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La vida pasifíca de Jiwon

Kye_Sōma
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Synopsis
"Jiwon cae del cielo, recordando cómo su familia fue masacrada, cómo mató por primera vez a los 13 años, y cómo reconstruyó dos clanes enemigos... solo para enfrentar su destino final. Un one-shot sobre peso, culpa y redención."
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Chapter 1 - One shot novel Jiwon

En el vasto cielo azul, mi cuerpo caía a una velocidad vertiginosa, como una hoja arrastrada por un vendaval implacable. El viento azotaba mi largo cabello negro, sedoso y ondulante, que me llegaba hasta la cintura. A pesar de ser un hombre, siempre lo había llevado así; me gustaba esa sensación de libertad que me daba. Pero ahora, mientras el mundo se desdibujaba a mi alrededor en un borrón de nubes y tierra lejana, solo podía pensar: "¿Es esto lo que merezco? Si hubiera huido... ¿habría cambiado algo?"

Mi vida se desmoronaba en pedazos afilados como cristales rotos. ¿Cómo había llegado a esto? La respuesta era simple y cruel: mi propia actitud me había cegado. Qué estúpido había sido.

Todo comenzó en mi infancia. Tenía una hermana menor llamada Star, bautizada así en honor a la lluvia de estrellas que iluminó el cielo la noche de su nacimiento. Ella era el centro de atención de toda la familia Tapeón: talentosa, carismática y hermosa, con ojos que brillaban como las constelaciones que le daban nombre. Yo, su hermano mayor, no me importaba en absoluto. Era feliz en mi soledad, observándola desde las sombras sin envidia ni resentimiento. A pesar de ser el mayor, me sentía como la oveja negra de la familia, el que no destacaba en nada. Sin embargo, Star siempre me buscaba. "Oppa", me llamaba con esa voz dulce y juguetona, arrastrándome a sus aventuras infantiles. Aquellos días de adolescencia fueron... bonitos, supongo. Inocentes.

Pero la vida no es un cuento de hadas donde la felicidad dura para siempre. Cuando estás inmerso en la alegría, pierdes la noción del tiempo y te desconectas de la realidad cruel que acecha. El clan Pent, que habíamos considerado aliados durante siglos —compañeros en batallas sangrientas y en el intercambio de suministros—, nos tendió una trampa que nadie vio venir. Eran famosos por su estilo único de espada, llamado "la Virtud", con movimientos tan precisos y elegantes que parecían una danza mortal. ¿Por qué nos atacaron? Éramos inferiores en combate; lo único que teníamos era nuestra supuesta bondad y un don para la diplomacia, para hablar con otras personas y forjar alianzas. ¿Nos envidiaban por eso? ¿Por algo tan... trivial?

El ataque fue un caos absoluto. Vi a mi familia —o lo que consideraba mi familia, ya que una sirvienta me había confesado una vez que me recogieron de un río cuando era un bebé, sin sangre real que me uniera a ellos— morir ante mis ojos. Algunos se desangraron en el suelo, gritando mientras la vida se les escapaba en charcos rojos. Otros fueron envueltos en llamas, sus alaridos resonando en el aire como un eco infernal. Una enorme roca con forma humana se desprendió de alguna estructura y cayó, aplastando a varios ciudadanos inocentes. La sangre salpicó mi rostro, cálida y pegajosa, manchando todo a mi alrededor.

Mi cuerpo se negaba a moverse. Lo peor era que no sentía nada: ni miedo, ni lástima, ni rabia. Solo una vacuidad fría. Volteé la mirada y vi cómo secuestraban a Star. Estaba golpeada, con moretones en los brazos y lágrimas surcando su rostro sucio. "¡Jiwon! ¡Oppa, por favor, sálvame!", gritaba con voz quebrada, extendiendo una mano temblorosa hacia mí.

Tenía una roca en la mano desde hacía rato, grande como una papa gigante, pero no quería actuar impulsivamente. Pensé rápido: miré a todos lados. Los atacantes del clan Pent estaban tan concentrados en masacrar a los Tapeón que no me prestaban atención. Uno de ellos, un tipo asqueroso con una sonrisa torcida y ojos llenos de lujuria, se acercó a Star. "Mira qué lindo premio nos llevamos", murmuró con voz ronca, agarrando el borde de su ropa para arrancársela.

No lo pensé dos veces. *¡Poom!* La roca impactó en su cabeza con un crujido sordo. El hombre se tambaleó, aturdido. "Tú... ¡tú, hijo de puta! ¿Crees que vas a salirte con la tuya?", balbuceó, escupiendo sangre.

Mis ojos se abrieron de par en par, y una risa maníaca brotó de mis labios. "¡De verdad! ¡Jajajaja!", me burlé con una sonrisa diabólica que no reconocía en mí mismo. Su expresión pasó del enojo al terror puro, y el rostro de Star palideció, como si estuviera viendo a un monstruo.

Me subí encima de él, inmovilizándolo con mi peso. "¿Qu-qué estás haciendo?", tartamudeó, intentando forcejear.

*¡Poom! ¡Poom! ¡Poom!* Golpeé su cara una y otra vez con la roca, diez veces, quizás más. Al final, su rostro era una masa irreconocible de carne y hueso destrozado. *¡Buah!* Vomité al lado, el asco profundo retorciéndome el estómago. Nunca había matado a nadie, y el hedor metálico de la sangre me golpeó como una ola.

Me acerqué a Star, jadeando. Ella me miró con ojos llenos de horror y gratitud mezclados. "Vete", le dije con voz ronca, ayudándola a levantarse. "Nuestra familia está acabada. Con tu talento, puedes crear una nueva, mejor que esta. Corre y no mires atrás".

Ella se levantó temblando, sollozando. "Pero... Oppa, ¿y tú? ¿Vendrás conmigo?"

"No. Este es mi lugar ahora. Vete, Star. Vive por los dos".

Salió corriendo, sus pasos ecoando en el caos mientras las lágrimas caían. A decir verdad, me sentía ridículo. ¿Era posible que un niño de trece años como yo hubiera matado a alguien? ¿Tan débiles eran estos guerreros supuestamente invencibles? Lo peor era que esta familia me había dado todo lo que necesitaba —comida, techo, incluso un nombre— y yo nunca había podido devolverles nada. Siempre fui el inútil, el que observaba desde las sombras.

*¡Boom!* Un estruendo sacudió el templo familiar. Vi cómo las cabezas de ambos líderes —el de los Tapeón y el de los Pent— rodaban por las escaleras, cortadas limpiamente. Era absurdo: al final, la guerra se había consumido a sí misma en un baño de sangre mutuo. No me moví de ese lugar durante toda la masacre. El piso, hecho de un material resistente como el acero antiguo, era lo único que permanecía intacto. Todos murieron: desangrados, aplastados, asesinados. ¿Y ahora qué sería de mí?

Perdí la noción del tiempo. Los años pasaron en un parpadeo, y antes de darme cuenta, tenía treinta años. Con la ayuda de los sirvientes que habían sobrevivido o escapado de la batalla, reconstruí ambos clanes. Tapeón y Pent se fusionaron bajo mi liderazgo reluctant, en una alianza forzada por la necesidad. Desde entonces, la vida fue ridículamente peligrosa: amenazas constantes, traiciones menores, pero nada como esa noche fatídica.

Luego apareció el fenómeno de los demonios. No hace falta resumirlo en detalle; es la misma historia cliché de todos los cuentos antiguos. Criaturas oscuras surgidas de las profundidades, queriendo conquistar el mundo con fuego y oscuridad. Pero no hubo héroes legendarios esta vez. En cambio, un demonio se rebeló contra los suyos y salvó al mundo, traicionando a su propia raza por razones que nadie entendió del todo. ¿Ironía, verdad?

Y ahora, ¿por qué caía del cielo? Culpa de una serpiente gigante, una bestia negra que medía más de sesenta metros de ancho y, fácilmente, cuatro mil kilómetros de largo —una abominación salida de las pesadillas más profundas. De un solo golpe con su cola, me mandó volando como una mosca insignificante. No quise escapar; este era mi destino. La muerte. Me preguntaba por qué tanta gente le temía. Al final, todos moriremos algún día, ¿no? Sentí cómo la serpiente perecía a lo lejos, quizás por alguna fuerza mayor, pero ya no importaba.

*¡Slash!* Mi cuerpo impactó contra una roca puntiaguda, que atravesó mi estómago como una lanza cruel. La sangre tiñó la piedra de rojo intenso. *¡Buah!* Escupí un chorro de sangre, mi vista nublándose en un velo gris. Mis arrepentimientos —si es que alguna vez tuve alguno— se desvanecieron como humo.

"Soy una mierda de persona", murmuré con mi último aliento. "Nunca debí existir".

Fin. " Gracias por leer" ^^