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Chapter 11 - Capítulo Extra (A)

Capítulo Extra: El Presentimiento del Primer Hombre

Perspectiva de: Adán, El Primer Hombre, El Dickmáster Original.

El aire en el Cielo siempre sabe a victoria, pero después de un Exterminio, sabe a victoria con un toque de picante.

Estaba tirado en mi diván de terciopelo dorado, con los pies sobre una mesa de cristal que probablemente valía más que toda la jerarquía de ángeles inferiores combinada.

Tenía mi hacha-guitarra apoyada contra el regazo, sacándole un brillo que podría dejar ciego a un querubín si lo mirara de frente.

—Míralas, Lute —dije, señalando con el mástil de la guitarra hacia el patio de entrenamiento que se veía desde mi balcón—. Mis chicas. Mis hermosas y letales perras. Sera hizo el trabajo sucio de la fabricación, pero yo les puse el alma. Bueno, "alma" es un decir, les puse la actitud.

Lute estaba de pie a mi lado, rígida como una lanza y dos veces más afilada. A veces me pregunto si sabe cómo relajarse, pero luego recuerdo que por eso es mi favorita. No cuestiona, solo corta cabezas. Es jodidamente perfecta.

—Se están volviendo eficientes, señor —respondió Lute, con esa voz que suena a metal chocando—. Pero hay algunas que destacan más que el resto.

Me incorporé un poco, interesado.

Ser el "Primer Hombre" no solo significa ser el pené original, también significa. que lo he visto todo desde que tuve que "mudarme" del Eden a ese pozo de mierda qué fue La tierra primordial.

Vi a Lilith ponerse digna y largarse con el imbécil de Lucifer porque no quería estar "abajo" (Una interpretación exagerada, por cierto). Vi a mi Querida Eva dejarse engañar por una serpiente parlante que, seamos sinceros, no tenía tanto carisma.

He visto a la humanidad multiplicarse como hormigas y ensuciar mi legado. Por eso, cuando algo me interesa aunque sea un poco, es que realmente vale la pena.

—Hablas de la chica rara con cara inexpresiva, ¿no? ¿Vesper? —pregunté, rascándome la barba.

—Es... peculiar Señor—Lute entrecerró los ojos—. No tiene ese frenesí de sangre que tienen las demás. Es fría. Casi parece que sabe lo que el enemigo va a hacer antes de que lo piensen. Y hoy me obligó a cubrirme en un duelo. A mi.

Solté una carcajada que hizo vibrar los cristales y asustó un poco a las chicas que pasaban volando cerca.

—¡Eso es lo que me gusta! Una chica con cerebro y iniciativa. La mayoría de estas nenas son como fuegos artificiales: brillantes, ruidosas y se apagan rápido. Pero esa chica Vesper... ella tiene esa mirada. Como si estuviera contando los segundos para que el mundo se acabe y ella fuera quien va a apagar las luces con una lanza.

Me levanté y caminé hacia el borde del balcón, mirando hacia abajo.

Vi a Vesper a lo lejos en un campo apartado.

Seguía allí, entrenando sola aunque el entrenamiento terminó hace horas y mis chicas podían irse, mientras las pocas chicas que estaban cerca por ahí charlando o lo que sea que hagan las chicas normales en el Cielo.

Ella no. Ella estaba destrozando maniquíes con una precisión que rozaba la obsesión.

—¿Sabes qué es lo más gracioso, Lute? —dije, bajando la voz—. Sera está ahí arriba, temblando en sus túnicas bonitas, preocupada por "el equilibrio" y "el secreto". Teme que los demonios se levanten. Pero yo miro a chicas como Vesper y me dan ganas de bajar hoy mismo otra vez.

Me imaginé la cara de idiota que podría Lucifer. Cuando descubra lo que estamos construyendo aquí arriba contra su reino de fracasados y sonreí por la imagen mental.

—Vesper no solo busca mata pecadores, Danger Tits. Ella los está estudiando. Es como si estuviera preparándose para una guerra que nadie más ve venir excepto Ella. Y eso me pone la piel de gallina de la buena —le di un sorbo a una soda, que hice aparecer con un chasquido—. Déjala que siga. Déjala que se vuelva loca con los maniquíes. Si alguien va a hacer que este pequeño genocidio sea legendario, va a ser ella lo presiento.

Lute asintió, aunque vi un destello de algo parecido a la competencia y cautela en sus ojos.

—Si se vuelve un problema, yo misma me encargaré de ella. Señor—Dijo Lute con severidad.

—Oh, no será un problema, Lute. Será un espectáculo —le guiñé un ojo y tome mi guitarra, rasguear una nota distorsionada—. Porque al final del día, todos somos los hijos de Adán. Y a mis hijos les enseñé a ganar, no a pedir perdón.

Miré de nuevo a Vesper, una última vez antes de sentarme de nuevo en mi diván de terciopelo dorado, poniendo los pies sobre la mesa.

—Sigue así, estrellita de la tarde. El Infierno no sabe la que se le viene encima. Y yo voy a estar en primera fila, con una cerveza (cuando la vuelva a inventar correctamente aquí en el cielo) en la mano y mi guitarra a todo volumen, viendo cómo reduces ese agujero a cenizas.

Sonreí, porque lo sabía esta chica en especifico, va a sacudir el Infierno de una manera que Lucifer, Lilith o su mocosa creo que se llamaba Charlie, jamás imaginaria.

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