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Chapter 19 - Capítulo 17

Capítulo 17: El Segundo Exterminio

El descenso a Pentagrama City fue una coreografía de meteoritos plateados rasgando el cielo perpetuamente carmesí.

Al atravesar el portal, el estruendo de la ciudad —un coro de sirenas, gritos y explosiones— golpeó los sentidos de las exorcistas.

Vesper aterrizó con la precisión de un halcón en la azotea de un edificio de apartamentos de lujo, un nido de pecadores que creían que sus muros de hormigón y su seguridad privada los protegerían de la ira divina.

No hubo preámbulos.

En cuanto sus botas tocaron el suelo, Vesper se desplazó como una sombra.

Su lanza angelical estándar, trazó un arco plateado perfecto que decapito a tres demonios que custodiaban la entrada.

Dos más intentaron abalanzarse con ametralladoras de contrabando, pero Vesper simplemente extendió la mano libre; un pulso de energía sagrada, un rayo de luz concentrada, los redujo a cenizas antes de que pudieran apretar el gatillo.

A su lado, el silencio era interrumpido por un sonido de arcadas.

Cyan se había arrancado el casco digital. Su rostro, pálido y empapado en sudor frío, reflejaba un horror absoluto.

Se tambaleó hacia una esquina de la azotea y vomitó violentamente, evitando mirar los restos humeantes de lo que, hace segundos, eran seres conscientes.

Vesper se detuvo. Desactivó su propia máscara, revelando su expresión inexpresiva de kuudere.

Observó a la novata con una mezcla de análisis técnico y una paciencia gélida.

«Cyan es... Interesante. Es como ver una versión más cobarde y miedosa de Charlie solo que con el Hardware de una exorcista» reflexionó mentalmente Vesper, analizando el inesperado intento de asesinato.

Vesper entendío la situación al instante:

Al ser apenas el segundo exterminio oficial, el "mito" de la invencibilidad de las exorcistas aún no se había cimentado en la psique del Infierno. Los pecadores todavía luchaban, todavía creían que podían ganar.

«Este virus contamino el sistema de las exorcistas, con el tiempo y siguió mutando» Pensó Vesper con amargura, mirando la inesperada reacción de Cyan.

Suspiro...

Vesper lo comprendió demaciado rápido, para una mente recién nacida (Ella no contaba era un reencarnado) como la de Cyan, la transición de la paz del Cielo a la carnicería urbana era un cortocircuito sistémico.

—Limpia tu rostro, Cyan —ordenó Vesper. Su voz no era cruel, pero carecía de cualquier rastro de consuelo—. El olor a azufre y bilis no te ayudará a mantener la guardia alta.

—Es que... ellos gritaban —susurró Cyan, temblando mientras se limpiaba la boca con el dorso de su guantelete—. Parecían... personas.

Vesper caminó hacia ella, sus pasos resonando en el techo. Se detuvo a escasos centímetros, obligando a la novata a mirarla directo a sus ojos dorados.

—Escúchame con atención, porque no lo repetiré. Lo que ves aquí no son personas; son residuos. Son los errores de un sistema que permitió que la maldad se filtrara en la creación. Nuestro trabajo no es "asesinar", es purgar. Somos el anticuerpo de un universo enfermo. Si no limpiamos este anillo, la infección subirá y consumirá el Cielo, consumirá tu hogar y a tus hermanas.

Vesper decidió que lanzarla a una horda para que matara por puro pánico —el método de "hundirse o nadar" que Lute probablemente estaba usando con Vaggie en ese momento— era una ineficiencia táctica. El pánico genera errores, y los errores generan traidoras o cadáveres.

—Regla número uno: Nunca dejes tu lanza. Es una extensión de tu código, no una basura desechable— Ordenó Vesper con seriedad, mientras Cyan asiente, recogiendo rápidamente la Lanza qué dejó a un lado cuando comenzó a vómitar.

Regla número dos: Solo matamos pecadores —instruyó Vesper, señalando hacia el horizonte donde se veía la frontera qué cerraba el orgullo de los otros anillos—. Los nativos, los nacidos en el Infierno, están en una zona gris. Si los tocas sin provocación, creas un incidente diplomático con los Pecados Capitales y Lilith que Sera no quiere gestionar. Pero si se interponen o te atacan... bórralos. No hay piedad para los cómplices.

Cyan asintió, pero sus manos seguían temblando tanto que apenas podía sostener su lanza estándar.

Vesper notó cómo la chica se pegaba a ella, buscando una sombra en la cual esconderse. Era la misma actitud que, en el canon, llevaría a Vaggie a sentir lástima por ella, desencadenando la cadena de eventos que terminaría en su destierro.

Suspiro...

«Cyan... Nunca tendrá la mejor puntuación, su sistema es demasiado emocional... Ella no está calificada para entrar en un ejército» Pensó Vesper con indiferencia, recordando ese sistema de "logros" y bonificaciones que Adán instaló.

Vesper despreciaba la "puntuación" de Adán. Para ella, matar a mil pecadores era un ejercicio estadístico, no un logro; Pero reconocía que era un buen insentivo para algunas exorcistas, faltas de efectivo o incapacidad de administrar sus finanzas.

«En fin Cyan, nunca será una guerrera. Esa función nunca fue instalada en su software» Pensó Vesper, mientras sus ojos dorados brillaban con un plan «Pero no necesito que sea una maquina de matar, solo que cruce la línea por voluntad propia»

Su objetivo hoy era procesar a Cyan. Necesitaba que la novata cruzara la línea por voluntad propia, que comprendiera la verdadera naturaleza del enemigo y no a través de la desesperación o el pánico, así activatia sus instinto para que vea el engaño qué hundió a Vaggie.

—Ponte tu masca, Cyan. El exterminio comenzó y vamos con un retraso sistematico de 15 minutos. —Ordenó Vesper, mientras se colocaba su masca, seguida por una Cyan qué hizo lo mismo.

Caminaron hacia la planta inferior del edificio. En un pasillo oscuro, Vesper detectó un movimiento. Con un movimiento fluido, pateó una puerta, revelando a un pecador que se escondía detrás de un sofá.

Era un demonio de aspecto rastrero, con manos alargadas que sostenían un puñal impregnado de veneno. No era una víctima; era un depredador esperando una oportunidad.

Vesper lo desarmó con un golpe seco de su lanza, dejándolo herido pero vivo, acorralado contra la pared.

—Cyan, acércate —comandó Vesper. La novata obedeció, sus ojos muy abiertos.

El pecador viendo lo nerviosa que estaba Cyan empezó a suplicar, usando esa voz lastimera que los demonios perfeccionaban para engañar a los incautos.

—Tengo familia—Suplico el pecador con los ojos llorsos, mientras miraba a la nerviosa Cyan.

—Yo no quería estar aquí, me inculparon.—El pecador empezó a llorar, mientras sus ojos buscaban la compasión en Cyan, quien estaba templando, mirando alternativamente entre Vesper y El pecador.

—Por favor, eres un ángel, ten piedad se supone que ustedes son los buenos—El pecador se abrazo así mismo, metiendo una mano discretamente en su ropa, mientras seguía sollozando. Vesper ni se inmuto, mientras Cyan empezó a hiperventilar por la precio y las súplicas "sinceras" del pecador.

Vesper miró a Cyan.

—Él te está estudiando. Está buscando una grieta en tu sistema para clavarte ese puñal en el cuello que esconde en su ropa. No ve a una salvadora; ve una debilidad. Si lo dejas vivir, la próxima vez que nos des la espalda, nos intentara matará a ambas. Mátalo tú, o lo haré yo y te consideraré un fallo de sistema.—Sentenció Vesper con su voz plana de Kuudere—Elige, Cyan.

Vesper se hizo a un lado, dejando el espacio libre. Sabía que este era el momento crítico. Si Cyan lograba ejecutar a este pecador por comprensión de la amenaza y no por pánico, habría dado el primer paso para no convertirse en la carga que arruinaría a Vaggie.

Cyan levantó la lanza mientras aun seguía temblando, apuntando al pecador quien, viendo que su acto falló.

—Malditas perras con alas, me humille por nada.—Escupio el pecador con odio, límpidose las lágrimas. Mientras sacaba un puñal con un destello plateado en la punta.

—Veamos si las armas, de ese imbécil de Caleb y su zorra Carmilla sirven para una mierda.—Escupio el pecador con malicia, mientras Cyan restrosedia al ver su cambio de actitud y intenciones asesinas.

Vesper simplente le lanzó su lanza, directo a su mano, clavando la extremidad cercenada en la pared, dejó caer el puñal.

—¡AHAHAHA!

—¡MALDITA PERRA!¡MI MANO MATONA! ¡AHORA COMO MIERDA VOY A ROBARLE A ESOS CABRONES! —grito el pecador, mientras sostenía su muñon, mirando con odio y asco a Vesper y Cyan.

El pecador lanzó un último insulto, una maldición cargada de odio que reveló su verdadera naturaleza.

Los ojos de la novata se entrecerraron. Hubo un destello de resolución, una chispa de ese acero celestial que Vesper tanto buscaba cultivar.

«Vamos, Cyan», pensó Vesper, manteniendo su máscara de frialdad. «Demuéstrame que la segunda generación puede ser algo más que carne de cañón para el guion de Charlie»

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