Cherreads

Chapter 80 - Cambios Ambientales

El soldado al mando se quedó mirando al frente con la boca apenas abierta, incapaz de comprender lo que tenía delante.

Y no era el único.

A su alrededor, los operadores de las torretas sónicas, las tripulaciones de las naves de ataque y el resto de los soldados desplegados en la zona compartían la misma expresión de desconcierto. Nadie decía nada. Nadie parecía saber qué orden dar. Todos observaban a la enorme criatura frente a ellos, tratando de entender por qué se había detenido.

Hasta hacía apenas unos segundos, Giganto había seguido avanzando como una fuerza imparable, arrasando estructuras, soportando disparos y empujando su enorme cuerpo contra cualquier obstáculo que encontrara delante. Pero ahora estaba quieto.

No porque ellos hubieran logrado derribarlo.

No porque las torretas estuvieran funcionando mejor.

Simplemente se había detenido.

Un sonido grave y profundo surgió del pecho de la criatura.

No fue exactamente un rugido.

Tampoco un gemido.

Era algo intermedio. Un lamento tan bajo y pesado que parecía atravesar el agua para meterse directamente en los cuerpos de quienes lo escuchaban. Los soldados lo sintieron vibrar en el pecho, en la garganta, en los dientes.

Giganto comenzó a temblar.

Al principio apenas fue un estremecimiento leve, casi imperceptible en una criatura de semejante tamaño, pero poco a poco se volvió más evidente. Su cuerpo entero empezó a tambalearse mientras levantaba las manos hacia la cabeza. Las enormes garras se hundieron en su propia piel con una violencia desesperada, rasgándola como si intentara arrancarse algo de encima.

El soldado al mando sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

La bestia volvió a emitir aquel sonido.

Más fuerte esta vez.

Más grave.

Más roto.

Cada nuevo lamento sonaba peor que el anterior, como si algo dentro de la criatura estuviera deformando su voz, empujándola poco a poco hacia algo antinatural. Varios soldados bajaron un momento sus armas sin darse cuenta, demasiado perturbados por lo que estaban viendo como para seguir disparando.

-¿Qué demonios le está pasando...? *murmuró uno de los operadores.

Nadie respondió.

El cambio fue gradual.

Tan gradual que, al principio, algunos creyeron estar imaginándolo.

La piel de Giganto comenzó a perder color en un lado del cuerpo. Aquella tonalidad monstruosa y viva fue apagándose hasta quedar reemplazada por una palidez enfermiza, creando un contraste grotesco con la otra mitad, que todavía conservaba su aspecto habitual. Sobre esa parte blanquecina empezaron a extenderse líneas oscuras, finas al comienzo, pero cada vez más visibles, como grietas negras abriéndose sobre su carne.

La criatura siguió arañándose el rostro y el cuello con un fervor frenético.

(imagen)

El agua a su alrededor se agitaba con cada uno de sus movimientos.

Sus lamentos continuaban.

Cada vez más distorsionados.

Cada vez menos suyos.

Uno de los enormes ojos de Giganto comenzó a apagarse hasta quedar completamente negro mientras su iris se iluminaba en un fuerte color violáceo

El soldado al mando sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

No sabía qué estaba viendo.

Solo sabía que aquello era peor.

Mucho peor.

La criatura dejó de rasgarse por un instante.

Sus manos quedaron inmóviles a los lados del rostro. Su cuerpo todavía temblaba, aunque ahora de una forma más lenta, más irregular, como si estuviera luchando por adaptarse a algo que se estaba abriendo paso dentro de él.

Entonces sonó una alarma.

El estridente aviso atravesó la zona y sacó a los soldados de su estupor casi al mismo tiempo.

Varias luces comenzaron a parpadear en los paneles de las torretas mientras nuevas señales aparecían en los radares.

-¡Movimiento detrás del objetivo!

El soldado al mando giró la cabeza hacia una de las pantallas.

Una enorme masa avanzaba desde el fondo.

Barbaros de Attuma.

Cientos.

Quizás más.

Se acercaban entre las estructuras destruidas y el terreno levantado por el paso de Giganto, formando una línea irregular mientras avanzaban

Los primeros disparos no tardaron en llegar.

Proyectiles atravesaron el agua y golpearon las posiciones atlantes. Casi al mismo tiempo, varios misiles fueron lanzados contra las naves de la zona

-¡Misiles entrantes!

Dos aeronaves lograron apartarse.

Una tercera no tuvo la misma suerte.

El impacto la hizo perder estabilidad y comenzó a caer mientras otras dos naves eran alcanzadas poco después.

-¡Formación de combate! *ordenó una voz por los comunicadores* ¡Todas las unidades aéreas, abandonen el perímetro de Giganto y concentren fuego sobre las fuerzas de Attuma!

Los pilotos respondieron de inmediato.

-¡Recibido!

-¡Escuadrón tres, cambiando objetivo!

-¡Torretas sónicas esperando órdenes!

El oficial observó un instante a la criatura.

Giganto continuaba allí.

Temblando.

Cambiando.

Pero nadie sabía qué demonios acababa de ocurrirle.

Y en aquel momento tampoco podían permitirse averiguarlo.

Tenían una invasión frente a ellos.

-¡Torretas uno a seis, fuego sobre la primera línea! ¡No dejen que se acerquen a las posiciones defensivas!

-¡Entendido!

Los enormes cañones giraron.

Un segundo después, las primeras descargas sónicas atravesaron el agua.

Las fuerzas de Attuma respondieron de inmediato.

El frente explotó en movimiento.

Naves atlantes descendieron desde arriba y abrieron fuego mientras los soldados desplegados entre las fortificaciones levantaban sus armas. Proyectiles y pulsos de energía cruzaron la zona en ambas direcciones.

-¡Flanco izquierdo, mantengan posición!

-¡Nos están rodeando!

-¡Entonces impídanlo! ¡Unidad siete, refuercen ese sector!

-¡En camino!

Una nueva andanada de misiles pasó sobre las cabezas de los soldados.

Las naves cambiaron de formación para interceptarlos mientras las torretas continuaban disparando sin descanso.

-¿Tenemos noticias del rey? ¿Refuerzos? *preguntó el comandante, girando hacia los soldados encargados de las comunicaciones.

Los operadores intercambiaron miradas antes de negar con la cabeza.

-Nada, señor. Las comunicaciones con otros sectores siguen saturadas.

-¿Y alguna unidad disponible?

-Ninguna ha respondido.

El hombre apretó los dientes y volvió la mirada hacia el frente.

Los disparos continuaban cruzando el agua mientras las naves trataban de contener el avance de los bárbaros. Más allá de aquella batalla estaba Giganto, todavía tambaleándose, con aquella extraña palidez extendiéndose cada vez mas por su enorme cuerpo.

Por un instante recordó algo que no había pensado en años.

Los cuentos que su madre le leía cuando era niño.

Historias sobre una Atlantis muy distinta a la que él había conocido. Una ciudad constantemente amenazada por criaturas gigantescas que emergían de las profundidades, tribus que descendían sobre sus fronteras buscando conquistar nuevos territorios y generaciones enteras de atlantes que habían tenido que luchar simplemente para conservar su hogar.

De pequeño siempre las había escuchado fascinado.

Después creció.

Namor llegó.

Las fronteras se volvieron más seguras, los enemigos comenzaron a temer el nombre de Atlantis y aquellas historias acabaron convirtiéndose para él en poco más que cuentos de otra época.

Ahora tenía una criatura gigantesca frente a sus defensas, un ejército bárbaro intentando atravesarlas y ninguna noticia de su rey.

El comandante tragó saliva.

Tal vez había olvidado algo importante.

Aquellos nunca habían sido meros cuentos.

-Perro salchicha🎶

Una voz resonó de pronto sobre el campo de batalla.

Fue tan inesperada, tan fuera de lugar, que durante un instante soldados y bárbaros se detuvieron por igual.

-...gordo bachicha, toma solcito a la orilla del mar... 🎶

Aquel canto grave, burlón y profundamente antinatural se extendió por el agua como una broma enferma. Todas las miradas se volvieron de inmediato hacia la enorme criatura.

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Giganto ya no conservaba nada de lo que había sido hacía unos momentos.

Su cuerpo se había vuelto completamente pálido, casi cadavérico, y gruesas grietas negras se extendían a lo largo de su piel como venas podridas marcadas sobre la carne. Sus ojos, ahora totalmente negros, parecían tragarse la luz a su alrededor, mientras aquel iris violeta brillaba con una intensidad inquietante.

Observaba de cerca a los bárbaros.

A los que estaban más próximos.

Y ellos lo sintieron.

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Uno a uno comenzaron a quedarse inmóviles, aquella sola mirada basto para helarles el cuerpo.

Algunos soltaron sus armas sin darse cuenta. Otros retrocedieron apenas, o intentaron hacerlo, pero sus piernas apenas respondían. La presencia que emanaba de aquella cosa, sumada a su aspecto grotesco y antinatural, caía sobre todos como una presión insoportable.

-Looooos veeeeeo... *dijo la criatura, con una diversión espesa y malsana en la voz.

Entonces movió una de sus enormes manos.

El golpe contra el suelo hizo vibrar toda la zona.

Decenas de bárbaros fueron aplastados en un instante, reducidos contra la tierra bajo aquella masa monstruosa. Las estructuras cercanas temblaron por el impacto, y la sangre comenzó a filtrarse lentamente en el agua alrededor de la gigantesca mano.

-Tiene sombrero de marineeero🎶

Volvió a moverse.

Esta vez fueron sus brazos los que barrieron el frente, arrasando con los centenares de bárbaros petrificados que tenía delante. Cuerpos enteros salieron despedidos, otros quedaron destrozados contra el suelo o aplastados entre los escombros mientras la criatura seguía cantando con aquella mezcla imposible de burla y entretenimiento.

-Y en vez de traje se puso collar🎶

Fue entonces cuando soldados y bárbaros parecieron volver en sí al mismo tiempo.

Los primeros reaccionaron con desconcierto.

Los segundos, con terror absoluto

Giganto -o lo que fuera en ese momento- se inclinó hacia delante y comenzó a cargar contra la horda, aplastando todo a su paso mientras seguía tarareando aquella extraña canción infantil, como si todo aquello no fuera una masacre, sino un juego particularmente divertido.

El pánico terminó por apoderarse de las fuerzas de Attuma.

La formación se rompió de inmediato. Algunos guerreros se impulsaron hacia los costados, buscando perderse entre las construcciones, mientras otros ascendían con desesperación hacia las naves que todavía permanecían sobre la zona. El resto trató simplemente de retroceder por donde había llegado, disparando a ciegas mientras se alejaba.

Nada de aquello parecía importar.

Frente a una criatura del tamaño de Giganto, las distancias significaban muy poco.

Cada paso de la bestia removía el lecho marino y empujaba enormes masas de agua a su alrededor. Los edificios apenas alcanzaban a cubrir parte de sus piernas y los guerreros que intentaban ganar altura seguían estando peligrosamente cerca de sus brazos. Para ellos, aquella retirada era una lucha desesperada por conseguir unos metros. Para eso, apenas se estaban dispersando frente a sus ojos.

Una nave trato de huir forzando sus motores al maximo

Giganto movió una mano hacia ella.

El piloto reaccionó y cambió de dirección justo a tiempo, atravesando por poco el espacio entre aquellos enormes dedos.

Una carcajada profunda recorrió el agua.

-Es como intentar atrapar una mariposa

Más adelante, otro grupo concentró sus armas contra el rostro del gigante. Misiles y proyectiles golpearon su piel pálida mientras trataban de cubrir la retirada del resto.

El bombardeo terminó tan rápido como había comenzado.

Durante unos segundos, eso no hizo nada.

Giganto permaneció inmóvil, observándolos.

Aquello bastó para que varios bajaran lentamente sus armas.

-¿Eso fue todo?

La pregunta llegó con decepcion

El enorme cuerpo volvió a moverse.

No necesitó apresurarse. Mientras los hombres intentaban alejarse nadando entre calles y estructuras destruidas, unas pocas zancadas bastaron para reducir la distancia que tanto esfuerzo les había costado conseguir.

Uno de sus brazos atravesó el espacio frente a ellos.

La corriente provocada por el movimiento dispersó al grupo y lanzó a varios guerreros lejos de sus compañeros. Otros escaparon por debajo de la mano, buscando cualquier abertura que les permitiera continuar.

A esas alturas ya no existían órdenes.

Las voces de sus lideres se perdían entre las comunicaciones saturadas mientras cada uno buscaba su propia salida. Algunos ascendían hacia las naves, otros desaparecían entre los restos de la ciudad y unos cuantos todavía intentaban devolver el fuego.

Desde las posiciones defensivas, los soldados atlantes observaban en silencio.

Hacía apenas unos minutos habían estado luchando por contener aquella invasión.

Ahora veían cómo todo el frente se deshacía frente a una sola criatura.

Giganto avanzó entre las construcciones sin apartar su enorme ojo de los hombres de Attuma. A veces parecía escoger un grupo concreto y seguirlo durante unos segundos, solo para cambiar de objetivo cuando encontraba otro que reaccionaba de una manera más entretenida.

Eso volvió a tararear.

Bajo.

Despacio.

Los bárbaros que lo escuchaban detrás de ellos aceleraban instintivamente, aunque sabían que aquello apenas cambiaba nada.

-Así está mejor.

El iris violeta recorrió el campo de batalla.

-Ahora sí parecen tener miedo.

Y Giganto siguió avanzando.

===

Namor detuvo su avance por un momento cuando notó el cambio en el cielo.

Hasta hacía apenas unos instantes, sus soldados seguían empujando a las fuerzas de Wakanda mientras el agua inundaba las calles y las naves enemigas intentaban evacuar civiles y contener el avance atlante. Entonces, sin previo aviso, la luz comenzó a desaparecer bajo una masa de nubes negras cada vez más densas y pesadas

Y después llegaron los relámpagos.

Cayeron por cientos.

No sobre la ciudad o al azar

Cayeron sobre sus soldados.

Los cuerpos de varios guerreros se estremecieron al ser alcanzados directa o indirectamente por las descargas que se extendían a través del agua salada. Formaciones enteras se rompieron mientras otros trataban de apartarse de las zonas inundadas, solo para descubrir que la tormenta parecía seguirlos.

Namor entrecerró los ojos y elevó la vista.

Allí, más allá de la lluvia distinguió una figura suspendida entre las nubes. Apenas podía verla durante los breves instantes en que los rayos iluminaban el cielo, pero estaba allí, observando el campo de batalla desde las alturas.

Frunció el ceño y comenzó a ascender.

Las alas de sus tobillos batieron con fuerza, impulsándolo a través del viento hasta que casi una docena de relámpagos cayó frente a él.

Esta vez pudo verla con claridad.

Una mujer permanecía inmóvil en medio de la tormenta.

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Su piel de ébano brillaba cada vez que un destello atravesaba las nubes, mientras su largo cabello blanco ondeaba detrás de ella bajo vientos capaces de arrancar árboles del suelo. Sus ojos, completamente blancos, permanecían fijos en él.

Namor jamás lo habría reconocido ante nadie. Pero durante un breve instante creyó estar viendo a una diosa.

Una diosa que acababa de descender de los cielos para desafiarlo.

El pensamiento desapareció tan rápido como había llegado.

Apretó el tridente.

-Tú... ¿Quién demonios eres?

La mujer no pareció impresionada por tener al rey de Atlantis frente a ella.

El vendaval azotaba su cuerpo y, aun así, permanecía inmóvil en el corazón mismo de la tormenta, como si todo aquel poder fuera apenas una extensión de su voluntad.

-He escuchado muchos nombres a lo largo de mi vida *respondió con serenidad* Algunos me llamaron Mami Wata. Otros, Diosa de las Tormentas. Para quienes necesitan clasificar todo lo que temen, soy una mutante Omega.

El viento caliente giró lentamente a su alrededor.

-Los X-Men me conocen como Tormenta.

Sus ojos brillaron levemente.

-Pero hoy ninguno de esos nombres importa *continuó ella* Hoy me presento ante ti como Ororo Iqadi Munroe

El rey de Atlantis mantuvo la mirada fija en ella.

-He oído hablar de ustedes. Los mutantes de la superficie.

-Metahumanos *lo corrigió ella sin alzar la voz, cortándolo con la simple firmeza de quien no está acostumbrada a repetir las cosas* La superficie es más grande que tus prejuicios, Namor.

Aquella respuesta le arrancó una leve mueca.

-Al menos conoces mi nombre.

-Sería difícil ignorar al hombre que está inundando un país.

Enderezó el cuerpo.

-Un país que eligió convertirse en enemigo de Atlantis.

-Y por eso decidiste castigar también a quienes nunca tomaron esa decisión.

-No necesito justificar ante ti cómo protejo a mi pueblo.

-No. Pero sí tendrás que responder por aquello que haces en su nombre.

Por primera vez, el silencio entre ambos pesó más que el rugido de la tormenta.

Namor elevó ligeramente el tridente.

-Regresa con los tuyos.

-No.

La respuesta fue inmediata.

-Este conflicto pertenece a Wakanda y Atlantis *continuó él* Te estoy dando una oportunidad, continuainterviniendo y dejarás de ser una espectadora. Tus actos involucrarán a aquellos que representas.

Sus ojos se estrecharon.

-Piénsalo bien. ¿Estás dispuesta a poner el océano en contra de los tuyos? *Amenazo Namor*

Los rayos tronaron con más fuerza.

El viento aumento hasta tal punto que incluso Namor tuvo que esforzarse por mantenerse firme en el aire. Sus alas batieron con dureza, sosteniéndolo contra una corriente que habría arrastrado a casi cualquier otro ser lejos del frente.

Ororo lo observó sin inmutarse.

-Tal vez no escuchaste lo que acabo de decir. O quizá tu desmedido orgullo tapa tus oídos.

Un leve resplandor eléctrico comenzó a nacer en sus ojos.

-Hoy estoy aquí como Ororo, no como una X-Men *continuó ella* Wakanda me dio refugio cuando lo necesité. Caminé por estas tierras. Conocí a su gente. Una parte de quien soy nació aquí.

La tormenta rugió detrás de ella.

-Así que no me preguntes si estoy dispuesta a poner el océano en mi contra, gobernante de las profundidades

Ororo inclinó apenas el rostro.

-Pregúntate tú si estás dispuesto a poner el cielo en contra del tuyo.

Durante unos segundos ninguno se movió.

Rey y diosa se observaron en silencio mientras la tormenta crecía alrededor de ambos.

Namor tomó su decisión primero.

Con un brusco movimiento del brazo lanzó su tridente con toda la velocidad y fuerza de la que era capaz, buscando sorprenderla y terminar el enfrentamiento antes de que aquella mujer pudiera desplegar algo peor.

Pero la X men ya lo esperaba.

Extendió ambas manos.

Dos corrientes de aire comenzaron a girar frente a ella hasta convertirse en enormes tornados. El arma atravesó el primero, abriéndose paso a través de los vientos, pero al alcanzar el segundo perdió completamente su trayectoria y salió despedida hacia un costado.

Tormenta siguió el recorrido del tridente con la mirada.

Luego volvió los ojos hacia Namor.

-Que así sea entonces

Y el cielo respondió.

En un instante, el campo de batalla se convirtió en una visión apocalíptica.

Decenas de tornados descendieron sobre las zonas inundadas y comenzaron a levantar el agua que cubría las calles. Las corrientes chocaron contra la marea atlante y la obligaron a retroceder, convirtiendo el avance que Namor había provocado en una enorme pared de agua desplazándose en dirección contraria.

Sus soldados fueron arrastrados con ella.

Luego llegaron los rayos.

Una descarga tras otra golpeó las aguas saladas, extendiendo la electricidad a través de las zonas inundadas y rompiendo las formaciones que todavía intentaban resistir.

Namor observó aquello con incredulidad.

Las aguas que hasta hacía un momento obedecían el avance de su ejército ahora se replegaban. Sus soldados eran arrastrados, golpeados, lanzados contra las estructuras o atrapados en aquellas corrientes violentas mientras la tormenta descargaba sobre ellos sin piedad.

-¡¿Cómo te atreves?!

La furia estalló en su voz.

Volvió la mirada hacia donde había estado su adversaria.

Pero ya no estaba allí.

Una niebla densa había cubierto el cielo, extendiéndose desde el lugar que Ororo ocupaba hacía apenas un instante.

Namor trató de localizarla con sus sentidos.

Inútil.

La niebla era demasiado densa y el estruendo constante de los relámpagos ahogaba casi cualquier otro sonido. Las nubes parecían enfurecerse con cada segundo que pasaba, tronando con tal fuerza que incluso el aire vibraba a su alrededor.

El rey de Atlantis apretó los dientes.

Levantó ambos brazos y juntó las manos con toda su fuerza.

El impacto produjo una onda que apartó violentamente buena parte de la niebla a su alrededor, abriendo durante unos instantes un enorme espacio despejado entre las nubes.

Nada.

Ni una sombra o rastro de aquella mujer.

Namor entrecerró los ojos.

Entonces escuchó su voz.

Lejana al principio.

Casi perdida entre los truenos.

-Origen de las tormentas... fuerzas antiguas que recorren cielos y mares...

Namor giró la cabeza.

La voz parecía llegar desde todas partes.

-La tierra conoce vuestra furia. Los océanos han sentido vuestra fuerza. Y desde mucho antes de que los hombres alzaran sus primeros reinos, habéis respondido al llamado de los cielos.

Otro trueno hizo estremecer las nubes.

Namor cerró los ojos durante un instante y agudizó el oído cuanto pudo, obligándose a ignorar el estruendo.

Allí.

A su derecha.

Muy lejos entre la niebla.

-Os llamo una vez más después de tanto tiempo

Namor abrió los ojos.

La encontró.

Sus alas batieron con violencia y salió disparado como un proyectil, atravesando la niebla a una velocidad brutal.

La voz se hacía cada vez más clara.

-Que la tormenta recuerde una vez mas mi nombre...

El atlante aceleró.

Las nubes se abrieron frente a él.

Por fin pudo verla.

Ella permanecía suspendida en el aire, con ambos brazos ligeramente extendidos y los ojos convertidos en dos fuentes de luz blanca. El viento hacía ondear su cabello alrededor del rostro mientras diminutos arcos eléctricos recorrían su cuerpo.

Namor no redujo la velocidad.

Extendió una mano hacia ella.

Solo unos metros.

Podía alcanzarla.

-Ororo...

Ella levantó lentamente la mirada hacia él.

-Y que el cielo responda.

Namor alcanzó a ver cómo las nubes enteras se iluminaban.

Después todo se volvió blanco.

Miles de relámpagos convergieron sobre él casi al mismo tiempo.

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La electricidad recorrió su cuerpo en una descarga brutal, deteniendo por completo su avance. Sus músculos dejaron de responder y las alas de sus tobillos quedaron rígidas mientras una cantidad absurda de energía lo atravesaba una y otra vez.

Namor abrió los ojos de par en par.

Y gritó.

Después de años enfrentándose a monstruos, ejércitos y seres incapaces de rivalizar con su fuerza, el rey de Atlantis volvió a conocer el dolor de una manera que casi había olvidado.

Ororo mantuvo los brazos extendidos mientras observaba al atlante atrapado entre los relámpagos.

Durante un instante, su atención descendió hacia la ciudad.

Cientos de tornados seguían recorriendo las zonas inundadas, empujando el agua en dirección contraria mientras las fuerzas de Atlantis trataban de mantener sus posiciones. Al mismo tiempo, nuevas descargas caían sobre distintos puntos del frente, rompiendo formaciones y obligando a los invasores a dispersarse.

Todo mientras ella mantenía a Namor ocupado.

Gotas de sudor recorrieron su hermoso rostro

Su respiración empezaba a hacerse más pesada.

Controlar tantas corrientes de aire, modificar el movimiento de una masa de agua semejante y dirigir la tormenta sobre una zona tan amplia requería una concentración enorme.

Incluso para ella.

-Le recomiendo centrar su atención en el enemigo que tiene delante, señorita Ororo.

La voz de SID llegó desde el pequeño comunicador en su oído.

Tormenta levantó la mirada.

Namor ya no gritaba.

Seguía suspendido entre las descargas, con el cuerpo tenso y la mandíbula apretada, observándola con una furia que parecía crecer con cada segundo.

-Se está preparando para atacar *informó SID.

Namor cerró los puños.

-¿Crees que esto es suficiente para detenerme, mutante?

Las alas de sus tobillos batieron con violencia.

Salió disparado.

Ororo extendió ambas manos.

Una corriente de aire comenzó a girar debajo de ella y, en cuestión de segundos, se convirtió en un enorme tornado que ascendió hacia el rey de Atlantis.

Namor intentó atravesarlo.

La fuerza del viento lo atrapó antes de que pudiera alcanzar a Ororo y rompió su trayectoria, obligándolo a girar sobre sí mismo mientras era arrastrado cada vez más alto.

Pero no fue solo la fuerza de aquella corriente lo que llamó su atención.

El aire estaba caliente.

Demasiado.

Namor frunció el ceño mientras sentía cómo aquel calor comenzaba a afectarlo.

Ororo ascendió detrás de él, manteniendo una distancia prudente.

Más relámpagos descendieron desde las nubes.

Namor recibió varias descargas antes de conseguir recuperar parcialmente el control. Soltó un grito de frustración y forzó las alas de sus tobillos hasta el límite, estabilizándose lo suficiente para comenzar a cambiar de dirección en el último instante.

Un rayo pasó junto a él.

Luego otro.

Un tercero iluminó todo su cuerpo antes de perderse detrás.

Ororo elevó lentamente una mano.

-Que el aliento ardiente del cielo descienda sobre estas tierras. Que los vientos abandonen la frescura de las alturas y lleven consigo el calor de un sol sin misericordia.

La temperatura comenzó a subir.

Namor respiró profundamente.

Su piel ya no recuperaba con la misma facilidad el daño provocado por las descargas.

-Debe mantenerlo seco el mayor tiempo posible, señorita Ororo *intervino SID* Su fisiología depende en gran medida del contacto con el agua. Cuanto más prolongue esta situación, mayor será la ventaja, solo mantenga el ritmo

-Ya lo había notado.

Namor miró hacia abajo.

El agua.

A pesar de que las corrientes de Ororo la estaban haciendo retroceder, todavía cubría una enorme parte de la ciudad.

Solo necesitaba llegar hasta ella, la humedad había disminuido demasiado, y el agua en las nubes no eran suficiente

Sus ojos se estrecharon.

Se dejó caer.

Las alas se plegaron parcialmente contra sus tobillos y su cuerpo entró en picada.

Ororo lo siguió con la mirada.

-No permita que alcance el agua salada *advirtió SID.

-No pensaba hacerlo.

La mujer bajó lentamente ambos brazos.

Su voz volvió a elevarse sobre el estruendo de la tormenta.

-Vientos que cruzan desiertos y montañas, que desgastan piedra y doblegan los mas grandes arboles... escuchen mi llamado.

Los tornados que contenían la inundación comenzaron a desaparecer.

Namor lo vio.

Por un instante creyó que la presión sobre el agua había terminado.

Aceleró.

La superficie estaba cada vez más cerca.

Ororo cerró los ojos.

-Lleven con ustedes el calor de la tierra abrasada y nieguen al océano aquello que reclama.

Los abrió.

El aire cambió.

Una corriente gigantesca ascendió desde donde los tornados desaparecieron y atravesó el cielo como una pared invisible.

Namor apenas tuvo tiempo de reaccionar.

El impacto lo golpeó de frente.

Su caída se detuvo casi por completo.

El rey de Atlantis apretó los dientes y abrió las alas de sus tobillos, tratando de forzarse a través de aquella corriente. Avanzó algunos metros.

Luego otros.

El agua seguía debajo.

Tan cerca.

Pero el viento no cedía.

El calor continuaba aumentando mientras la tormenta castigaba su cuerpo y le impedía recuperarse como estaba acostumbrado.

Namor rugió de esfuerzo.

Batió las alas con toda la fuerza que le quedaba.

Consiguió avanzar una última vez.

Hasta que finalmente la fuerza del vendaval terminó por vencerlo.

Namor salió despedido hacia atrás, arrastrado por aquella inmensa masa de aire caliente mientras la superficie del agua se alejaba nuevamente

Ororo extendió ambos brazos.

El sudor recorría su rostro y cada respiración comenzaba a pesarle más que la anterior. Sus músculos pedían descanso, pero debajo de ella Namor continuaba siendo arrastrado sin control por las corrientes que había convocado.

No podía darle tiempo para recuperarse.

Alzó el rostro hacia las nubes.

-Espíritus del cielo, heraldos de la tormenta... que vuestra luz atraviese la oscuridad y vuestra voz haga temblar la tierra.

La electricidad comenzó a acumularse sobre ella.

-Atiendan a mi llamado. Respondan.

El cielo obedeció.

====

Desde el espacio, varios satélites cambiaron casi simultáneamente la orientación de sus cámaras.

Sobre el continente africano se había formado una enorme concentración de nubes oscuras cuyo centro parecía encontrarse directamente sobre Wakanda. La masa cubría una extensión absurda y continuaba creciendo mientras las corrientes atmosféricas de toda la región comenzaban a desviarse hacia ella.

(imagen)

Por momentos, el interior de las nubes se iluminaba.

No eran simples relámpagos aislados.

Enormes concentraciones de electricidad recorrían su interior como pulsaciones bajo una piel negra.

Los sistemas de observación más cercanos ajustaron automáticamente sus sensores.

Entonces todo el cúmulo se iluminó.

Miles y miles de rayos brotaron de las nubes.

Durante unos segundos, desde la órbita, aquella parte de África pareció cubierta por una gigantesca red de luz blanca.

====

En una instalación militar estadounidense, decenas de personas trabajaban frente a filas interminables de monitores.

Datos atmosféricos, imágenes satelitales, mapas de corrientes oceánicas y lecturas térmicas cambiaban sin descanso mientras los operadores hablaban unos con otros intentando encontrar sentido a lo que aparecía frente a ellos.

En la parte elevada de la sala, el general Ross observaba la pantalla principal con el ceño profundamente fruncido.

A su lado estaba el coronel Leonard "Lenny" Mercer, responsable de vigilancia orbital de aquella instalación, que no dejaba de revisar los datos de una tableta entre sus manos.

Ross señaló la enorme masa de nubes que aparecía sobre África.

-¿Qué demonios está pasando, Lenny?

El hombre se acomodó las gafas.

-No estamos seguros, general.

Ross giró hacia él.

-Excelente comienzo, veo que usamos bien el dinero de los contribuyentes

Lenny ignoró el comentario y amplió varios gráficos.

-Las corrientes marinas cambiaron de dirección en cuestión de minutos. Eso fue lo primero que llamó nuestra atención. Después comenzaron las alteraciones atmosféricas.

Señaló otra lectura.

-La presión cayó, la temperatura empezó a fluctuar y una cantidad anormal de humedad se concentró sobre la misma región. Después aparecieron esas nubes.

Ambos observaron la pantalla cuando otra oleada de relámpagos iluminó el cúmulo.

-Y ahora tenemos esto *terminó Lenny.

Ross cruzó los brazos.

-Wakanda es un pobre país africano que apenas aparece en nuestros informes. ¿Por qué demonios estaría ocurriendo algo así precisamente allí?

El coronel levantó ligeramente los hombros.

-No tengo la menor idea.

Una nueva alarma sonó en la sala.

Uno de los operadores levantó la mano.

-Señor, tenemos otra anomalía.

Lenny se inclinó ligeramente hacia delante.

-¿De que tipo?

-Otro satélite está detectando interferencias sobre territorio wakandiano. Creímos que era un problema de señal, pero está afectando varios sensores al mismo tiempo.

-Muéstralo.

La pantalla principal cambió.

Las imágenes mostraron extensiones de tierra seca, caminos deteriorados y pequeños asentamientos dispersos por el territorio. Nada que destacara demasiado de las fotografías que llevaban años recibiendo de aquella nación.

Ross entrecerró los ojos.

-¿Y qué estoy buscando exactamente?

-No estoy seguro todavía.

La imagen titiló.

Una vez.

Luego otra.

Los datos comenzaron a distorsionarse.

-Estamos perdiendo la interferencia *avisó el operador.

La pantalla volvió a parpadear.

Y de repente cambió.

Ross dejó caer lentamente los brazos a los costados.

El puro escapó de entre sus dedos.

Lenny permaneció completamente inmóvil junto a él.

En la enorme pantalla ya no había caminos de tierra ni pequeños pueblos aislados.

Los dos hombres abrieron los ojos.

-E-e-eso...

El coronel tragó saliva.

-Eso es...

===

BUEENAS, COMO ANDAN? ESPERO QUE BIEN

POR MI PARTE BUENO...TENGO BASTANTE MALA SUERTE, NI SE LO IMAGINAN

PERO BUENO, NO ESTAMOS PARA ESO

PUDIMOS VER EL COMBATE DE ORORO VS NAMOR, LA X MEN SI QUE NO SE ANDA CON RODEOS EH?

POBRE NAMOR

POR OTRO LADO, GIGANTO PARECE TENER UN INVITADO NO DESEADO EN CASA, FANTASMATICO SI QUE SE LA ESTA PASANDO BOMBA

Y POR ULTIMO, ALGUNOS SATELITES PARECE QUE ESTAN CAPTANDO ALGO, TAL VEZ EL MUNDO CAMBIE MUY PRONTO

RECUERDEN QUE TENEMOS PATREON EN CASO QUE DESEEN APOYAR ESTE CONTENIDO

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SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS ESPECIALES A

Matthew Attis

Delak

Starkiller075

ABChronicles

Shatteredsky

COMO SIEMPRE, MIL GRACIAS POR SU APOYO Y SUS COMENTARIOS

SE ME CUIDAN GORDOS 😘

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