El sonido de la regadera llenando la tina de marmol resonaba con un eco casi hipnótico, un contraste surrealista con el infierno que habían dejado atrás. La ropa, manchada de sangre y suciedad, colgaba en un perchero cercano como espectadores silenciosos.
Cabe recordar que el hotel, al ser un cinco estrellas, no se andaba con rodeos, sus baños eran completamente de lujo, con tinas tan enormes que parecían pequeñas piscinas, capaces de albergar a más de dos personas sin problemas.
En ese momento, sin embargo, solo dos cuerpos se movían bajo el agua fresca. Takeshi y Saeko estaban atrapados en una pelea apasionada, una batalla de labios y lenguas.
Las manos de Takeshi, exploradoras y audaces, se deslizaban por el bello esbelto cuerpo de Saeko como si quisieran memorizar cada curva, cada músculo tensado por el combate y ahora por el deseo.
Las gotas de la regadera, que caían en un chorro constante, bañaban sus cuerpos, limpiando no solo la suciedad del combate anterior, sino también las barreras que los separaban.
Cada gota que resbalaba por la piel pálida de Saeko parecía resaltar su belleza, haciendo que brillara bajo la luz tenue del baño.
Las manos de Saeko, a su vez, se enredaban en el cabello mojado de Takeshi, aferrándose a su nuca como si fuera su única ancla en un mar de sensaciones nuevas y abrumadoras.
Saeko se sumergiría a cada segundo por completo en aquel extraño sentimiento, una mezcla de vulnerabilidad y lugares que nunca antes había experimentado.
Las manos de Takeshi no se detuvieron bajaron por el canal de su espalda, masajearon aquel abdomen plano y definido que tanto le encantaba, y finalmente subieron, con una deliberación que hizo jadear a Saeko, hasta sus pechos desnudos.
Aunque no tenían la abundancia de los de Shizuka, eran perfectos. Firmes, con una forma exquisita y pezones que ya se erguían, ansiosos por su toque.
Takeshi los apretó con suavidad pero con firmeza, deformándolos ligeramente en su palma, provocando un gemido ahogado de Saeko que se perdió en el sonido del agua.
—Mmmghh, s-sensei, yo…– murmuró Saeko, entreabriendo los labios apenas un instante, un segundo demasiado largo.
Takeshi aprovechó la oportunidad para capturar su lengua, iniciando un beso francés que robó el aliento a ambos.
Saeko era bastante novata en cuanto estos temas la teoría, por más que hubiera escuchado a sus amigas o leído en algún lugar, no se comparaba con la práctica.
Pero Takeshi, con la experiencia ganada en encuentros anteriores y con el conocimiento teórico de miles de doujinshis en su haber, se convirtió en su guía.
~Schruppp… ¡Chupa !
Poco a poco, aquel beso se volvió más lascivo, más húmedo. El sonido de sus labios y lenguas encontrándose se volvió más pervertido, más explícito.
Saeko estaba embriagada debido a este beso tan feroz. El mundo parecía darle vueltas, cada toque de sus dedos en su piel le ocasionaba un sentimiento indescriptible, una corriente de placer que recorría su cuerpo desde la punta de los pies hasta la raíz de su cabello.
Las manos de Saeko, imitando a las de él, recorrieron el torso de Takeshi, sintiendo la firmeza de sus músculos, la textura de su piel y la dureza de estos.
Esta sensación le encantó su hombre ideal siempre había sido alguien seguro de sí mismo, fuerte, más fuerte que ella, y extremadamente masculino. Takeshi era todo eso y más.
El calor en el cuerpo de Saeko crecía incesantemente, un fuego que el agua fría no podía apagar.
Aquella batalla contra las hordas ya le había ocasionado una excitación previa, una expectación que ahora se desataba con cada caricia.
Takeshi masajeó uno de los pechos de Saeko con su palma, deformándolo suavemente, mientras su otra mano descendió para apoderarse del trasero de Saeko.
Era extremadamente firme debido al constante entrenamiento de Saeko, pero suave al tacto, la carne perfectamente tonificada por sus horas de kendo.
Esto provocó que su propia excitación creciera hasta un punto casi doloroso su polla palpitaba contra el abdomen de Saeko, no dejando de supurar un líquido transparente que se diluía instantáneamente en el agua.
Takeshi mentiría si no admitiría que, en ese instante, su instinto le gritaba que tomara a Saeko, la haría apoyar las manos contra la pared fría del mármol, abriría ese lindo trasero e insertara su gorda polla en su interior sin previo aviso.
Pero se contuvo. Sabía que no era el momento, no de esa manera. Quería que ella disfrutara tanto o más que él. El beso continuó, cada vez más profundo, hasta que ambos se separaron de golpe, necesitados de aire, con los labios rojos e hinchados.
—E-eso fue… increíble, s-sensei— dijo Saeko con el pecho agitado, recargando la frente en el pecho de Takeshi, sintiendo el latido acelerado de su corazón. Takeshi abrazó la esbelta cintura de Saeko, continuando el amasamiento lento y deliberado de sus nalgas.
En ese momento, los ojos de Saeko notaron y sintieron la firme erección de Takeshi. Era demasiado obvia, un pilar caliente y duro que no dejaba de pincharle el abdomen, como si quisiera llamar su atención de la manera más directa posible. Los ojos de Saeko se iluminaron con una mezcla de curiosidad y deseo, y levantó la mirada hacia Takeshi.
—Sensei, necesitas ayuda con eso… ya sabes como antes— dijo, y al recordar la escena anterior, su propio rostro se sonrojó intensamente, un contraste adorable con la pasión que momentos antes la consumía.
Takeshi al escuchar esbozo una sonrisa genuina y algo traviesa — Hmmmm, por ahora no, Saeko. ¿Qué tal si me deja a mí? Es mi turno de hacerte sentir bien—
Aunque una parte de él quería desesperadamente repetir aquella escena, la otra, más reflexiva, sabía que era su turno de esforzarse para que Saeko se sintiera bien.
—¿Eh?– murmuró Saeko, confundida, sin entender del todo a qué se refería Takeshi. Al ver su expresión, él esbozó una sonrisa aún más amplia y le besó la frente, un gesto tierno que contrastaba con la intensidad del momento.
—Tú déjamelo a mí. Aún tenemos algo de tiempo. Acabemos cuanto antes y volvamos con las chicas, aún nos esperan.
—Ah, b-bueno– respondió Saeko, sin saber muy bien qué decir ni qué esperar, pero confiando completamente en Takeshi.
....
~Chapoteo..... mghhhhhhhh... ¡s-sensei!
Saeko soltó un jadeo ahogado, su mano esbelta se elevó como un relámpago y con su delicada palma se apretó contra los labios, sofocando los sonidos vergonzosos que escapaban de su garganta.
Sus mejillas ardían en un carmesí profundo, primero por la vergüenza que la recorría como una fiebre, y segundo por el calor del momento que la envolvía por completo.
Su pecho subía y bajaba frenétamente, un ritmo descontrolado mientras espasmos eléctricos recorrían cada centímetro de su cuerpo desde los pies hasta la coronilla.
Con su otra mano, Saeko intentaba empujar la cabeza de Takeshi fuera de su entrepierna, pero él estaba firmemente aferrado a ella, como si fuera un ancla en medio de una tormenta.
—E-esto... eso esta sucio.... s-sensei— jadeó Saeko al sentir cómo la lengua de Takeshi exploraba con frenesí su coño.
—Chupa...slurrpppp..... No hay nada de sucio en ti, Saeko— Takeshi respondió deteniendo sus movimientos un instante para observar la reacción de Saeko.
Al ver que esta soltaba leves jadeos ocasionales y su pecho subía y bajaba rítmicamente, Takeshi comprendió que estaba disfrutando del momento, así que continuó con renovado fervor.
Takeshi deslizó su lengua por el coño rosado y chorreante de Saeko, que parecía invitarlo a seguir más allá, segregando jugos de amor con cada movimiento.
Los muslos de Saeko se cerraron involuntariamente, pero Takeshi con sus palmas ejerció una fuerza moderada y continuó con su minucioso trabajo.
Pronto el pequeño clítoris tímido asomó de su capuchón. Takeshi fue audaz y con cautela introdujo uno de sus dedos, provocando un gemido prolongado de Saeko.
Sintió cómo las paredes internas de Saeko se aferraban a su índice intentando expulsar al intruso, pero él removió su dedo buscando el punto adecuado.
Cuando sintió el estremecimiento de Saeko, los ojos de Takeshi se iluminaron. Curvó un poco su dedo y la reacción fue inmediata.
—Oghmmmm, sensei, sensei ughhh m-me siento rara ahí, siento que algo mmmmgh viene— Saeko estaba completamente agitada, su cuerpo tembló visiblemente mientras intentaba aferrarse con fuerza al borde de la tina de baño.
—Está bien, Saeko, simplemente déjalo salir..... — Takeshi la instó con una leve sonrisa mientras continuaba con sus movimientos. Esta vez fue más audaz, continuó con el movimiento de su índice mientras con su boca atacaba simultáneamente el coño chorreante de Saeko.
Saeko sintió una descarga eléctrica que subió desde sus talones hasta su cabeza, como si mil agujas recorrieran su sistema nervioso.
En ese momento su cerebro explotó en un torbellino de sensaciones y sus ojos parecieron destellar con cientos de fuegos artificiales. Ya llevaban un tiempo así y aunque al principio fue vergonzoso, con el tiempo se volvió cada vez más placentero.
Pero ahora sentí que algo realmente venía, y en este punto estaba aterrada. Después de todo sería vergonzoso si empapara a Takeshi, es por eso que intentó frenéticamente detenerlo, pero pronto escuchó las palabras tranquilizadoras de Takeshi.
—Está bien, Saeko, no es vergonzoso, no tengas miedo ¿de acuerdo? Simplemente déjalo salir— Takeshi siempre estuvo atento a las reacciones de Saeko, y al percibir su perturbación no dudó en consolarla.
Esas palabras fueron el consuelo que Saeko necesitaba. Inmediatamente dejó de lado todas esas emociones y simplemente se concentró en las sensaciones del momento.
—¡Ughhhh yo ya...!
Una ola indescriptible recorrió su cuerpo, liberando una explosión de placer que la dejó sin aliento.
Los gemidos que antes intentaba contener ahora escapaban libremente mientras su espalda se arqueaba y sus dedos se aferraban con fuerza al cabello de Takeshi. Por un instante, el tiempo se detuvo y solo existían ella y Takeshi en este momento.
.....
—Mooooh... ¡¿Dónde demonios se habrán metido esos dos?! —Saya Takagi hizo un marcado puchero mientras caminaba a paso lento por los opulentos pasillos del tercer piso.
Hacía un puchero enorme y pisaba con fuerza, demostrando lo fastidiada que estaba. Saya llevaba más de quince minutos buscando a Takeshi y a Saeko.
Al principio, todo el grupo había quedado en ir a la piscina de lujo del hotel para refrescarse y descansar de este maldito calor, pero ellos dos decidieron que primero debían limpiar el edificio completo de zombis.
Mientras avanzaba, Saya miraba los restos de las peleas en las paredes y el suelo. No pudo evitar sorprenderse.
Las manchas de sangre y las marcas de los golpes demostraban lo fuertes que eran esos dos. Para ella, Takeshi y Saeko ya ni siquiera parecían humanos normales, eran más bien unos monstruos.
Saya soltó un suspiro lleno de frustración. En realidad, se sentía muy inferior. En este nuevo mundo donde los zombis mandaban, ella sentía que era la más inútil de todo el grupo.
Deseaba con todas sus fuerzas tener aunque sea un poco de la fuerza bruta de Takeshi o la habilidad con la espada de Saeko. El sonido de sus chanclas golpeando el suelo parecía burlarse de ella, haciendo que su estado de ánimo cayera por los suelos.
Justo cuando estaba perdida en sus quejas internas, un ruido extraño la hizo saltar del susto: era un gemido ahogado que venía de una de las habitaciones.
El cuerpo de Saya se puso completamente rígido. Su corazón comenzó a latir a mil por hora y el miedo la invadió por completo.
«¿Qué fue eso?... ¿Será que no mataron a todos los zombis de este piso?», pensó Saya, entrando en pánico.
Tenía motivos para asustarse. Había ido a buscar a los chicos completamente sola, sin Rei o Meiko para que la acompañaran, una persona como ella carente de habilidades de pelea sin se topaba con algún zombie sería destrozada sin piedad.
Anteriormente cómo se sentía tan inútil, su orgullo no le permitió pedirle ayuda a nadie, pues pensó que se vería aún más débil de lo que era. Pero ahora se daba cuenta de que ir sola había sido un error tremendo.
Con el corazón palpitando a cien por hora y el instinto de supervivencia ordenándole dar la vuelta para huir a un lugar seguro, Saya se dispuso a retroceder.
Sin embargo, antes de que pudiera dar el primer paso hacia atrás, el extraño sonido volvió a filtrarse desde una de las habitaciones.
Esta vez, Saya frunció el ceño con fuerza. Su mente privilegiada comenzó a procesar el estímulo auditivo y notó que algo andaba profundamente mal con la naturaleza de ese ruido.
—Esos ruidos... ¿Por qué no suenan como los gruñidos grotescos de los zombies? Son... extraños —murmuró Saya para sí misma, completamente atónita.
