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Chapter 28 - Capítulo 27: Los Hermanos Demonio

El ataque no comenzó con un grito, sino con un sonido metálico: 

Clink.

El charco que Naruto había "marcado" con su intención explotó. 

Dos figuras emergieron envueltas en capas negras y máscaras de gas, unidas por una cadena de púas afiladas como cuchillas.

Los Hermanos Demonio.

—¡El primero! —gritaron al unísono.

La cadena voló, envolviendo a Kakashi. 

Con un tirón brutal, los asesinos despedazaron al Jōnin. 

Carne, sangre y huesos volaron por el aire.

Sakura gritó, un sonido agudo y paralizante. —¡¡KAKASHI-SENSEI!!

Sasuke se quedó helado un milisegundo, procesando la muerte de su maestro, antes de que sus instintos Uchiha tomaran el control y saltara al aire.

Naruto, sin embargo, no gritó. Ni saltó.

Su cerebro procesó la información en tiempo bala. 

Kakashi: Sustitución. Madera. Olor a savia. Enemigos: Dos chūnin. Estilo de Niebla. Armas envenenadas. Objetivo: Tazuna.

Naruto sabía que Kakashi estaba vivo, escondido, observando su reacción. 

Si Naruto atacaba a los hermanos con velocidad real, Kakashi vería su nivel. 

Si Naruto se quedaba quieto y no hacía nada, Tazuna moriría.

Tenía que encontrar el punto medio: Incompetencia útil.

—¡Waaaaah! —gritó Naruto, fingiendo un terror absoluto, y se tiró al suelo de culo, temblando visiblemente.

Era la reacción perfecta de un novato cobarde. 

Pero al caer, su posición no fue aleatoria. 

Cayó sentándose justo delante de Tazuna, bloqueando la línea directa hacia el constructor.

Sasuke lanzó un shuriken y un kunai, clavando la cadena de los hermanos contra un árbol. Luego aterrizó sobre sus guanteletes metálicos, inmovilizando sus brazos.

—¡Ahora! —pensó Sasuke, sintiéndose el héroe.

Pero los Hermanos Demonio eran veteranos. 

Desengancharon sus guanteletes y se separaron. 

Uno fue a por Sasuke. 

El otro, Meizu, se lanzó con sus garras venenosas directamente hacia el viejo borracho y el niño que temblaba en el suelo.

—¡Muere! —rugió el asesino.

Sakura estaba demasiado lejos, paralizada frente al "cadáver" de Tazuna. 

Sasuke estaba ocupado con el otro hermano. 

Nadie podía salvarlos.

Meizu bajó su garra para decapitar a Tazuna. 

Naruto estaba en medio.

El tiempo pareció detenerse. Naruto, desde el suelo, miró los ojos del asesino a través de la máscara de gas.

Su mano derecha, oculta por su propia espalda y por la chaqueta abultada, se movió. No fue un movimiento amplio. Fue un gesto de muñeca, quirúrgico y económico. Agarró el mango de la chokutō envainada bajo su ropa.

No la desenvainó completamente. Solo sacó cinco centímetros de acero.

Ángulo de 45 grados. Deflexión cinética.

Naruto levantó el brazo izquierdo como si intentara protegerse la cara inútilmente, gritando de miedo. 

Pero bajo la axila izquierda, su mano derecha empujó la espada expuesta hacia arriba.

CLANG.

La garra de Meizu no cortó carne. 

Chocó contra el acero templado oculto bajo la tela naranja.

El asesino parpadeó, confundido. 

Había sentido una resistencia sólida, metálica. 

¿Una placa de armadura? ¿Hueso duro? 

El impacto desvió la trayectoria de la garra envenenada. 

En lugar de cortar el cuello de Tazuna, la hoja pasó silbando a milímetros de la oreja de Naruto y se clavó en la tierra.

—¡¡GYAAAAH!! —siguió gritando Naruto, aprovechando el momento para "tropezar" hacia atrás y empujar a Tazuna fuera del alcance, mientras volvía a envainar la espada con un clic silencioso bajo su ropa.

A ojos de todos, Naruto había tenido una suerte increíble. 

El asesino había fallado por un milímetro porque el niño se había caído del miedo.

A ojos de Naruto, había sido una parada perfecta.

Antes de que Meizu pudiera corregir y atacar de nuevo, un brazo rodeó su cuello. 

Kakashi había vuelto.

En un parpadeo, los dos Hermanos Demonio estaban inconscientes, atados al árbol.

—Hola —dijo Kakashi, con tono alegre, aunque su mirada era seria—. Siento no haber ayudado antes. Quería ver cuál era su objetivo.

Sasuke aterrizó suavemente. Sakura corrió hacia ellos. —¡Naruto! ¿Estás bien? —preguntó Sakura, aunque su tono era más de reproche que de preocupación.

Sasuke miró a Naruto, que seguía en el suelo, respirando agitadamente. —Oye... —dijo el Uchiha con una sonrisa arrogante—. No estás herido, ¿verdad... miedosito?

Naruto levantó la vista. 

Podría haber borrado esa sonrisa de la cara de Sasuke. 

Podría haberle dicho que mientras él jugaba con cadenas, Naruto había desviado una garra mortal a quemarropa.

Pero eso rompería el personaje.

—¡CÁLLATE, SASUKE! —gritó Naruto, señalándolo con un dedo tembloroso—. ¡Yo también iba a atacar! ¡Solo me resbalé!

Sasuke bufó y se dio la vuelta. —Inútil.

Kakashi se acercó a Naruto. 

Su ojo visible escaneó al chico. 

Vio la chaqueta naranja rasgada ligeramente en la espalda (donde la garra había rozado tras ser desviada). 

Vio al niño sudando y gritando.

—Naruto —dijo Kakashi—. No te muevas. Esas garras tienen veneno.

Kakashi examinó la zona. No había corte en la piel. —Mmm. Qué suerte tienes. Solo rasgó la ropa.

Kakashi asumió que la garra había fallado. 

No se le ocurrió pensar que había sido bloqueada desde dentro de la ropa.

Mientras el equipo discutía qué hacer con Tazuna (que ahora confesaba la verdad sobre la misión), Naruto se quedó un poco apartado, ajustándose la espada bajo la chaqueta.

—Impresionante —la voz de Kurama resonó, tranquila y grave.

—Casi me da —pensó Naruto, fingiendo sacudirse el polvo.

—No. Lo tenías calculado.

Kurama visualizó las constantes vitales de Naruto durante el ataque. Cuando la garra bajó hacia su cuello, el ritmo cardíaco de Naruto no subió. Se mantuvo en 52 pulsaciones por minuto.

—El Uchiha actuó, sí. Pero su corazón se disparó a 140. Estaba emocionado. Tenía miedo. —Tú... tú estuviste tan frío como un cadáver.

Naruto se puso de pie, poniendo su mejor cara de ofendido mientras Tazuna explicaba su historia triste.

—Control absoluto bajo estrés mortal —concluyó el Zorro. —Ese es el rasgo de un depredador alfa, Naruto. Finges ser la presa, pero eres el único en este camino que no tiene miedo a morir.

Naruto miró su mano derecha. No temblaba. Miró a los Hermanos Demonio inconscientes. Eran débiles. Predecibles.

—Sigamos —dijo Naruto en voz alta, interrumpiendo la discusión—. ¡Protegeré al viejo! ¡No tengo miedo!

Y por primera vez, aunque nadie más lo sabía, esa frase era la verdad absoluta.

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