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Chapter 22 - Capítulo 21: Hambre

El mediodía llegó con el sol en el cenit y tres estómagos vacíos.

El resultado de la prueba había sido desastroso. 

Sasuke enterrado hasta el cuello (derrotado por su propia arrogancia). 

Sakura desmayada por un genjutsu barato. 

Y Naruto... atado al tronco central del campo de entrenamiento.

Kakashi estaba frente a ellos, con dos cajas de almuerzo. 

El olor a arroz y pescado asado era tortuoso.

—Ustedes dos pueden comer —dijo Kakashi, señalando a Sasuke y Sakura—. Naruto no. Él intentó comerse el almuerzo antes de tiempo. Esa fue su "contribución".

Naruto, atado, gruñó. —¡Tengo hambre! ¡Eso no es justo!

Kakashi los miró con su ojo de pez muerto. —Si le dan de comer, suspenden inmediatamente. Y suspender significa volver a la Academia.

El Jōnin desapareció en una nube de humo. El silencio cayó sobre el claro.

En realidad, Naruto no tenía tanta hambre. 

Su sangre Uzumaki metabolizaba las reservas de grasa y chakra de forma tan eficiente que podía pasar tres días sin comida sólida antes de perder rendimiento de combate.

Pero tenía que parecer hambriento. 

Su estómago rugió. 

(Kurama, amablemente, había enviado un pulso de chakra al sistema digestivo para provocar el sonido. Un efecto especial de audio).

Sasuke estaba comiendo su arroz. 

Sakura jugueteaba con sus palillos, mirando a Naruto de reojo y luego a Sasuke.

De repente, Sasuke se detuvo. 

Miró los arbustos donde Kakashi probablemente se escondía, y luego miró a Naruto. 

Extendió su caja de almuerzo.

—Toma.

Naruto parpadeó. 

Esta vez, la sorpresa no fue actuada. —¿Eh?

—Kakashi se ha ido —dijo Sasuke fríamente—. Necesitamos recuperar fuerzas para la tarde. Si sigues así de débil, serás un lastre. Cómetelo.

Sakura, viendo a su ídolo actuar, suspiró y extendió su propia comida. —Sasuke-kun tiene razón. Toma un poco del mío, Naruto. Pero no te acostumbres.

Naruto miró el arroz blanco. 

Miró la cara de Sasuke (indiferente, pragmática) y la de Sakura (molesta, pero solidaria).

El guion decía que debía gritar "¡Gracias!" y comer como un animal. 

Pero Naruto vaciló.

Sintió algo en el pecho que no era su control habitual. 

No era hambre física. 

Era culpa.

Durante años, había engañado a todos. 

A Iruka. 

A Hiruzen. 

A estos dos. 

Ellos creían que era un inútil. 

Y basándose en esa creencia, estaban arriesgando su futuro (volver a la Academia) para ayudarlo.

Si ellos supieran que él podía liberarse de esas cuerdas en tres segundos... 

Si supieran que tenía una espada y que podía matar... 

¿Le ofrecerían comida? 

¿O huirían?

Esa amabilidad no era para Naruto Uzumaki, el estratega. 

Era para Naruto, el payaso torpe. 

Y por primera vez, Naruto sintió que su máscara no lo protegía. 

Lo asfixiaba. 

Estaba recibiendo caridad basada en una mentira, y eso le dejó un sabor amargo en la boca.

Sus ojos azules perdieron el brillo falso por un segundo. 

Se volvieron oscuros, tristes. 

Bajó la cabeza.

—Ustedes... van a suspender por mi culpa —susurró Naruto.

No gritó. 

Su voz fue baja, ronca. 

No era el tono del payaso. 

Era el tono de un niño que entiende el peso de las consecuencias.

Sasuke se quedó con la mano extendida, extrañado por el cambio de tono. —Cállate y come —insistió el Uchiha—. No tengo tiempo para tus dramas.

Naruto abrió la boca para aceptar el bocado, sintiendo cómo su sangre se calentaba en sus mejillas. 

No era ira. 

No era adrenalina. 

Era vergüenza. 

Vergüenza genuina.

—Interesante... —murmuró Kurama desde la oscuridad, observando las lecturas emocionales del chico. —Durante años has imitado emociones. Pero esto... esto es real. Estás recuperando capas, Naruto. El aislamiento te mantuvo frío, pero la cooperación te está quemando.

Naruto mordió el arroz. 

Estaba frío. 

Pero le supo a gloria.

Antes de que pudiera tragar, una explosión de humo y viento sacudió el claro.

—¡USTEDES...!

Kakashi apareció frente a ellos, con una tormenta eléctrica visual detrás de él y una expresión de furia demoníaca.

—¡ROMPÍERON LAS REGLAS!

Naruto se tensó en las cuerdas. 

Su sangre se preparó para defenderse, pero su mente todavía estaba atascada en ese bocado de arroz y en la extraña sensación de deuda que acababa de adquirir.

No habían aprobado todavía. 

Pero Naruto acababa de descubrir que mantener su máscara frente a compañeros de equipo iba a ser mucho más doloroso que mantenerla frente a enemigos.

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