—Bosque al este de Lunvar — tarde —
El sonido del metal chocando contra roca resonó una última vez.
Fen lanzó el zarpazo final.
La criatura se desintegró en partículas azules.
[Objetivo derrotado]
[Experiencia obtenida]
Aoi bajó el báculo improvisado que apenas había usado.
—…terminado —murmuró.
Lyn descendió desde el cielo y se posó en su hombro con naturalidad.
Puddle rebotó felizmente alrededor de sus botas, dejando pequeños sonidos húmedos contra el suelo.
Fen resopló, orgulloso.
Aoi suspiró.
—Ustedes tres pelearon todo… otra vez.
Desde que había formado el vínculo con ellos, el combate se había vuelto extraño.
No era él quien atacaba.
Él observaba.
Guiaba.
Indicaba rutas.
Y sus compañeros hacían el resto.
No se sentía como "dominar monstruos".
Se sentía como… confiar.
Un mensaje apareció frente a él.
[Materiales suficientes reunidos]
[Receta desbloqueada: Armadura ligera de explorador – Variante femenina]
[¿Fabricar?]
[¿si/no?]
Aoi parpadeó.
—¿Por fin…?
Desde que llegó a Lunvar había estado juntando piezas: pieles, placas, núcleos menores. Su equipo inicial ya no era suficiente.
—Sí… fabricar.
Las partículas de luz lo envolvieron.
El atuendo cambió.
Primero las botas.
Luego guantes.
Placas metálicas ajustándose a su cintura.
Y después—
Aoi miró hacia abajo.
Silencio.
—…¿eh?
La armadura no era pesada ni tosca como las de otros jugadores.
Era ligera. Elegante.
Demasiado elegante.
Un peto metálico moldeado protegía el pecho.
Placas curvas cubrían la cintura.
Guanteletes finos reforzaban los brazos.
Hasta ahí… normal.
Pero debajo…
—…no puede ser.
Una falda corta de tela reforzada caía alrededor de sus caderas, dividida en capas con pequeñas placas metálicas cosidas encima.
Funcional.
Pero claramente… falda.
Sus piernas quedaban protegidas por grebas y protecciones parciales…
dejando los muslos al descubierto entre la falda y las placas.
El viento del bosque pasó.
Sintió el aire frío.
—...…
Se quedó completamente inmóvil.
Fen ladeó la cabeza.
Puddle rebotó curioso.
Lyn soltó un pequeño chillido.
—No —murmuró Aoi—. No, no, no, no.
Abrió el panel.
[Armaduras generadas según morfología del avatar]
[Optimización: movilidad + agilidad]
—¡¿Por qué tiene que optimizar así?!
Giró sobre sí mismo.
Desde atrás era peor.
—¡¿Por qué es una falda?! ¡¿Por qué no pantalones normales?!
Intentó ajustar la configuración.
Nada.
Intentó buscar "ocultar apariencia".
Nada.
—…esto es bullying del sistema —susurró.
Se llevó una mano a la frente.
—Genial… ahora voy a llamar más la atención.
Fen soltó un resoplido bajo, casi divertido.
—No te rías —dijo Aoi, mirándolo—. Tú no tienes que usar ropa.
El lobo claramente no entendió… pero movió la cola.
Aoi suspiró.
Molesto.
Avergonzado.
Pero…
Movió una pierna.
Ligera.
Giró el cuerpo.
La armadura no estorbaba.
Podía correr mejor.
Saltar más alto.
—…maldita sea —murmuró—. Es cómoda.
Ese era el problema.
Era perfecta.
Como si el sistema supiera exactamente cómo debía encajar.
Aoi bajó la mirada un segundo.
—De verdad… —pensó—. Este mundo no me deja esconderme ni siquiera con equipo.
Lyn alzó vuelo.
Fen comenzó a caminar.
Puddle lo siguió rodando.
Aoi los observó.
Y, al final…
—Bueno… —murmuró—. Si ustedes no se quejan… supongo que yo tampoco debería.
Se acomodó la falda con torpeza.
—Pero si alguien se ríe… me desconecto.
Fen dio un paso adelante.
Lyn chilló desde el cielo.
Puddle saltó contra su bota.
Como diciendo:
"Vamos."
Aoi sonrió apenas.
—Sí… vamos.
Y así, con una armadura que jamás habría elegido por su cuenta,
pero que encajaba demasiado bien con quien era ahora,
Aoi continuó avanzando por el bosque,
sin saber que, cuanto más intentaba pasar desapercibido…
más destacaba.
—Lunvar, plaza central — atardecer —
El ruido de la ciudad era constante.
Jugadores entrando y saliendo.
NPCs comerciando.
Martillos de herrería sonando a lo lejos.
Aoi caminaba pegada a las paredes.
Literalmente.
Espalda contra la piedra.
Cabeza baja.
Pasos cortos.
—No mires… no mires… no mires… —murmuraba.
No estaba funcionando.
—Oye, ¿esa no es…?
—¡La del lobo!
—¡La de los foros!
—¿Viste su equipo nuevo?
Aoi apretó los dientes.
—Genial… peor que antes…
La armadura ligera hacía exactamente lo contrario a lo que necesitaba.
La falda se movía con cada paso.
Las placas brillaban con la luz del atardecer.
Las botas estilizadas hacían su silueta más elegante.
No parecía una aventurera novata.
Parecía una heroína de evento especial.
—Maldito sistema…
Fen caminaba a su lado, intentando espantar curiosos con gruñidos bajos.
Pero dentro de la ciudad no podía atacar.
Solo intimidar.
Y eso… no servía mucho.
Puddle rebotaba felizmente, ignorando por completo la tensión.
Lyn sobrevolaba distraída.
Aoi suspiró.
Bip.
Una notificación.
[Hina: ¿Dónde estás?]
[Kaede: Llegamos a Lunvar. Reunión en plaza central.]
Aoi se quedó congelada.
—…oh no.
Miró su reflejo en una ventana.
La falda.
Las piernas.
Las placas brillantes.
—…me van a molestar…
Suspiró.
—Bueno… ya qué.
Se dirigió al punto de encuentro.
Unos minutos después.
Dos figuras conocidas esperaban junto a la fuente.
Hina, con su armadura de paladín reluciente.
Kaede, con sus túnicas elegantes y bastón en mano.
Ambas conversaban tranquilas.
—Tardó —dijo Hina—. Seguro se perdió.
—O se escondió —respondió Kaede.
—Clásico Aoi.
—Sí.
Aoi se acercó.
—…hola.
Las dos giraron.
Silencio.
Parpadeo.
Otro parpadeo.
Hina abrió los ojos.
Kaede se quedó completamente quieta.
Aoi ya conocía esa mirada.
—No digan nada —advirtió.
Silencio.
Hina se llevó la mano a la boca.
—…Aoi.
—No.
—Aoi.
—No digas nada.
—¿Por qué— —Hina empezó a temblar— por qué estás más linda que nosotras?
—¡Hina!
Kaede tosió para contener la risa.
Falló.
—La armadura… —dijo con calma—. Es bastante… estilizada.
—¡Es una falda! —explotó Aoi— ¡¿POR QUÉ ES UNA FALDA?!
Hina ya no aguantó.
—¡JAJAJAJAJA!
Se dobló de la risa.
—¡Te ves como protagonista de evento limitado!
—¡CÁLLATE!
Kaede sonrió con esa crueldad suave tan suya.
—Debo admitir —dijo— que el diseño te favorece mucho.
—¡ESO NO AYUDA!
—Las piernas se ven largas.
—¡KAEDE!
Hina secándose lágrimas.
—En serio… esto es injusto… yo también quiero esa skin…
—¡NO ES UNA SKIN!
Aoi ya estaba roja hasta las orejas.
Literalmente humo saliendo de su cabeza.
—Malditas traidoras… pensé que me apoyarían…
Hina le dio palmaditas en el hombro.
—Te apoyamos.
—Mucho.
—Demasiado linda, hermanito.
—…
Aoi giró la cara.
Puchero máximo.
Silencio absoluto.
—…vamos a cazar —dijo seca.
—¿Estás molesta? —preguntó Hina.
—No.
—Sí está molesta —susurró Kaede.
—No estoy molesta.
Fen gruñó bajito, como confirmándolo.
Puddle vibró.
Lyn chilló.
Las dos hermanas intercambiaron miradas.
—Está muy molesta.
—Bosque cercano — poco después —
El ambiente era… tenso.
Muy tenso.
Aoi caminaba adelante.
Rápido.
Muy rápido.
—Aoi, espera— —dijo Hina.
—…
—Aoi.
—…
—¿Nos ignoras?
—…
Puchero nivel dios.
Hina susurró:
—Creo que la rompimos.
—Un poco —respondió Kaede.
De pronto—
—Tres goblins al norte —dijo Aoi seca, usando la visión de Lyn.
—¿Eh?
—Nivel bajo. A 20 metros. Ataquen.
—…sí, señora.
Los monstruos no tuvieron oportunidad.
Fen arrasó.
Hina tanqueó.
Kaede congeló.
Aoi solo señalaba objetivos.
Sin hablar.
Sin mirar atrás.
Como una comandante resentida.
—Está furiosa —murmuró Hina.
—Mucho —confirmó Kaede.
Tras varios combates, Hina se acercó por detrás.
—Aoi.
—…
—Perdón.
Silencio.
—Solo nos dio risa porque te ves bien.
Aoi se detuvo.
Kaede habló suave.
—No te estábamos molestando por burlarnos… —dijo—. Es solo que… nos alegra verte disfrutar algo.
Aoi bajó la mirada.
Fen se sentó a su lado.
Puddle se pegó a su pierna.
Lyn descendió al hombro.
—…idiotas —murmuró.
—¿Eso es perdón? —preguntó Hina.
—Tal vez.
—¿Entonces ya no estás molesta?
—…un poco.
—Aceptable.
Y al final…
los tres terminaron riéndose.
El bosque volvió a llenarse de ruido.
Y por un rato,
Aoi dejó de pensar en miradas,
en rumores,
en armaduras incómodas.
Y solo fue…
una hermana menor cazando monstruos con su familia.
—???—
Silencio total, ese mismo silencio que queda cuando entras en un trance antes de dormir.
No había suelo.
No había cielo.
No había cuerpo.
Aoi flotaba.
O al menos… esa era la sensación.
No frío.
No calor.
No peso.
Solo silencio.
Un silencio tan profundo que dolía.
—…¿hola…?
Su voz no hizo eco.
Ni siquiera estaba segura de haber hablado.
Miró sus manos.
No estaban.
Miró sus pies.
Tampoco.
—¿Estoy… dentro del juego…?
No.
No se sentía como Eidralys.
Allí siempre había algo:
viento, luz, sonido, vida.
Aquí no.
Aquí era como estar… debajo del agua.
Entonces—
Algo vibró.
Leve.
Como una cuerda tensándose.
Una voz.
Lejana.
Rota.
Parecida a la suya.
—…ven…
Aoi se giró, aunque no sabía hacia dónde.
—¿Quién…?
La oscuridad no cambió.
—…encuéntranos…
El pecho le dolió.
No miedo.
No peligro.
Dolor.
Como nostalgia por algo que nunca había vivido.
—No te veo —susurró—. ¿Dónde estás?
La voz tembló.
—…sálvanos…
—¿Salvar a quién?
Silencio.
Luego, más cerca.
Más débil.
—…madre…
El mundo se estremeció.
Aoi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Yo no soy—
—¡AOI!
El impacto fue brutal, como cuando das un salto medio dormido, el cual te genera una sensación incomoda.
Luz.
Sonido.
Peso.
Gravedad.
Aoi abrió los ojos de golpe.
Estaba de pie.
Su cuerpo volvía a sentirse real.
Fen gruñía.
Lyn volaba inquieta.
Puddle vibraba contra su pierna.
Hina la sujetaba de los hombros.
—¡Reacciona!
Kaede respiraba agitada.
—Por fin… pensé que no estabas consciente.
Aoi parpadeó varias veces.
—¿…eh…?
El entorno tardó en formarse en su mente.
No estaban en el bosque.
No estaban en Lunvar.
No estaban en ningún lugar que reconociera.
Roca negra.
Ceniza.
Grietas ardientes.
El aire caliente quemaba la garganta.
Y frente a ellas…
un volcán gigantesco escupiendo ríos de lava como venas abiertas.
—¿Dónde… estamos? —murmuró.
Hina negó con la cabeza.
—No lo sabemos.
—De repente empezaste a caminar —añadió Kaede—. Sin responder.
—Te hablamos.
—Te agarramos.
—Nada, en un momento entraste en una zona, lo cual activo un círculo de teletransporte, el cual nos trajo hasta aquí.
Aoi sintió un nudo en el estómago.
—Yo… escuché algo.
Ambas se quedaron quietas.
—¿Qué cosa? —preguntó Hina.
—Una voz.
Silencio.
—Nadie habló —dijo Kaede—. Solo tú.
Aoi miró sus manos.
Temblaban.
—Pedía ayuda —susurró—. Decía que la encontrara… que la salvara.
El viento caliente sopló desde la montaña.
Traía olor a azufre.
A quemado.
Entonces lo vio.
A la base del volcán.
Una cueva enorme.
Oscura.
Profunda.
Como si alguien hubiera arrancado un pedazo del mundo.
El aire a su alrededor vibraba.
Y aunque no había sonido…
Aoi sintió la misma presión en el pecho que en la oscuridad.
El mismo hilo invisible.
Tirando.
Llamándola.
—…es ahí —dijo sin darse cuenta.
—¿Qué cosa? —preguntó Hina.
Aoi no apartó la vista.
—La voz.
Fen retrocedió un paso.
Lyn no quiso descender.
Puddle se escondió detrás de su bota.
Ni sus bestias querían acercarse.
Pero ella…
Ella sentía que, si no avanzaba ahora,
algo se perdería para siempre.
Y no sabía por qué.
Ni cómo.
Ni desde cuándo.
Pero estaba segura de algo.
Esa voz…
la había llamado por su nombre. Y por primera vez desde que empezó a jugar, Aoi sintió que el mundo no la estaba siguiendo…
sino llamándola.
