Los días siguientes transcurrieron entre entrenamientos y misiones menores.
Mitsu entrenaba más que nadie.
Pero nunca mostraba su verdadera fuerza.
Cada golpe debía ser medido.
Cada movimiento, limitado.
Cada respiración, fingida.
Era agotador.
Mucho más que combatir de verdad.
Fingir ser débil… cansaba el alma.
Una tarde, cuando el sol comenzaba a caer, el entrenamiento terminó.
Sus compañeros se marcharon hablando entre ellos.
Mitsu estaba por hacer lo mismo cuando escuchó:
—Quédate un momento.
Se detuvo.
El tutor estaba de espaldas, mirando el campo de entrenamiento.
—Solo quiero hablar.
Mitsu asintió y se quedó.
El silencio duró varios segundos.
Luego el jōnin habló:
—Un ninja nunca muestra toda su información.
No solo en combate… también en las misiones, en las relaciones y en la vida.
Mitsu no respondió.
—La información es poder —continuó—. Y el que la revela sin pensar, muere primero.
Entonces el tutor giró lentamente.
—Tu nivel de chūnin… es una mentira.
El corazón de Mitsu dio un salto.
Por un instante pensó en mentir.
Pero no lo hizo.
—No me siento seguro —respondió con honestidad—. Creo que siempre es mejor guardar una carta oculta.
El jōnin lo observó en silencio.
Y luego… sonrió.
—Correcto.
Mitsu parpadeó.
—Ser cauteloso no es cobardía. Es inteligencia.
Se acercó un poco más.
—Si alguna vez necesitas ayuda, puedes contar conmigo.
Mitsu sonrió levemente.
—Solo quiero… ser más fuerte.
El tutor rió por lo bajo.
—Ya eres un genio para tu edad. Si mostraras todo tu talento, muchos querrían adoptarte, entrenarte… darte recursos.
Mitsu levantó la mirada.
—Pero también habría quienes querrían eliminarme.
Ambos se miraron fijamente.
Durante unos segundos, el aire se volvió pesado.
Finalmente, el jōnin habló:
—No intervendré en tus decisiones.
—Pero recuerda algo —dijo con seriedad—. Confío en ti. No me defraudes.
Mitsu inclinó la cabeza.
—No lo haré.
Y se marchó.
Pasaron otros siete días entre entrenamiento y misiones.
Esa noche, Mitsu volvió a entrar al sistema.
El Árbol del Origen seguía creciendo.
Un nuevo fruto del jōnin había madurado.
Lo tomó y lo consumió.
Esta vez no hubo dolor.
Ni recuerdos nuevos.
Solo chakra.
Mucho chakra.
Una expansión lenta y profunda recorrió su cuerpo, como si su núcleo se ensanchara.
Sus reservas crecieron.
Su circulación se volvió más estable.
Al terminar, abrió el panel.
Panel del Sistema
Reservas de chakra: nivel jōnin medio (intermedio)
Conocimiento y experiencia: sin cambios
Estabilidad corporal: mejorada
—Así que ahora es solo chakra…
Mitsu apretó el puño.
No era un aumento espectacular.
Pero sí fundamental.
Chakra era la base de todo.
Más chakra significaba combates más largos, jutsus más potentes y mayor margen de error.
Miró el Árbol.
—Ahora… necesito algo distinto.
Pensó en el futuro.
En la recolección de ADN.
—Si choco "por accidente" con un clan…
—O mejor aún… si pido duelos.
Eso era perfecto.
Podía ganar experiencia real.
Y al mismo tiempo…
recolectar ADN.
—Uchiha… Hyūga…
Sus ojos brillaron.
—Primero el Hyūga.
El Byakugan.
Si podía obtenerlo…
su visión del mundo cambiaría por completo.
Mitsu sonrió.
—Mañana… empiezo.
El camino hacia los dōjutsu acababa de abrirse.
