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Chapter 45 - capítulo 45

Capítulo 45

Parte 1 – POV Alerion

El taller improvisado que había montado en la habitación de huéspedes parecía más un campo de batalla que un lugar de trabajo. Entre herramientas, fragmentos de metal y unas piedras mágicas de bajo rango que había comprado en el mercado, apenas quedaba espacio para moverme.

La idea me vino hace unos días, mientras repasaba por tercera vez el libro de encantamiento intermedio que había adquirido a precio de oro. Era un libro denso, con diagramas y fórmulas que pedían más concentración que un duelo de espadas, pero al pasar por un capítulo sobre proyecciones mágicas, algo hizo clic.

—Un brazalete… —murmuré para mí mismo, mientras trazaba mentalmente el diseño—. Oro, piedras de mágicas con afinidad de fuego y… un toque personal.

El toque personal sería una proyección de Ghislaine hecha de llamas, ejecutando movimientos básicos de esgrima. No era solo por espectáculo; Eris adoraba a Ghislaine, y verla convertida en un pequeño ídolo de fuego que repetía estocadas y cortes sería un regalo perfecto.

Mientras calentaba el metal con magia de fuego controlada, oí unos pasos acercándose. Rudeus entró, con la curiosidad escrita en la cara.

—¿Qué haces? —preguntó, inclinándose para mirar la mesa.

—Un regalo. El mejor regalo. —Sonreí sin apartar la vista del brazalete a medio formar—. ¿Quieres verlo en acción?

—Claro.

Canalicé un poco de maná, activando el círculo de prueba. Un instante después, una mini-Ghislaine de fuego apareció sobre el brazalete, pero en lugar de esgrima, empezó a… dar volteretas y luego a lanzarme micro-estocadas en el dedo.

—¡Auch! —reí, sacudiendo la mano—. Bueno… todavía hay detalles por pulir.

Rudy me miró con una mezcla de risa y admiración.

—Eso… es impresionante. Oye, ¿me prestarías ese libro y… algo de dinero? Tengo una idea para mi propio regalo.

—¿Dinero? —arqueé una ceja—. ¿Y tú qué vas a hacer?

—Algo que le guste a Eris. No pienso quedarme atrás —respondió con una determinación que me sacó una sonrisa.

Le pasé una pequeña bolsa y el libro con cuidado, advirtiéndole:

—No lo ralles, no lo dobles y no lo uses como posavasos.

Volví a mi trabajo. El oro se enfrió en su molde y comencé a encajar las piedras mágicas, ajustando los pequeños soportes de runa que permitirían amplificar la magia de fuego. El encantamiento no era tan complejo como para agotar mi maná, pero sí lo suficiente como para exigirme precisión. Un error y el brazalete podría… bueno, explotar no, pero sí chamuscar la muñeca de Eris.

Cuando finalmente probé la proyección, esta vez la mini-Ghislaine apareció perfecta: postura erguida, espada en guardia, estocada limpia, corte diagonal, saludo marcial y desaparición en un destello rojo.

Me quedé mirándola con una satisfacción que no necesitaba palabras.

—Perfecto —murmuré—. Justo como lo imaginé.

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Parte 2 – POV Rudeus

El brazalete de Alerion era una maldita obra de arte. No lo iba a admitir en voz alta, claro… pero verlo trabajar con tanta seguridad, como si hubiese nacido para forjar artefactos mágicos, me picaba el orgullo.

No es que me sintiera en competencia con él… bueno, tal vez un poco. Después de todo, Eris es mi alumna, y aunque su cumpleaños no sea hasta dentro de unos días, la idea de que reciba un regalo tan increíble de otra persona me daba una especie de cosquilleo incómodo en el estómago.

Ahora, con el libro abierto sobre mi escritorio, me encontraba repasando páginas llenas de diagramas que parecían hechos por alguien con pulso de cirujano y paciencia de santo.

—Bien… nada de figuras de fuego —murmuré, pensando en que Alerion ya había usado esa idea—. Algo más… útil.

Al final decidí que lo mejor sería un colgante con un pequeño núcleo de viento. Si se canalizaba bien, podría ayudar a Eris a ganar velocidad en un instante durante un combate. Simple, práctico y muy “yo”.

Mientras tallaba el metal, escuchaba a Eris en el patio, entrenando con Ghislaine. Sus gritos de esfuerzo llegaban claros, intercalados con las correcciones secas de su maestra. A veces me sorprendía lo mucho que había cambiado… y lo mucho que la extrañaría si un día dejara de estar aquí.

Mi mente divagó hacia otras ausencias.

Sylphy.

Mamá.

Mis hermanas.

Sacudí la cabeza. No. No hoy. No cuando estoy a punto de crear algo que quedará grabado en la memoria de Eris.

Cuando terminé de preparar las primeras runas, ya estaba anocheciendo. Decidí darme un descanso y fui a buscar a Alerion y a Eris.

Los encontré en el comedor, Alerion masticando una manzana como si fuera lo más importante del mundo y Eris intentando robarle una tajada.

—Propongo algo —dije, apoyándome en el marco de la puerta—. Un juego.

—¿Qué tipo de juego? —preguntó Eris, con esa mezcla de desconfianza y curiosidad que siempre tiene.

—La versión local de “el espadachín ciego”. Uno con vendas. Usaremos magia para dar pistas falsas y despistar al que tenga los ojos tapados.

—Acepto —dijo Eris de inmediato, levantándose como si fuera un desafío mortal.

Alerion sonrió de esa forma que significa problemas.

—Esto va a ser divertido.

Y lo fue. Eris resultó ser increíblemente buena rastreando sonidos, pero malísima cuando Alerion usaba pequeñas ráfagas de viento para desviar su sentido del oído. Terminamos riéndonos como idiotas, esquivando cortes y provocando que uno de los sirvientes entrara para ver si había una pelea real.

Al final, tumbados en el suelo recuperando el aire, Eris dijo:

—Quiero hacer esto otra vez mañana.

Yo solo sonreí. A veces, los mejores días eran los más simples.

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Parte 3 – POV Ghislaine

El instinto me despertó antes de la medianoche. No era raro; los sonidos nocturnos de la mansión Boreas estaban grabados en mi memoria, y algo se sentía… fuera de lugar.

Salté de la cama, moviéndome sin un solo ruido, y mis orejas captaron un susurro agitado en el pasillo.

—Shhh, Rudy, deja de quejarte, no vamos a morir —la voz era de Eris, cargada de entusiasmo.

—¡No es eso! Es que esto es una pésima idea… —Rudeus, claramente arrepentido.

—Y tú cállate, que lo estás disfrutando —Alerion, con ese tono de quien echa leña al fuego.

Ah. Entiendo.

Me moví hasta la esquina del pasillo y, efectivamente, ahí estaban: tres sombras intentando avanzar como ladrones de poca monta. Ni siquiera se dieron cuenta de que la puerta lateral que usaban para salir tenía una bisagra floja.

“Niños…”

Decidí seguirlos. No para detenerlos, sino porque tenía curiosidad por ver en qué lío se iban a meter.

Alerion lideraba la marcha como si conociera la ciudad de memoria; Eris, a su lado, caminaba con paso firme, como si estuviera en una misión militar; y Rudeus… bueno, él iba mirando hacia atrás cada dos pasos, convencido de que los guardias aparecerían de la nada.

Bajo la luz de la luna, cruzaron dos calles y se adentraron en la zona comercial nocturna. Un músico callejero les dedicó un gesto burlón, y Eris, por alguna razón, lo tomó como un desafío, casi sacando su espada antes de que Alerion la frenara con una mano.

Después vino la joya de la noche: Eris se detuvo frente a un edificio iluminado, con una fachada llamativa y un letrero dorado.

—Debe ser el gremio de aventureros nocturno. Vamos.

Yo casi me atraganto de risa. Eso no era un gremio. Era un burdel muy popular.

Alerion pareció entenderlo de inmediato y no hizo nada por detenerla. Rudy, en cambio, se puso pálido como la nieve.

—¡Eris, no! ¡Eso no es—!

Demasiado tarde. La pelirroja ya había abierto la puerta, y un coro de risas y saludos subió desde el interior.

Yo observaba desde un tejado cercano mientras un par de mujeres llamativamente vestidas se acercaban a ellos. Una le lanzó un guiño a Alerion, otra acarició el cabello de Rudeus, y Eris… bueno, Eris preguntó directamente si tenían trabajos de escolta disponibles.

La confusión duró poco: un portero amable (y con experiencia tratando con clientes perdidos) les explicó la naturaleza del lugar. Eris salió roja como un tomate, Rudeus murmurando algo sobre trauma, y Alerion… riéndose como si aquello fuera lo mejor de la semana.

Siguieron explorando un rato más, comprando dulces en un puesto callejero y viendo a unos malabaristas. Cuando regresaron a la mansión, treparon por la misma ventana por la que habían salido.

Yo, por mi parte, volví a mi habitación en silencio. Nadie sabría que los había seguido.

Aunque… puede que mañana deje un comentario casual sobre “la bonita fachada dorada” que vi en mis patrullas nocturnas, solo para ver cómo se ponen.

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