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Chapter 1 - El Prólogo: Donde nace la sangre

Antes de Naruto Uzumaki.

Antes de Konoha.

Antes incluso de que el mundo shinobi pusiera nombre a los dōjutsu.

Hubo una verdad que solo el clan Uzumaki se atrevió a descubrir.

Los Uzumaki no estudiaban los ojos.

Estudiaban lo que corría debajo de ellos.

Mientras otros clanes observaban el chakra como energía, los Uzumaki lo entendieron como algo más primitivo: una corriente que viajaba unida a la sangre, cargando recuerdos, voluntad y órdenes. 

No era teoría. 

Era práctica. 

Era fūinjutsu llevado al límite.

El descubrimiento nació de la necesidad.

En guerras antiguas, los Uzumaki notaron que ciertos sellos reaccionaban mejor cuando se activaban con sangre fresca. 

No por potencia, sino por afinidad. 

La sangre reconocía a la sangre.

Así nació el primer ritual.

No creó un dōjutsu.

Creó un mandato.

El Ketsuryūgan original no se manifestaba en los ojos, sino en la capacidad de imponer la voluntad a través del vínculo sanguíneo. 

La mirada solo era el catalizador final: un espejo donde el sello interno se reflejaba.

Pero el precio fue inmediato.

Cuanto más fuerte el control, más se perdía la frontera entre uno mismo y el otro.

Los Uzumaki comprendieron que aquel poder no debía extenderse.

Debía encerrarse.

Para proteger el secreto, el clan fragmentó el conocimiento.

Una rama fue exiliada deliberadamente, llevándose consigo rituales incompletos. 

Con el tiempo, su poder degeneraría en lo que el mundo conocería como el Ketsuryūgan del clan Chinoike: ocular, inestable, limitado.

Un error útil.

Un nombre para distraer al mundo.

El verdadero legado fue sellado en la sangre principal del clan Uzumaki, codificado para no despertar por accidente.

Solo un nacimiento específico podría soportarlo.

Los pergaminos prohibidos no hablaban de héroes.

Hablaban de resistencia.

El portador del Ketsuryūgan del Remolino debía nacer bajo tres condiciones:

Un linaje Uzumaki puro.

Una carga de chakra capaz de ocultar el sello.

Una vida marcada por la pérdida desde el primer aliento.

No para volverlo fuerte.

Para volverlo estable.

La noche del sellado

El parto de Kushina Uzumaki comenzó bajo sellos de emergencia.

No solo por el Kyūbi.

Sino por lo que su sangre llevaba oculto.

Minato Namikaze lo supo demasiado tarde.

Cuando el Kyūbi fue liberado, los sellos Uzumaki reaccionaron por instinto. No atacaron a la bestia.

La cubrieron.

El chakra del Kyūbi se convirtió en una cortina perfecta, ocultando el mandato sellado que descendía por la sangre del recién nacido.

Dos poderes nacieron la misma noche.

Uno fue visto por todo el mundo.

El otro, no.

Cuando Naruto Uzumaki lloró por primera vez, no hubo ojos rojos.

No hubo símbolos visibles.

Solo un sello que se cerró sobre sí mismo, profundo, silencioso.

La sangre del niño aceptó el mandato.

No despertó.

Aprendió a esperar.

Mientras el Cuarto Hokage daba su vida y Kushina sonreía por última vez, el legado más peligroso del clan Uzumaki se ocultó bajo capas de chakra, destino y sacrificio.

El mundo creyó saber qué había nacido esa noche.

Se equivocaba.

Porque junto a Naruto Uzumaki no nació un monstruo.

Nació una herencia

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