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El don de un artista marcial

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Synopsis
Nuestro protagonista tendrá que sobrevivir al caótico mundo de BNHA. Pero no todo es color de rosa como en la serie; este mundo es oscuro, mucho más de lo que se mostró sobre este universo gobernado por los dones. Nuestro protagonista atravesará este mundo usando solo sus puños. (Solo una prueba antes de reescribirlo)
Table of contents
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12026-01-15 13:26
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Chapter 1 - 1

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes, escenarios y el universo de Boku no Hero Academia son propiedad exclusiva de Kōhei Horikoshi. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud o referencia a la obra original es intencional y se utiliza para desarrollar una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor ni con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

Esta obra es una obra de ficción basada en el universo de My Hero Academia (Boku no Hero Academia), creada por Kohei Horikoshi. No pretendo lucrar ni reclamar derechos sobre los personajes o la historia original. Todo el material original pertenece a sus respectivos creadores y licenciantes.

Los personajes, situaciones y eventos han sido adaptados y modificados para propósitos de esta historia. Algunas escenas pueden contener temas sensibles como violencia, discriminación, problemas de salud mental, y situaciones difíciles que no reflejan necesariamente mi opinión personal.

Se recomienda discreción al lector y se sugiere que las personas sensibles o menores de edad tomen precaución.

Gracias por leer.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

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Desperté de golpe, el pecho subiendo y bajando con rapidez, como si hubiera estado corriendo en medio de una tormenta. La oscuridad de la habitación me envolvía como una manta pesada, mientras los restos del sueño o más bien, pesadilla se aferraban con uñas afiladas a mi conciencia. Tardé unos segundos en recordar dónde estaba, o mejor dicho, en aceptar que lo que viví no había sido una simple fantasía nocturna. El sudor frío que cubría mi cuerpo era prueba suficiente de que algo había cambiado. Algo profundo. Algo real.

Miré mis manos con torpeza, aún tembloroso. Eran pequeñas, suaves, sin una sola marca. Las gruesas durezas que se habían formado tras años trabajando en mi pequeño huerto habían desaparecido sin dejar rastro. Lo mismo con las quemaduras y cortes que me hacía manipulando materiales para mis manualidades, sobre todo goma eva. Todo eso se había ido, borrado como si alguien hubiera pasado una esponja mágica sobre mi piel. Lo que quedaba eran unas manos infantiles, frágiles, demasiado limpias para pertenecerme.

Pero al observar mis antebrazos, la ilusión de pureza se rompió. Allí, la piel estaba manchada por moretones aún en proceso de curación, junto con pequeñas ronchas rojizas que ardían y picaban de forma persistente. Sabía bien lo que las había causado: exposición leve y constante a una secreción química. En este nuevo cuerpo, o mejor dicho, en esta nueva vida, el quirk de quien me rodeaba dejaba su rastro en mí como una firma involuntaria y corrosiva.

Gruñí en voz baja, rascando con cuidado una de las zonas irritadas, aunque sabía que solo empeoraría.

—Esa pequeña mierda psicópata aún no sabe controlar su quirk... —. 

Mascullé con los dientes apretados. 

—No logra detonar por completo las secreciones, así que parte de ese maldito peróxido me salpica cuando lo usa conmigo—.

Bakugo, por supuesto que tenía que ser él. El mismo mocoso abusador del canon, igual de violento, igual de desequilibrado. Ni siquiera en un mundo nuevo podía librarme de esa clase de imbéciles. Era irónico, me dieron un cuerpo nuevo, una vida nueva, pero seguía sufriendo por culpa de otro. El maldito ROB quien que me arrojó a este mundo como si fuera una broma de mal gusto, tenía un sentido del humor cruel.

Pero lo peor no era él. Lo peor era en quién me había convertido. Como un entretenimiento para algún ROB aburrido, fui lanzado al cuerpo de un joven Izuku Midoriya. Un niño frágil, sin habilidades defensivas, en un mundo absurdo donde tener poderes era lo normal. Y lo más jodido era que muchos de esos "quirks" no eran dones, sino maldiciones. Aún recuerdo la imagen que me estremeció, un hombre en silla de ruedas, con las piernas convertidas en un par de flores marchitas. Sus pétalos caían lentamente al suelo.

No todos tenían suerte con sus habilidades. Algunos quirks no eran más que deformidades con efectos secundarios, discapacidades socialmente maquilladas como "dones". Muchos vivían peor que en mi mundo anterior, prisioneros de cuerpos inestables. Y luego estaban los quirks inútiles. Tristes burlas de la evolución.

Pero no podía distraerme con eso, tenía una misión. Dos órdenes claras, ingresar a U.A., completar los tres años del curso, y sobrevivir. Una vez terminado el ciclo escolar, debía acumular riqueza, conocimiento y todo lo útil que pudiera, esconderlo bajo tierra en un refugio seguro... y morir, así era el trato. Moriría, y volvería a mi mundo original con todo lo que hubiera reunido. El poder, la tecnología. y el conocimiento.

Todo lo que fuera compatible con las leyes de mi mundo se integraría a mi existencia como si siempre hubiera sido mío. Cualquier cosa que mi realidad pudiera aceptar como "natural" al volver, sería mía. Tenía seis años antes del canon. Seis años para prepararme. Seis años para construir mi ventaja.

Solo contaba con una trampa, una carta ganadora. No era superfuerza, ni visión láser, ni vuelo. Era algo más discreto, pero infinitamente más versátil, las artes marciales. Un talento absoluto, un dedo de oro que me permitía aprender y dominar cualquier estilo de combate que hubiera conocido en mi vida pasada, ya fuera real o ficticio. No necesitaba manuales ni instructores; si alguna vez lo vi en acción o supe cómo funcionaba, podía idear un método de entrenamiento desde cero y desarrollarlo por mi cuenta.

Por supuesto, no era instantáneo, no era magia. El dominio seguía requiriendo esfuerzo, dedicación, sudor. Pero lo que a otros les tomaría décadas, yo podría alcanzarlo en unos pocos años... a veces incluso en meses. Aun así, había una limitación clave, el cuerpo. No podía lanzarme de cabeza a estilos avanzados como el "Renovación Taekwondo" de Mori Jin y esperar convertirme en un dios del combate. No con este cuerpo infantil, débil, frágil.

Tenía que construir la base desde cero. Estilos sencillos, reales. Boxeo, judo, karate. Cosas básicas que me ayudaran a desarrollar fuerza, coordinación, equilibrio y resistencia. Poco a poco, a medida que mi cuerpo se adaptara, podría dar el siguiente paso: empezar a emular técnicas más complejas, híbridas, incluso aquellas nacidas en la ficción. Pero no antes. No podía saltarme el proceso. El talento me daba ventaja, pero no me regalaba atajos.

Esa era mi trampa. El as bajo la manga que el ROB, me dio para hacer interesante las cosas. Tal vez porque no parecía demasiado peligroso. Tal vez porque, en su lógica retorcida, esto aún era "justo". Pero ahora, atrapado en el cuerpo de un niño de ocho años, con una historia rota y una vida que no era mía... me quedaba una sola certeza. No pensaba desaprovechar esta oportunidad.

Me levanté mirando por la ventana, donde el sol comenzaba a alzarse lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosas. Mientras el amanecer avanzaba, mis pensamientos se arremolinaban en una pequeña crisis existencial.

—¿De verdad estoy atrapado aquí?—. Me preguntaba en silencio. El peso de ser isekai, de haber despertado en este cuerpo, en este mundo me oprimía el pecho.

Me estiré, intentando despejar la mente, y me puse de pie tambaleante. La diferencia de altura con mi antiguo cuerpo me desorientó por un instante, pero pronto la memoria muscular se acentuó, recordándome cómo moverme en esta nueva forma. Tomé un cambio de ropa y caminé hacia el baño para limpiarme el sudor seco que dejaba la pesadilla reciente.

Después de la ducha, me acerqué al comedor. Allí, sobre la mesa, una nota llamó mi atención. Fruncí el ceño; la memoria seguía un poco difusa, pero algo estaba claro, estaba en un universo alternativo de BNHA. No era el canon que conocía, ni yo era el Izuku original. Lo sabía por Inko. Ella estaba allí, sí, pero distinta. Más delgada, más fría, y claramente despreocupada, muy lejos de la cálida madre que recordaba de la serie.

—¿Qué demonios pasó aquí?—. Pensé mientras recordaba vagamente que Hisashi se había ido hace un año y medio.

/ Inko parecía cargar con resentimiento, tal vez culpaba a mi falta de don por la partida de Hisashi y el divorcio. Aunque nunca lo dijo en voz alta, sus acciones hablaban por sí solas/.

—Hay comida en el congelador. Usa el microondas —. Leí en la nota con voz baja, mientras fruncía el ceño.

Era una situación común ahora. Inko se había volcado al trabajo, casi sin interactuar conmigo. La idea me estremeció.

¿Cómo podía estar bien el niño dentro de este cuerpo? Madre ausente, padre desaparecido, acosado y discriminado en la escuela. Sueños rotos por no tener un don. No era de extrañar que en el canon arrastrara una depresión evidente y un complejo de inferioridad abismal. La única diferencia era que, en aquel universo, Inko era una madre amable, aunque incapaz de apoyar sus sueños, pero sí cariñosa.

Serví la comida y me senté a desayunar. Era fin de semana, y en primaria no tenía que asistir los sábados, así que pasaría todo el día solo hasta que Inko volviera, tarde en la noche, para irse directo a dormir. Practicamente vivía solo.

—Esto se va a poner complicado —. Murmuré para mí mismo. 

—Sin acceso a recursos, la alimentación necesaria para entrenar será un obstáculo enorme—.

También debía pensar en cómo lidiar con la pequeña mierda de Bakugo y el resto de la clase, con su obvia discriminación. Son niños, pero hay una frase muy cierta. los niños siempre son los más crueles. Ningún maestro tomará en serio a los niños peleando. Y no puedo defenderme de la pequeña mierda explosiva. Su quirk es peligroso, incluso a esta edad. No puedo arriesgarme a que haga un berrinche y descontrole ese don, yo podría salir herido de verdad. 

Recordé algo más diferente al canon, tenía abuelos, gente anodina. No me odiaban por ser quirkless, pero tampoco mostraban ningún cariño especial. Vivían en el campo. Eso podría ser una ventaja.

En este mundo, la educación a distancia era común, incluso para niños de mi edad, debido a quirks que impedían la educación presencial. Había programas para eso. Mientras pagases y aprobaras los exámenes, no hacían preguntas. No les importaba y como tengo una educación avanzada, podría aprovecharlo.

—Pero... ¿cuánto habrá cambiado el conocimiento con los cien años oscuros de caos luego del surgimiento de los dones y luego los cincuenta años de avance cunado la sociedad se establizo? —. Me pregunté preocupado.

Con eso en mente, me senté frente a la computadora. La interfaz era simple, algo anticuada, pero funcional. Navegué por la red buscando información histórica, intentando ubicarme en esta versión distorsionada de la realidad. Este mundo transcurría aproximadamente 150 años en el futuro del mío. Aunque había avances tecnológicos y quirks espectaculares, el progreso no había sido lineal... ni pacífico.

Durante los llamados "Cien Años de Caos", gran parte del planeta descendió a un infierno sin ley. Europa, al principio, colapsó por la presión migratoria, los conflictos nacionalistas y los despertares masivos de quirks inestables. Las fronteras desaparecieron en medio de guerras civiles, enfermedades mutadas por quirks biológicos y estados que simplemente dejaron de existir. Medio Oriente... fue peor. Un matadero eterno, sin tregua. Guerras religiosas, étnicas y por recursos se entrelazaron con nuevos quirks que hacían imposible cualquier intento de paz.

Y luego estaba Asia. Corea del Norte fue el catalizador, lanzando cabezas nucleares experimentales potenciadas por quirks energéticos. China y Rusia reaccionaron con violencia pura. El mundo estuvo a minutos del apocalipsis total. Aunque no se destruyeron mutuamente, el daño fue profundo. Solo después de décadas se estabilizaron.

Estados Unidos no explotó, se pudrió desde dentro. La política, la discriminación quirk, el miedo, las milicias civiles y la corrupción provocaron un colapso completo. El país se fragmentó, y la vieja constitución fue arrastrada por el lodo. América Latina no fue más afortunada. Carteles, sectas y familias criminales tomaron control de vastas regiones. Argentina se dividió en tres, Brasil cayó en una guerra civil de diez años, y México fue gobernado por un consorcio de mutantes durante dos generaciones.

/ África... África nunca se recuperó /.

Las potencias extranjeras abandonaron la región cuando los primeros señores de la guerra con quirks realmente destructivos surgieron. Uno de ellos, Bloodlust, era casi una leyenda urbana. Su poder era tan aterrador como simple, más conflicto en su territorio, más fuerte se volvía. Su piel se hacía impenetrable, su cuerpo regeneraba en minutos, y su aura sembraba rabia en los corazones cercanos. Era un mini Khorne, una encarnación de la guerra perpetua.

Masajeé mis sienes mientras leía.

—Este mundo está condenado al colapso —. Murmuré en voz baja.

Había cosas allá afuera peores que All For One. Ese bastardo era una amenaza, claro, pero... al menos era una que operaba bajo reglas. Estas otras criaturas, personas y entidades... no. China ahora estaba bajo control de una nueva familia imperial. Sus genes producían una línea de quirks de dragón tan poderosos que eran vistos como semidioses. Apocalípticos, así los definía la comunidad internacional. Uno de sus miembros podía cambiar el clima de una ciudad solo por respirar profundamente.

En Estados Unidos, de cuando en cuando, surgía un "ancla de la realidad", como los llamaban. Quirks deformadores de las leyes naturales, manipulación de la lógica, alteración de la gravedad o incluso control narrativo. Una de ellas, Cathleen Bate también conocida como Star and Strip era la de esta generación y una de las más poderosas. Su quirk le permitía establecer reglas con su voz. Una deformadora de realidad de nivel medio-alto, y aún así en el canon moriría ante Shigaraki-All For One... eso decía mucho.

Europa logró estabilizarse al unificarse como una federación. Tenían ejércitos coordinados y un consejo continental encargado de controlar amenazas quirk. Una organización similar a la ONU, pero con más dientes. Mucho más.

Y Rusia, por supuesto, optó por el modelo clásico, fuerza bruta. Reclutamiento obligatorio de quirks útiles desde los quince años. Una sociedad militarizada, peligrosa y perfectamente diseñada para producir monstruos bajo el estandarte de la "defensa nacional".

/ No hay escapatoria en este mundo. Donde no gobierna un dictador, reina un monstruo con superpoderes. Y yo... estoy atrapado en el cuerpo de un niño marginado sin don, en uno de los pocos lugares que todavía finge ser civilizado/.

Cada artículo, foro y subforo que leía me empujaba más a una conclusión inevitable, All For One no era simplemente un villano. Era una enfermedad, una plaga que se había arrastrado durante más de un siglo, oculto bajo nombres falsos, máscaras y carne robada. Su longevidad artificial le permitió tejer redes de influencia y control como un parásito... y lo peor era que nadie sabía realmente cuán profundo llegaban sus raíces.

Los dones de longevidad eran raros. Extremadamente raros. Tan codiciados que, según un documento filtrado desde el bloque oriental, la familia real china, la de los dragones apocalípticos tenía una ley no oficial, si surgía un niño con un don de longevidad, sería automáticamente casado dentro del linaje imperial. Una forma de capturar esa rareza y entrelazarla con su genética dracónica.

Pero All For One no se conformó con uno. Según algunas teorías bien fundamentadas, había robado varios. Lo suficiente como para que ahora circulara el rumor de que estaba cazando sistemáticamente a cualquier persona que desarrollara un don de longevidad. El objetivo era claro, ser el único inmortal. Ser el único con tiempo ilimitado para perfeccionar sus planes, su poder... y su control.

Y no era solo paranoia. En ciertos rincones oscuros de la red subforos enterrados, blogs anónimos con filtraciones que decían venir de entes gubernamentales, lo llamaban el hombre del saco. El ladrón de dones, el que acapara. Historias de un extranjero sin rostro que aparecía justo antes de que los líderes más poderosos... desaparecieran. Nadie lo podía confirmar, pero las coincidencias eran inquietantes.

Lugares donde la ley era flexible, donde las cámaras fallaban y los testimonios se evaporaban. En más de una nación africana su presencia era una leyenda urbana. Pero no parecía un simple cuento de terror: demasiados patrones se repetían.

Gracias a lo que sé del canon, era más fácil identificar su huella. Ciertas alianzas demasiado convenientes, accidentes quirk sin sentido, gobiernos enteros que de la noche a la mañana adoptaban políticas sospechosamente alineadas con el sistema japonés... Ahí estaba su influencia. Invisible, pero presente. Como si hubiera estado construyendo un tablero de ajedrez planetario desde las sombras.

Pero aún así, todo eran rumores, fragmentos inconexos, teorías sin pruebas reales y sin embargo... Incluso moribundo, con el cráneo reventado y el cuerpo sostenido por maquinaria médica casi mágica, All For One logró arrasar varias cuadras enteras durante su pelea final contra All Might.

Solo pensar en lo que podría hacer en su mejor momento, con toda su cordura intacta...

/ ¿Qué tan aterrador era cuando tenía todo su poder y una mente afilada? ¿Qué tan invencible sería si, además de eso, estuviera cuerdo? /

Pero ahí estaba la clave, no lo estaba. All For One no era un villano clásico. No era un emperador tiránico ni un terrorista pragmático. Era un psicópata disfrazado de señor oscuro. Un narcisista enfermo que creía que el mundo entero cada don, cada cuerpo, cada persona le pertenecía por derecho natural. Su mente no estaba simplemente fracturada; estaba retorcida en una amalgama de megalomanía, paranoia, resentimiento y un hambre insaciable de control absoluto.

Y eso lo hacía aún más peligroso.

/ Un monstruo cuerdo puedes predecirlo. Puedes anticiparlo, planear contra él. Pero uno loco... /. Solo podías intentar sobrevivir.

Me masajeé los ojos, agotado. El día entero se había desvanecido frente a la pantalla de la vieja computadora. Había leído informes, foros enterrados, archivos filtrados, discusiones en subforos de gobiernos extranjeros, teorías conspirativas que, en este mundo, tenían más credibilidad de lo que me gustaría admitir. Inko aún no regresaba. Era tarde en la noche y yo estaba solo, física y mentalmente drenado.

Había visto suficiente. Este mundo... era un desastre colosal. Y aún me faltaba buscar lo más importante o lo más aterrador. No me atrevía a escribir "Quirkless" en la barra del buscador. Solo pensar en investigar esa palabra me causaba un nudo en la garganta. Había visto suficiente ficción, leído suficientes fanfics oscuros, como para saber lo que solía pasar en mundos como este con los que nacían sin don. La imaginación colectiva era muy clara... y muy cruel.

Había historias donde los quirkless eran cazados como animales. Donde eran marcados al nacer, rechazados en hospitales, dejados morir en las calles mientras las cámaras giraban hacia otro lado. Había mundos donde no podían trabajar legalmente, donde ni siquiera podían comprar comida sin un permiso estatal. Donde ser quirkless era sinónimo de escoria, de falla genética, de error que debía ser corregido o eliminado.

En otros, todo era más disfrazado, más limpio. Pero no menos brutal. Escuelas que los segregaban "por su seguridad". Gobiernos que ofrecían "refugios" donde los reunían... y no salían. Tiendas que les negaban la venta de productos básicos. Cirugías obligatorias. Esterilización forzada. "Protocolos de contención" para evitar que se reprodujeran. Y cuando desaparecían, nadie preguntaba. Porque nadie los veía como personas.

Tragué saliva. Mi corazón golpeaba con fuerza, pero no por la cafeína o el cansancio. Era miedo. Miedo puro y real.

—Dios, por favor... que este mundo no sea así —. Susurré, apenas audible.

Tal vez era por eso que aún no lo había buscado directamente. Tal vez por eso había pasado todo el día revisando la historia mundial, el estado de los conflictos, la política global, el crecimiento de las potencias... pero no había tocado el tema más urgente. Porque si todas esas cosas horribles eran reales aquí...

/ Entonces estoy completamente jodido/.

Y aún así, en el fondo, sabía que tarde o temprano iba a tener que mirar. A enfrentar la verdad, por más monstruosa que fuera. Porque si lo que me temía era cierto... entonces quedarme quieto no era una opción.

Decidí comer algo primero. Desde el desayuno no había probado bocado, tan enfrascado estaba en recolectar información que ni el hambre se había hecho notar. Recientemente recalentada, la cena sabía a cartón, pero no importaba. La necesitaba. Cuando terminé, me quedé sentado por un momento en la mesa, observando la nada. Aún no estaba listo para hacer la búsqueda que más temía. Así que, con una excusa a mano, me dirigí a revisar los libros escolares de Izuku. Mi material escolar, en teoría.

Y lo que encontré me revolvió el estómago. Los márgenes de las páginas estaban rayados con palabras crueles, insultos infantiles pero no por ello menos hirientes. "Bicho raro", "error", "estorbo". Dibujos grotescos, tachaduras, marcas como si hubieran querido destruir algo que les molestaba con solo verlo y no eran graffiti anónimos, eran de niños. De sus compañeros, de otros niños de su misma edad. Cerré el libro lentamente, me temblaban las manos.

Las anotaciones de los maestros eran igual de enfermizas. Frases pasivo-agresivas que culpaban a Izuku por la condición de sus libros, como si fuera él quien se autoboicoteaba. Como si fuera un mentiroso o un exagerado. "Debe responsabilizarse por sus pertenencias", decía una. "Necesita mejorar su actitud para integrarse mejor", decía otra. Integrarse mejor... a un entorno que lo trataba como una plaga.

Me llevé las manos al rostro, cerrando los ojos con fuerza.

/ Hijos de puta... /. Entonces me golpeó una verdad desagradable. No ha cambiado nada.

Japón en mi mundo, en el pasado, y aparentemente incluso ahora siempre ha tenido una relación terrible con la salud mental. Lo disfrazan con cortesía, con horarios laborales inhumanos, con un sistema educativo basado en presión y rendimiento, donde la idea de que un niño tenga emociones o problemas internos es tratada como una debilidad, como una falla personal.

La depresión es una epidemia silente. El suicidio, una realidad demasiado común. Pero lo ocultan bajo estadísticas maquilladas y rituales culturales que priorizan la obediencia y el sacrificio sobre el bienestar. Y aquí, en este futuro con quirks, poderes, y ciencia que roza la fantasía... el problema sigue. Inmutable, quizá incluso peor, si cabe.

Vi los libros de Izuku los insultos, las palabras, la indiferencia institucional y no vi simple bullying. Vi una condena.

—Me quieren roto... desde niño —. Murmuré, con la voz áspera.

El sistema educativo no iba a protegerme. Los maestros no me verían como una víctima. El entorno no iba a cambiar por sí solo. Esta no era una sociedad que cuidaba a los frágiles. Suspiré, lento, pesado y amargo. La idea de estudiar desde casa, que antes parecía una estrategia conveniente, ahora era una necesidad vital y absoluta.

No por comodidad, sino por supervivencia. Si seguía en esa escuela, rodeado de niños que me odiaban solo por existir... y adultos que no harían nada al respecto...

/ Iba a quebrarme. / Y a diferencia del Izuku del canon, no tenía siquiera una madre amorosa que me abrazara cuando todo dolía.

Pero había algo aún más inquietante. Algo que apenas estaba empezando a notar... y que me asustaba profundamente. Mi mente era la de un adulto. Mis recuerdos, mis conocimientos, mi lógica. Pero el cerebro en el que estaba atrapado no lo era.

Era el de un niño, inmaduro. Biológicamente diseñado para sentir con intensidad, para experimentar emociones de forma cruda, explosiva, sin filtros aún desarrollados. La corteza prefrontal la parte encargada del autocontrol, del juicio racional no estaría completamente formada hasta mucho más adelante. Las conexiones neuronales se reorganizaban constantemente, moldeadas por el entorno, por el trauma, por la necesidad.

Y yo era una mente adulta, racional, consciente... metida en una máquina diseñada para estallar a la menor provocación. No importaba cuánto supiera, cuánto entendiera. Mi cuerpo iba a traicionarme. Me iba a enojar sin razón. Iba a llorar sin quererlo. Iba a explotar por cosas que sabía que no debían afectarme, pero que, sin embargo, dolerían como cuchillas. Los niños no tienen filtros para el sufrimiento. Y ese desequilibrio mente madura, biología infantil era una bomba de tiempo.

Un niño promedio podía tener una rabieta. Yo podía tener un colapso. Podía empujar, golpear, gritar. Y si lo hacía... si el "niño sin don" agredía a otro niño, especialmente a uno con un quirk prometedor... las consecuencias serían brutales. En este mundo, con su falsa fachada de paz, la violencia infantil no era tomada en serio hasta que el niño sin poder se atrevía a tocar al niño con futuro.

Porque ahí ya no era un simple desajuste entre compañeros. Ahí se convertía en una amenaza que había que corregir. Con castigos, con etiquetas y con represión. Suspiré, largo y con cansancio.

/ Ni siquiera mi autocontrol me pertenece del todo/.

No era solo el mundo el que me iba a romper. Era mi cuerpo el que ya estaba diseñado para colapsar bajo la presión. Y el tiempo corría.