Capítulo Extra 2: El Día que el Témpano se Volvió Volcán
Perspectiva de: Adán, El Primer Hombre, El Putísimo Amo.
Hay momentos en la eternidad que valen cada maldito segundo de aburrimiento en este jardín de niños flotante.
He visto guerras, he visto el Big Bang (Uno de los únicos momentos felices en mi matrimonio con Lilith), he visto a la perra de Lilith marchar por esas puertas creyéndose la reina del drama y construir su reino de fracasados con la serpiente castrada.
Pero nadie, me preparó para lo que pasó hoy en el cuartel.
Estaba allí, tirado en mi silla personalizada, rascándome la barriga y viendo a Lute repasar los informes de bajas.
Vesper estaba en una esquina, tan "Vesper" como siempre: callada, tiesa, con esa cara de "soy un robot y no tengo sentimientos" que me hace querer lanzarle un pastel solo para ver si parpadea.
Nota mental: No parpadeo y no volverlo a intentar, casi me hace un Krav Maga (No sabía que también practicaba artes marciales) directo en los huevos, por molestarla y puro despecho por el pastel sacrificado.
Como sea. Riela, que tiene la boca más grande que sus alas, soltó la bomba sin anestesia.
Estaban hablando de los rangos, de las alas extra y de cómo Sera tiene bajo llave las "condecoraciones militares" porque, ya saben, el Exterminio es nuestro pequeño y sucio secreto y Vesper parecía la única que no lo sabía.
—...así que sí, nena —dijo Riela encogiéndose de hombros—. Básicamente somos soldados de infantería para siempre. Sin medallas, sin ascenso, sin alas extra. Es el contrato, Vesper. Tómalo o déjalo.
El silencio que siguió fue... diferente.
No fue el silencio tranquilo de una biblioteca. Fue el silencio que hay justo antes de que un rayo te parta, la puta cabeza por la mitad.
Vi cómo Vesper bajaba la lanza de entrenamiento. Lentamente. Su mano empezó a temblar, pero no de miedo o euforia; Ella estaba temblando con una Rabia tan pura que Riela empezó a retroceder lentamente, por puro instinto.
De repente, el aire alrededor de ella empezó a chisporrotear con estática dorada y rayos celestes, y juro por mi propio nombre que escuché el sonido de un procesador quemándose.
—¿Sera... —la voz de Vesper salió baja perdiendo poco a poco su tono plano habitual, como un gruñido salido de las profundidades del Gehena— ...nos tiene... bloqueadas?
—¡Sí, nena! —exclamé yo, mientras bebía una soda, metiéndome en la conversación porque, hey, amo el drama—. Es el techo de cristal celestial. Estamos en las sombras, ¿recuerdas? ¡Nada de desfiles para nosotros!
Entonces, sucedió.
Vesper levantó la cabeza y, por primera vez, vi sus ojos. No eran dorados, eran dos soles en plena supernova. La ¿Kuudere? como ella se identifica, se fue de vacaciones al Infierno y en su lugar apareció algo que me hizo, escupir mi bebida, al intentar contener la risa.
—¡¡ME ESTÁS JODIENDO!!—el grito de Vesper hizo que los cristales de las ventanas del cuartel estallaran en mil pedasos.
Lo que siguió fueron diez minutos de la gloria más pura y aterradora que he presenciado.
Vesper empezó a caminar de un lado a otro como un tigre enjaulado, soltando una cadena de insultos en idiomas que no había escuchado, desdes que la Torre de Babel jodio la mitad de las jergas, conocidas.
Maldecía la gestión de Sera, Insulto a Sera en mil idiomas diferentes, maldecía la arquitectura del Cielo, maldecía la burocracia de los Serafines y, sobre todo, maldecía el "diseño de fábrica".
—¡¿DISEÑO DE FÁBRICA?! ¡¿SOY UNA MALDITA TOSTADORA PARA ESTA GENTE?! —rugió, lanzando un maniquí de entrenamiento con tanta fuerza que atraveso una pared de mármol de tres metros de espesor—. ¡ENTRENO COMO UNA POSEÍDA, CARTOGRAFÍO ESE AGUJERO INFECTO, Y TODO PARA QUE UNA SERAFÍN CON COMPLEJO DE MESÍAS Y MIEDO DEL QUE DIRÁN, ME DIGA QUE NO TENGO MÁS PUERTOS DE EXPANSIÓN!
Lute dio un paso atrás, con la mano en su espada, luciendo genuinamente confundida.
—Señor... ¿debería...?
—¡Ni se te ocurra moverte! ¡Joder, Lute, mira! ¡La maquinita se rompió y tiene sentimientos!—dije, tirándome al suelo porque literalmente me dolía el estómago de tanto reírme—. ¡Esto es arte! ¡Mírala! ¡Finalmente tiene alma!
Vesper invocó su lanza y la clavó en el suelo con tanta fuerza que el choque de energía sagrada fundió el piso de mármol. Siguió gritando sobre la "ineficiencia sistémica" y cómo Sera era una "administradora de sistemas con miedo al progreso". No entendí la mitad de las metáforas tecnológicas, pero el sentimiento de odio puro hacia la autoridad de Sera fue tan hermoso que casi lloro.
A Los Cinco minutos, estaba rodando por el suelo, golpeando el piso con la mano, ahogándome en mis propias carcajadas. Ver a la chica más fría del paraíso tener un colapso nervioso digno de una diva del rock fue lo mejor que me ha pasado en miles de años.
—¡"ADMINISTRADORA CON MIEDO AL PROGRESO"! —repetí entre espasmos de risa—. ¡Joder, Vesper, te voy a comprar una cerveza si alguna vez termino de reinventar, la cerveza de verdad aquí arriba!
Al final de los diez minutos, Vesper se detuvo. Respiraba agitada, con el pelo blanco despeinado y el uniforme echando humo. Miró el desastre que había hecho —paredes rotas, maniquíes pulverizador, mis chicas mirando el desastre o a ella mismo con asombro y yo muriéndose de risa—.
Lentamente, su rostro volvió a esa máscara de piedra. Se ajustó el cuello del uniforme, recogió su lanza clavada con un movimiento seco y nos miró a todos con una frialdad que hizo que el sudor de mi risa se congelar, por un segundo.
—No volverá a pasar —dijo, con esa voz plana de robot que ahora me parecía mil veces más peligrosa—. Si el sistema está bloqueado, encontraré una puerta trasera. Con su permiso.
Salió del cuartel sin mirar atrás, dejando un rastro de destrucción y miradas de asombro ignorando la leyenda que acaba de crear.
Me levanté del suelo, secándome las lágrimas y tratando de recuperar el aliento. Lute me miró como si yo fuera el loco.
—Señor... ella acaba de insultar a Sera y destruir propiedad militar.
—Lute, nena, escucha —le dije, dándole una palmada en el hombro—. Esa chica acaba de descubrir que las reglas son una mierda. Y una Exorcista que odia las reglas de Sera es lo más útil que tenemos. Vigílala, pero no la detengas. Quiero ver qué "puerta trasera" encuentra.
Miré hacia la salida por donde se fue Vesper.
—"Diseño de fábrica"... joder, qué buena frase—Repetí, antes de volver a reír en el suelo.
