuros héroes en las posiciones para sus enfrentamientos. —Hizo un gesto amplio hacia la pantalla—. ¡Veamos quién será el primero en sentir la gloria!

El giro de nombres se aceleró hasta convertirse en un remolino de rostros y colores. El público rugía, el sonido subía de intensidad... y entonces, la ruleta se detuvo con un impacto sonoro.

Grupo A: Bakugo Katsuki vs Tokoyami Fumikage, Momo Yaoyorozu vs Kaminari Denki, Tenja Iida vs Hatsume Mei, Hades vs Ojiro.

Grupo B: Akemi vs Saiko Intelli, Ochako Uraraka vs Shinso Itoshi, Todoroki Shoto vs Kirishima Eijiro, Mina Ashido vs Anta Sero.

Un destello cruzó la mirada de Bakugo.

—¡Ja! —rechistó con una media sonrisa torcida— ¡Grandioso, seré el primero en luchar!

A su lado, Tokoyami asintió con sobriedad, pero sus ojos se desviaron apenas hacia las explosiones que chisporroteaban en las palmas de Bakugo, iluminando sus plumas oscuras.

En el otro extremo, Akemi ladeó el rostro, mirando de reojo como Intelli caminaba con calma con una mano en su mejilla. Sus labios se apretaron mientras trataba de atrapar un recuerdo escurridizo. 

—La conozco... pero ¿de dónde?

Sus ojos se entrecerraron cuando vió como ella se acercaba a Hades que seguía en el cuadrilátero con la gorra de "MILK" calada sobre la frente, pero no pudo continuar viéndola cuando Ochako se le acercó con la palabra nerviosismo tatuada en su rostro.

—Akemi-chan... 

La peli verde solo pudo suspirar con una ligera sonrisa en su rostro.

—No importa por ahora... —pensó, tomando una de las manos de Ochako—. Lo pensaré cuando luche con ella...

Por otro lado, Intelli llegó junto con Hades y le tomó el hombro.

—Para mi batalla... —dijo con una sonrisa traviesa, su monóculo brillando apenas—, quiero que seas mi mayordomo oficial... y me traigas té.

Con un suspiro pesado, él se dió la vuelta con una ceja arqueada y migajas adornando su rostro, estaba dispuesto a rechazar la idea. Pero antes de que pudiera abrir la boca, sintió una mano firme aferrarle el brazo.

—No hay tiempo que perder, mi buen lacayo —agregó con voz refinada, arrastrándolo con fuerza hacia los pasillos.

Midnight los observó con una risita, girando la fusta entre sus dedos antes de señalar al resto de competidores.

—Los que no pelearán ahora, pueden ir a las gradas, en cambio... —Se inclinó hacia el público y, con un chasquido limpio de su látigo que resonó en toda la arena, declaró— ¡Los luchadores, a los vestuarios! El primer combate... ¡empieza en cinco minutos!

.....

.....

El pasillo a los vestuarios estaba más silencioso que la arena, pero no por mucho. Los pasos firmes de Intelli resonaban como si fuera una madre ajustando los caminos de su hijo. Y en cierto modo... se parecía.

—En serio, ¿un mayordomo? —Hades mascullaba con el ceño fruncido, la gorra ladeada sobre la frente—. ¡Y para qué diablos tengo que quitarme la gorra!

—Porque un mayordomo con gorra es... —Intelli lo miró de arriba abajo con evidente juicio—, inaceptablemente vulgar, poco atractivo y para ser mi lacayo, debes parecer menos... —hizo una pausa, mirando de reojo al muchacho—, tú.

Sin dar tiempo a réplica, lo tomó de la muñeca y tiró con sorprendente fuerza. Hades frunció el ceño, intentando plantarse, pero ella lo empujó sin ceremonias hacia la puerta de los vestuarios masculinos.

—Oye, oye... ¡Espera un seg—!

¡Paf! La puerta se cerró tras él.

Frente a él, sobre un banco, había un conjunto de mayordomo perfectamente doblado: chaqueta negra entallada, chaleco gris, camisa blanca y corbata. Incluso había guantes.

Hades parpadeó.

—... ¿De dónde carajos lo sacó, y cómo diablos lo metió aquí? —murmuró, mirando alrededor como si el traje pudiera haber aparecido por arte de magia.

Suspiró, resignado. Sabía que negarse solo provocaría más problemas. Se quitó la gorra, dejando que su cabello cayera hacia adelante, y comenzó a ponerse la camisa. La tela era suave, pero el corte...

—Tch... está ajustado —gruñó, estirando el cuello de la chaqueta. El chaleco parecía hecho para alguien que respirara menos.

Se acercó al espejo, observando su reflejo. La mirada severa, el uniforme impecable... y, sin embargo, el cuerno roto sobresalía como una herida visible.

En ese momento, Haruto se asomó dentro de su mente, con una sonrisa a medias.

—Hermano... ese cuerno... —comentó con preocupación—, ¿crees que esté relacionado con esa sensación de antes?

—No lo sé —negó con la cabeza, ajustando los guantes blancos—, pero eso se sintió tan... familiar —suspiró, llevando ambas manos a su cabello.

—Se sintió igual a la vez que nos reencontramos con...

Hades bajó la vista un instante, apretando sus puños al retomar la memoria de su padre por un tiempo fugaz.

—Sí... tienes razón... 

Sus palabras fueron acompañadas por sus pasos y ceniza que comenzaba a arremolinarse en su muñeca como una serpiente de humo oscuro que quería engullirle por completo.

—No es momento de pensar en eso —agregó, con un suspiro pesado, retomando el control de su propio poder cuando su mano tomó la perilla y la empujó.

La puerta se abrió con un suave clic. Intelli, de brazos cruzados, estaba esperándolo justo enfrente. Al verle, sus ojos acompañados por una leve sonrisa de satisfacción recorrieron su figura de arriba abajo.

—Excelente... —asintió con un tono casi musical—. La primera batalla ha comenzado, así que vamos a verla desde el camerino mientras trabajamos en una estrategia contra ella.

Hades dejó escapar un suspiro, bajando ligeramente la cabeza mientras se ajustaba los guantes de nuevo. No respondió. Sus pasos sonaron pesados cuando comenzó a caminar a su lado. Las luces del pasillo parpadeaban suavemente con el rugido lejano del público. En su mente, imágenes de Akemi se proyectaban como destellos: su velocidad, la forma en que desviaba los ataques, la intensidad casi incandescente en sus ojos cuando lo despreciaron aquella vez.

Pero él no dijo nada, su voz no logró salir cuando recordó... aquella primera noche que secuestró su pensar. 

Sacudió la cabeza, y sin volverse, Intelli habló con voz clara, como si pudiera leer su silencio.

—Agradezco de todo corazón que me protegieras en la ronda anterior... y que aceptaras que estuviera en tu grupo.

Hades apenas levantó la mirada, su mirada se tornó molesta, al creer que estaba escuchando tonterías.

—No es nada para agradecer, lo hice por—

—Para mí sí lo es —interrumpió ella, sin detenerse—. Siempre he sido dejada de lado. Mi actitud, mi forma de hablar... y mi dependencia del té para mi quirk... —sus labios se apretaron en una mueca—. Por eso, ese imbécil me llamó "rara del té".

Sus pasos se detuvieron. Hades, que caminaba a su lado, avanzó unos pasos más, quedando frente a la puerta del camerino. Sin mirarla directamente, apoyó una mano en la perilla y la jaló suavemente para abrirla.

—No importa lo que digan los demás... —dijo con una calma grave, mirando el vacío de la habitación con ojos verdes—. Yo sé que eres increíble. Y sin ti... no creo que hubiese llegado a la tercera ronda.

Intelli lo observó en silencio. Sus ojos parecían buscar alguna grieta en su seriedad, pero no encontró ninguna. Asintió, casi imperceptiblemente, y entró en la sala.

El camerino estaba iluminado por una gran pantalla que transmitía la pelea en curso: explosiones doradas y sombras aladas danzaban en el centro de la arena. El rugido de la multitud se filtraba por las paredes como un eco distante.

Intelli se sentó con elegancia en un sillón bajo. Sobre una pequeña mesa, había una tetera de porcelana blanca, con vapor escapando por la tapa. Sirvió el té con precisión, el líquido ámbar cayendo en la taza sin derramar una sola gota.

Llevó la taza a los labios y probó un sorbo sin apartar la mirada de la pantalla.

—Empecemos con la estrategia... Hades-san.

Él se acomodó junto a ella, cruzando los brazos sin querer preguntar de donde volvió a sacar eso. En sus ojos, el reflejo de la televisión marcaba su atención.

[En la arena]

El cuadrilátero parecía más grande desde dentro. El rugido del público caía como una ola que subía y bajaba con cada movimiento de los combatientes. El calor del sol mezclado con la electricidad del momento hacía que el aire vibrara.

Bakugo estaba de pie en su esquina, inclinando el torso hacia adelante para estirar la espalda. Sus brazos se estiraban hacia atrás hasta casi dislocarse, y las articulaciones de sus dedos crujían mientras pequeñas explosiones de humo y luz estallaban al hacer contacto con sus pares. La pólvora en su sudor desprendía un aroma metálico, y él respiraba hondo como un animal antes de lanzarse a cazar.

A unos metros, Tokoyami giraba los hombros en círculos lentos, el pico bajo y la mirada fija. Desde la sombra de su abdomen emergía Dark Shadow, materializándose como una nube viva, oscura, de bordes afilados. La criatura miró hacia Bakugo y soltó un gruñido grave, casi un desafío en sí mismo. Tokoyami, sin decir nada, permanecía sereno... aunque su postura estaba lista para saltar en cualquier momento.

Y ahí, entre el ruido del público, Bakugo recordó.

[Hace 5 minutos...]

El eco de sus botas resonaba fuerte, caminando a un paso firme, seguro, cargado de la confianza que lo definía. Iba directo al combate.

—¡Kachan... espera un momento! —sonó la voz de Akemi detrás de él.

Bakugo giró con un ceño automático, preparado para despachar a quien fuera con comentarios sarcásticos o una cara de pocos amigos.

—¿Quién carajos me está llamando así..? —gruñó, sus puños apretado, listos para soltar una ligera explosión hacia la persona que lo llamaba así.

Cuando se volteó por completo, sus cejas vacilaron al igual que sus puños, mientras la figura de Akemi corría hacia él, con una expresión tan burbujeante que contrastaba con lo profundo de sus pupilas verdes.

En un instante, fingió tropezar y, con un movimiento fluido, terminó chocando contra su pecho. Sus manos se aferraron a su uniforme, como si hubiera sido una reacción instintiva para no caer.

Bakugo, sorprendido, por el repentino actuar, extendió ambroz brazos para tomar a la chica por los hombros.

—¡Oye! Aprende a mirar por dónde caminas, ¿quieres?

Ella alzó la vista con una sonrisa apenas contenida.

—Pero siempre tendré a mi Kachan para atraparme... —susurró, hundiendo su rostro en su pecho por un instante, ahogando sus palabras—. ¿Verdad?

Su tono, trabado entre la burla y la ternura lo dejó sin aire por un segundo. Sus pupilas temblaron, su voz se ahogó en su garganta. Sintió un calor repentino subirle por el cuello hasta las orejas. Trató de apartarse, pero ella no lo soltó.

—Tsk... ¿Qué demonios quieres? —preguntó, intentando recuperar la compostura.

Akemi se inclinó un poco más hacia él, como si quisiera asegurarse de que nadie más escuchara.

—Quiero darte algo que puede asegurarte la victoria... la mayor debilidad de tu oponente.

Bakugo entrecerró los ojos, dudando, pero algo en la seguridad de su mirada le hizo callar.

Su sonrisa brilló más aún, mientras se paraba de puntillas y estiraba sus labios hacia los oídos de él.

—Su debilidad es...

La memoria se interrumpió como si alguien hubiera cortado el sonido. Bakugo negó con la cabeza y dejó escapar una risa corta, seca. No podía permitirse distracciones ahora.

—No importa... —pensó, volviendo su mirada hacia las gradas, tratando de buscar a Hades—, voy a ganar todas las malditas batallas... y ahí —sonrió, haciendo crujir sus nudillos, devolviendo la mirada hacia su oponente—. ¡Obtendré mi revancha!

Tokoyami notó el cambio en su expresión y sus ojos brillaron apenas. Dark Shadow se arqueó, listo para moverse.

—Este es un mal inicio para nosotros... —murmuró Tokoyami, bajando su centro de gravedad y separando las piernas levemente.

—Uhmmm, solo necesitamos estar a la altura de esta asquerosa fuente de luz gritona —gruñó la sombra, entrecerrando levemente los ojos. 

Tokoyami asintió con un leve suspiro, pero en el momento en que abrió su pico, la figura de Midnight levantando su brazo le arrebató la atención por completo. Sus caderas se movieron con un balanceo sutil mientras hacía girar el látigo en el aire. Sus labios dibujaron una sonrisa provocadora.

—¡Señoras y señores! —su voz se proyectó como un eco teatral—. Este es... ¡el primer combate del Grupo A! —chasqueó su látigo, rompiendo el aire como un trueno—. ¡Bakugo Katsuki contra Tokoyami Fumikage... comienza ahora!

El suelo vibró cuando ambos dieron el primer paso hacia adelante. El público gritó, y el olor a pólvora se mezcló con la sombra viva que crecía alrededor de Tokoyami.

Bakugo fue el primero en actuar, agachándose bruscamente, bajando el centro de gravedad como un velocista a punto de salir. Sus manos se lanzaron hacia atrás, dedos abiertos, y un rugido sordo de explosiones comenzó a retumbar en sus palmas.

El aire se llenó de chispas y humo blanco justo antes de que un estallido repentino lo lanzara hacia adelante como un proyectil humano. El polvo del suelo se levantó en una estela, y el público apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que la figura de Bakugo se convirtiera en un borrón dorado y negro.

—¡Tch...! —Tokoyami, sereno, no dio un paso atrás. Desde su abdomen, Dark Shadow se abalanzó con violencia, extendiendo sus garras umbrías como cuchillas oxidadas. El rugido grave de la entidad vibró en el aire.

Las garras se abalanzaron en un arco amplio, buscando atrapar a Bakugo de frente, pero...

En el último instante, Bakugo giró bruscamente hacia su derecha, con el cuerpo casi paralelo al suelo. La explosión que generó desde su palma no solo cambió su trayectoria como un latigazo, sino que lanzó un fogonazo brutal que iluminó todo el costado de Dark Shadow. La criatura, más acostumbrada a la penumbra, soltó un gruñido y entrecerró los ojos ante el flash repentino.

Aprovechando esa apertura, Bakugo arqueó la espalda hacia atrás y flexionó su pierna derecha como un muelle comprimido. Con un impulso feroz, lanzó una patada giratoria, directa a la cabeza de Tokoyami, el aire silbando alrededor del movimiento.

—¡Hmph! —Tokoyami no se inmutó. Dark Shadow reaccionó en el último segundo, interponiendo una de sus garras como un escudo viviente. El impacto fue seco, el pie de Bakugo hundiéndose en la materia oscura como si fuera sólida y elástica al mismo tiempo.

Antes de que Bakugo pudiera recuperar el pie, la otra garra de Dark Shadow descendió en un golpe vertical, buscando aplastarlo contra el suelo.

—¡Ni lo sueñes! —escupió Bakugo, y con un giro de muñeca detonó una explosión a escasos centímetros del rostro de la criatura.

El estallido no solo lanzó humo y fuego, sino una onda de calor que distorsionó el aire. Dark Shadow retrocedió, encogiéndose y protegiéndose con las alas de sombra. El gruñido que soltó era más de molestia que de dolor, pero fue suficiente para abrir un espacio entre ambos.

Bakugo aterrizó con un rodillazo contra el suelo, chispas cayendo de sus manos como gotas incandescentes. Una sonrisa torcida cruzó su rostro.

—Vamos, cuervo... dame algo que valga la pena.

—¡Ja! Tonto faro luminoso... ¡te mostraremos de lo que estamos hechos! —advirtió la sombra, afilando sus garras.

El aire ya estaba denso por el humo y el calor, pero Bakugo no aflojaba. Con cada paso que daba, otra explosión sacudía el suelo, y cada fogonazo iluminaba la figura oscura de Dark Shadow.

En esos destellos breves, Bakugo lo notó.

—Tch... cada vez que lo ilumino... se mueve más lento...

Un destello más, y las garras tardaron una fracción de segundo extra en cerrarse. Otro fogonazo, y el batir de las alas fue menos agresivo.

—Akemi tenía razón... esta es su maldita debilidad.

La sonrisa de Bakugo se ensanchó, volviéndose más feroz.

—¡Te tengo, cuervo! —rugió, lanzándose de nuevo.

Su avance fue una ráfaga de explosiones cortas y rápidas, cada una acompañada de un flash que hacía retroceder a Dark Shadow. El ritmo de Bakugo aumentaba: giro, explosión lateral, puñetazo con impulso, patada ascendente, otra explosión a quemarropa.

Tokoyami entrecerró los ojos bajo su pico, sintiendo cómo la presión crecía.

—Dark Shadow, muévete conmigo —ordenó, flexionando los músculos de sus piernas.

Y por primera vez, en vez de mantener la posición y defender, Tokoyami se desplazó junto a su proyección, ambos moviéndose como un solo ente. Bakugo lanzó una explosión lateral que casi roza el costado de Tokoyami, pero este giró con agilidad, y Dark Shadow contrarrestó con un golpe descendente que obligó a Bakugo a retroceder un par de pasos.

—¡Hah! —Bakugo bloqueó el golpe con una explosión defensiva y volvió a lanzarse.

El intercambio se volvió frenético: Bakugo girando y detonando con una precisión quirúrgica, Tokoyami combinando pasos ágiles con barridos de sombra, las garras interceptando ataques que habrían derribado a cualquier otro. Cada vez que Bakugo intentaba flanquear, Dark Shadow respondía con un zarpazo o un muro hecho de su propio cuerpo, y Tokoyami trataba de contraatacar con golpes ágiles y derribos que no llegaban a nada.

La multitud gritaba con cada intercambio, sintiendo la tensión de dos combatientes que no cedían terreno.

Bakugo aterrizó tras una explosión en diagonal, respirando agitado, pero con una mirada tan decidida como al inicio.

—No importa cuántas veces lo bloquees... te voy a romper el ritmo, Tokoyami.

Tokoyami, firme en su resolución, escupió un poco de sangre desde su pico y sonrió con cautela.

—No importa cuántas veces lo intentes... no nos romperás.

Ambos se lanzaron otra vez, y el rugido de la explosión y el aleteo de las sombras se mezclaron, llenando la arena con un estruendo ensordecedor. Dos rugido, un estallido y el suelo crujió bajo sus botas mientras el humo ardiente se dispersaba entre sus pasos. El público apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que la figura de Bakugo se desdibujara en una serie de destellos que iluminaban la arena como relámpagos continuos.

Dark Shadow, tenso por la luz incandescente, desplegó sus garras para interceptarlo, pero Bakugo no voló en línea recta. Bajó el centro de gravedad, giró sobre su propio eje y con una explosión lateral cambió bruscamente de trayectoria, quedando a un flanco de Tokoyami. El flash repentino obligó a usuario y quirk a entrecerrar sus miradas por una fracción de segundo.

—Hah... lo sabía —pensó Bakugo con una mueca casi depredadora—. ¡Están por llegar a su límite!

Cada fogonazo lo hacía reaccionar más lento, cada contraataque fallido abrían nuevas brechas.

Sin darle tiempo, detonó otra carga en su palma derecha, impulsándose en diagonal. Su pierna subió como un látigo directo a la cabeza de Tokoyami, pero Dark Shadow, aún a destiempo, logró interponer su garra. Pero... una explosión repentina los tomó por sorpresa.

—¡Bastardo! ¿De verdad creías que sólo podía crear explosiones desde mis palmas? 

Las garras, aunque lograron bloquear el primer impacto, cedieron ante la onda expansiva del segundo impacto y recorrieron un par de metros antes de frenar por completo.

—Maldición... —gruñó Dark Shadow, mientras trataba de recomponer su equilibrio—. Me tomó desprevenido... 

Bakugo cayó con una de sus piernas descalza y temblando ligeramente. Pero eso no lo detuvo y ya estaba lanzando otro ataque. Esta vez no eran explosiones largas para cubrir distancia, sino una secuencia corta, precisa, cada una acompañada por un destello que arrancaba un gruñido de molestia de la sombra.

Tokoyami intentó compensar, moviéndose junto a su proyección.

—Dark Shadow, no dejes que te acorrale —ordenó con voz grave, aunque por dentro sentía la presión de cada golpe.

El sonido de las explosiones era ensordecedor. 

¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! 

La arena se llenaba de humo y polvo, pero Bakugo usaba ese mismo caos a su favor, apareciendo de entre las nubes con otro fogonazo que desorientaba a su enemigo.

—Cada vez más lento...

Bakugo sonrió de forma salvaje y apretó el paso.

Su ofensiva se volvió casi inhumana: explosiones cortas para cambiar de dirección, saltos impulsados que lo llevaban por encima de la cabeza de Tokoyami, giros en el aire seguidos de ráfagas que forzaban a Dark Shadow a cubrir un ángulo tras otro. Cada destello le robaba velocidad a la sombra, cada impacto la hacía encogerse un poco más.

La multitud rugía ante el espectáculo. Algunos gritaban el nombre de Bakugo, otros aclamaban la resistencia de Tokoyami, pero todos sentían que estaban viendo un duelo al límite de sus propios reflejos.

Tokoyami se vio obligado a retroceder tres pasos seguidos. Bakugo aterrizó frente a él, y con un impulso de ambas manos lanzó una explosión directa al suelo, creando una onda expansiva que levantó una nube de polvo.

Dark Shadow, cegado, trató de cubrir a Tokoyami, pero una mano ardiente emergió de la nube y detonó a centímetros de su rostro espectral. El impacto lo hizo gritar y replegarse.

—¡Te tengo! —vociferó Bakugo, lanzándose con otra explosión.

Tokoyami no se quedó quieto. Moviéndose con firmeza, saltó hacia atrás y ordenó:

—¡Dark Shadow, contraataque!

La sombra se expandió con un rugido que rivalizó con las explosiones de su rival y lanzó un zarpazo lateral que casi toma por sorpresa a Bakugo. Este se impulsó en diagonal para esquivar, pero la garra alcanzó a rasgar el aire junto a su mejilla. El calor de la fricción hizo que Bakugo apretara los dientes con rabia.

—¡Tch! ¡No creas que eso te salvará! —escupió mientras explotaba hacia arriba, cayendo en picada con una patada cargada de impulso.

Dark Shadow bloqueó, pero una nueva explosión proveniente de su pierna iluminó por completo los ojos de la sombra. El flash fue tan intenso que su defensa se debilitó y Bakugo logró empujarlo hacia atrás varios metros. El golpe resonó como un cañonazo. Pero no dejó tiempo a recomponerse.

Explosión, patada baja, puñetazo con impulso, explosión lateral, giro completo con detonación detrás para sorprender por el otro lado. Tokoyami y Dark Shadow tenían que mover los pies junto con las garras, adaptándose a cada cambio de ángulo, pero el desgaste era evidente.

El sudor corría por la frente de Tokoyami, sus hombros tensos bajo el peso del ritmo frenético. Dark Shadow respiraba agitadamente, algo que parecía imposible hasta esta batalla.

—Va a caer... sólo un poco más —pensó Bakugo, incrementando aún más la cadencia. Sus explosiones eran ahora tan seguidas que parecían un único trueno prolongado, y cada destello golpeaba los sentidos de Dark Shadow como martillazos de luz.

Tokoyami apretó los dientes.

—Si seguimos así... se romperá nuestra defensa. ¡Tengo que forzarlo a retroceder, aunque me cueste!

Pero...

Bakugo ya estaba sobre ellos, levantando una nube de polvo con otra detonación, listo para el siguiente golpe que podría cambiar el rumbo del combate.

Las gradas temblaban con cada estallido.

¡BOOOOM!

Un destello anaranjado iluminó el cielo por un instante, seguido de un rugido que hizo vibrar hasta los vasos de papel en manos de los espectadores. El público gritaba, algunos aplaudiendo, otros tapándose los oídos ante la cadena de explosiones que apenas dejaban espacio para respirar.

En una de las filas intermedias, Akemi se acomodó el cabello detrás de la oreja mientras a su lado Ochako observaba con los ojos brillantes la arena cubierta de humo.

—¡Kachan es verdaderamente fuerte! —exclamó, alzando la voz para hacerse oír sobre el estruendo—. ¡Ni siquiera sabía que podía hacer explosiones de sus pies!

Akemi ladeó la cabeza, con una media sonrisa.

—No está dando todo contra él.

Ochako parpadeó, girándose hacia ella.

—¿Eh? ¿Por qué? ¡Eso es algo muy feo de hacer! —su voz se perdió un momento cuando...

 ¡BOOOOM! 

Una explosión más fuerte retumbó desde la arena.

Negando con calma, Akemi esperó a que el ruido bajara apenas un poco antes de responder:

—Está guardando fuerzas... para su revancha con Hades.

El nombre de su compañero hizo que Ochako recordara algo.

—Ahora que lo dices... en el primer entrenamiento con All Might, Hades le ganó en el edificio.

Akemi asintió despacio.

—Sí, pero ahora... con todo el tiempo que ha pasado, creo que Bakugo le ganará.

Ochako no parecía tan segura. Sus cejas se fruncieron y su mirada regresó a la nube de polvo en la arena.

—No lo sé... pero... —se interrumpió un instante, tragando saliva— el siguiente combate es el tuyo.

—Así es —respondió, con una sonrisa confiada—, pero no te preocupes. Después de todo, me tocó una fácil.

Ochako infló las mejillas en una expresión entre seria y divertida.

—No deberías confiarte así. Podría pasar algo.

Akemi, mirando de reojo hacia la arena, sostuvo la sonrisa y murmuró:

—No importa... sé lo que pasará...

Pero antes de que sus palabras terminaran de llegar, un estallido brutal las devoró.

¡KABOOOOOM!

El suelo bajo sus pies vibró, y por un momento el público entero soltó un "¡oooh!" ante el impacto.

Ochako apenas pudo escuchar un fragmento de lo que Akemi dijo, y al ver que su compañera solo sonreía en silencio, decidió dejarlo pasar... mientras otra ráfaga de explosiones teñía de fuego el cielo de la arena.

El vapor tenue se elevaba de la taza de té amargo entre las manos de Hades. El calor del líquido no era suficiente para borrar la frialdad en su semblante, ni para apartar su mirada fija en la pantalla. Allí, el combate de Bakugo ardía con una violencia cruda, explosiones sucesivas que estremecían la transmisión con destellos blancos y anaranjados.

Hades entrecerró los ojos. Reconocía la agresividad de siempre en el estilo de su compañero de clase, pero había algo distinto. Los movimientos eran más erráticos, más imprevisibles, como si Bakugo hubiera aprendido a torcer su propio caos en armas aún más peligrosas.

Un leve suspiro interrumpió su concentración. Junto a él, Intelli dejó caer suavemente la taza sobre su platillo, emitiendo un chasquido metálico.

—Esta batalla está por terminar.

Hades giró el rostro, arqueando una ceja, intrigado por la seguridad en sus palabras. Pero no alcanzó a responder: un estallido ensordecedor lo obligó a volver de inmediato hacia la pantalla.

Allí, Bakugo había juntado ambas manos frente a sí. Una luz feroz emergió de sus palmas, expandiéndose en una explosión tan vasta que iluminó la arena como si hubiese estallado un sol en miniatura. El humo lo cubrió todo, pero no por mucho tiempo: de pronto, una detonación más concentrada, más letal que las anteriores, viajó en línea recta hacia Tokoyami.

El impacto levantó una nube negra y el eco retumbó en los parlantes. Tokoyami fue lanzado como una flecha fuera del cuadrilátero, estrellándose contra el césped con violencia. Apenas pudo apoyarse en sus rodillas temblorosas, mientras Dark Shadow se contraía sobre sí mismo, reducido a una silueta débil y encogida.

Hades abrió mucho los ojos. Aquello no lo había previsto. Se inclinó hacia la pantalla, observando cómo, en medio del humo disipado, Bakugo miraba sus propias palmas como si acabara de descubrir un secreto. Entonces, una sonrisa feroz se dibujó en su rostro y cerró los puños con fuerza.

—Tiene un nuevo truco —dijo de repente Intelli, con calma calculada, llevándose otra taza de té a los labios—. Por lo que vi, encontró la manera de concentrar una explosión.

Hades parpadeó, asimilando las palabras, hasta que, contra su voluntad, una ligera sonrisa curvó sus propios labios.

—Bueno... —continuó Intelli, dejando la taza a un lado y poniéndose de pie con elegancia—. Mi estrategia ya está lista gracias a tu información. Es hora de ponerla en práctica.

Su declaración lo arrancó de sus pensamientos. Levantó la mirada hacia ella justo cuando se dirigía hacia la puerta de los vestidores. La joven se detuvo un instante en el umbral, girando apenas el rostro. Sus ojos, brillantes bajo el reflejo de la pantalla, se suavizaron con una sonrisa tenue.

—Deséame suerte, Hades-kun.

Y sin esperar respuesta, salió con paso seguro, sosteniendo un asiento con pulso inestable, sin volver la vista atrás, dejando a Hades a solas con la imagen congelada de Bakugo triunfante en la pantalla y el eco de la última explosión resonando aún en sus oídos.

Hades permaneció en silencio unos segundos después de que Intelli abandonara la sala. Sus ojos siguieron clavados en la puerta cerrada, como si en cualquier momento pudiera volver a abrirse. Solo el murmullo lejano de la multitud en la arena rompía el silencio. Finalmente, suspiró hondo y se giró, descubriendo la taza que ella había dejado sobre la mesa. El té, cuidadosamente preparado, permanecía a medio beber.

Apretó los labios, se inclinó un poco y, en un susurro casi inaudible, dejó escapar las palabras:

—Buena suerte... Intelli.

La imagen se desvaneció con el murmullo del público subiendo de intensidad.

CONTINUARÁ.

N/A:

Hola chicos, lo siento mucho! 

Eh tardado mucho en publicar esto... en mi defensa, la uni me dio como rata en balde... sin piedad.

Y bueno, ahora que las cosas se calmaron, eh vuelto con un capitulo aunque corto, esta lleno de acción! (eso espero...) 

Y no se preocupen, la publicacion volvera a su normalidad ahora, un cap cada 10 dias!

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