El camino era largo… y peligroso.
Kael avanzaba sin rumbo fijo, con el cuerpo aún débil.
No podía permitirse errores.
Entonces… la vio.
Una caravana detenida al borde del camino.
Sus ojos se entrecerraron.
—…Blackstone.
Sin hacer ruido, esperó.
Cuando nadie miraba…
se deslizó hacia la parte trasera de una de las carrozas.
Silencioso.
Preciso.
Se ocultó.
—Dicen que la Ciudad de las Piedras Negras está más peligrosa que nunca… —dijo una voz.
—Mejor, más negocio —respondió otro.
Kael cerró los ojos.
Blackstone.
Ese era su destino.
Horas después…
la caravana se detuvo.
Antes de ser descubierto…
Kael saltó y desapareció entre la gente.
Frente a él…
se alzaban los enormes muros oscuros de la ciudad.
Blackstone.
Sin detenerse, entró.
Caminó por las calles en silencio.
Observando.
Buscando.
Un lugar donde quedarse.
Pero antes de encontrarlo…
—Eh… mendigo.
Kael se detuvo.
Tres hombres lo miraban con desprecio.
Sus auras eran claras.
Templado Corporal, nivel 3.
Mucho más fuertes que él.
—¿Qué hacés por acá? —dijo uno—.
—¿No sabés que esta zona es territorio del Clan Diente de Hierro?
Kael no respondió.
—Basura…
¡Bam!
Una patada lo lanzó contra el suelo.
El dolor recorrió su cuerpo.
Apretó los dientes.
—…
Intentó activarlo.
El dominio.
Sintió el espacio…
por un instante…
pero…
falló.
Su control era demasiado débil.
—¿Eso es todo? —se burló uno.
Levantaron el pie para golpear de nuevo—
—¡Deténganse!
Una voz los frenó.
Todos giraron.
Una joven se acercaba con el ceño fruncido.
Su presencia… distinta.
Más firme.
—¿Qué dijo el anciano? —los reprendió—.
—¿Van a seguir molestando gente?
Los tres se tensaron.
—N-no…
Bajaron la cabeza.
—Lárguense.
No dudaron.
Desaparecieron rápidamente.
La joven se acercó a Kael.
—¿Estás bien?
Kael se levantó lentamente.
—Sí.
Sus ojos eran fríos.
Sin gratitud visible…
pero sin rechazo.
La joven suspiró.
—Perdón por eso.
Sacó una pequeña bolsa…
y se la entregó.
—Tomá.
Kael la abrió levemente.
Diez piedras espirituales de rango medio.
Sus ojos brillaron apenas…
por un instante.
—Gracias.
No dijo más.
Se dio la vuelta…
y se fue.
Esa noche…
Kael encontró una posada barata.
Una habitación pequeña.
Silenciosa.
Perfecta.
Se sentó.
Cerró los ojos.
—Arte del Dominio Abisal…
Comenzó a cultivar.
Las piedras espirituales liberaron energía pura.
Su cuerpo la absorbió.
Violenta.
Inestable.
Pero efectiva.
Pasó una semana.
Kael no salió.
No habló.
No descansó.
Solo cultivó.
Y entonces…
avanzó.
De Fundación nivel 3…
a nivel 5.
Sus ojos se abrieron lentamente.
—…
Esta técnica…
era monstruosa.
