Al día siguiente, toda la comunidad mágica conoció los acontecimientos ocurridos durante el juicio de Sirius Black.
La responsable de que la noticia se extendiera con semejante rapidez era, por supuesto, Rita Skeeter.
En los principales ejemplares de El Profeta apareció un enorme titular que ocupaba casi toda la primera página:
EL TONTO MÁS GRANDE DE GRYFFINDOR
El artículo relataba la historia de Sirius Black desde una perspectiva particularmente cruel.
Rita destacaba que Black había permanecido en silencio durante su antiguo juicio y que jamás había exigido que se demostrara su inocencia. Presentaba su silencio como una prueba de cobardía, estupidez o, incluso, culpabilidad.
También señalaba que, durante los doce años que había pasado en Azkaban, una de sus pocas peticiones constantes había sido recibir periódicos para mantenerse entretenido con sus crucigramas.
Rita aprovechó aquel detalle para construir la imagen de un hombre incapaz de defenderse a sí mismo. Según su relato, Sirius Black había tenido innumerables oportunidades para revelar la verdad y, sin embargo, había decidido desperdiciarlas.
El descubrimiento de Peter Pettigrew, por otro lado, era presentado como uno de los errores judiciales más importantes de los últimos años.
Aunque el artículo reconocía que Pettigrew había sido el verdadero traidor, Rita no tuvo reparos en convertir a Sirius en el protagonista de una historia humillante.
La noticia provocó discusiones por toda la comunidad mágica.
Algunos sentían lástima por Sirius.
Otros se burlaban de él.
Y algunos, sencillamente, no podían comprender cómo un hombre inocente había permanecido doce años en Azkaban sin revelar la verdad.
En las casas, en los pubs y en los comercios, la misma pregunta se repetía una y otra vez:
¿Cómo podía alguien ser tan estúpido?
Muy pocos se preguntaban algo diferente.
¿Cómo podía un hombre soportar doce años de Azkaban y seguir siendo capaz de pensar con claridad?
Sirius estaba sentado junto a la ventana cuando Dumbledore dejó un ejemplar de El Profeta sobre la mesa.
—No tienes que leerlo —dijo Dumbledore.
Sirius levantó una ceja.
—Ahora quiero leerlo.
—Sirius...
—Dumbledore.
Los dos se miraron durante unos segundos.
Finalmente, Sirius tomó el periódico.
Desdobló la primera página.
Y se quedó completamente quieto.
El enorme titular ocupaba casi todo el espacio.
EL TONTO MÁS GRANDE DE GRYFFINDOR
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Las semanas pasaron tranquilamente.
Para Anya, las vacaciones eran perfectas.
La mayor parte del tiempo permanecía en el sótano de la casa, sentada frente al televisor mientras disfrutaba de sus series favoritas.
Tenía algunos bocadillos a su lado y varios juguetes repartidos por el suelo.
—¡Leon! ¡Ven a ver esto! —gritó desde el sofá.
Desde otra habitación llegó la respuesta.
—¡Ahora voy!
Pero Leon no podía quedarse mucho tiempo.
Sus vacaciones también tenían una rutina bastante diferente.
Cada mañana, Severus se encargaba de darle clases de repaso.
No solamente repasaban las materias que había estudiado durante el curso.
Su padre también aprovechaba para enseñarle conceptos más avanzados de magia.
—Otra vez —ordenó Severus.
Leon levantó su varita.
—Protego.
El hechizo apareció frente a él.
Severus lanzó un hechizo de práctica.
¡Pum!
El impacto hizo vibrar el escudo.
Leon retrocedió un paso, pero consiguió mantenerlo.
Severus bajó ligeramente la varita.
—Mejor.
Leon sonrió.
—¿Eso significa que aprobé?
—Significa que no lo hiciste mal.
—Para ti eso es casi un cumplido.
Severus lo miró fijamente.
—No abuses.
Leon soltó una pequeña risa.
Después de las clases teóricas venían los duelos.
Severus insistía en que Leon debía aprender a reaccionar rápidamente y no depender únicamente de sus habilidades con el hielo.
—Tu magia puede ser poderosa —explicó Severus—, pero un duelista que depende de una sola estrategia termina siendo predecible.
Leon asintió.
—Entonces tengo que aprender a combinarla con la magia tradicional.
—Exactamente.
Leon levantó su varita.
—De acuerdo, padre.
Severus hizo lo mismo.
—Comencemos.
Y mientras padre e hijo continuaban con sus entrenamientos, desde el sótano se escuchó nuevamente la voz de Anya:
—¡LEON! ¡TE ESTÁS PERDIENDO MI SERIE!
Leon cerró los ojos.
—Voy.
Severus suspiró.
—Tu hermana tiene una habilidad extraordinaria para interrumpir los entrenamientos.
Leon sonrió.
—Sí.
Guardó su varita.
—Pero es mi hermana.
Severus no respondió.
Simplemente observó cómo Leon salía corriendo hacia el sótano.
La mañana transcurría con tranquilidad en la casa Snape.
Los tres se encontraban alrededor de la mesa desayunando, mientras Loki, el elfo doméstico, se encargaba de mantener llena la jarra de jugo de naranja.
—Gracias, Loki —dijo Anya mientras tomaba su vaso.
—Ama Anya no tiene que agradecer a Loki —respondió el elfo con una reverencia.
Leon apenas había terminado de servirse cuando un fuerte aleteo llamó la atención de todos.
Una lechuza descendió hasta la ventana.
—¿Una carta? —preguntó Anya.
La lechuza extendió una pata.
Severus se levantó y tomó el sobre.
En cuanto Leon vio el emblema estampado sobre la cera, reconoció inmediatamente el símbolo.
—Es de los Malfoy.
Severus rompió el sello y comenzó a leer.
Su expresión permaneció impasible mientras recorría las líneas.
Finalmente dobló la carta.
—Lucius nos invita a asistir al Mundial de Quidditch.
Leon levantó ligeramente la mirada.
—Ya veo.
Su respuesta carecía completamente de entusiasmo.
Severus lo notó.
Anya, en cambio, parecía mucho más interesada.
—¿Qué es un Mundial de Quidditch?
Severus la miró.
—Es un torneo internacional. Selecciones de distintos países compiten entre sí.
Anya abrió los ojos con curiosidad.
—¿Y hay mucha gente?
—Miles de espectadores.
—¿Y vuelan por el cielo?
—Sí.
Leon, que había permanecido callado, tuvo una idea.
Miró a su hermana.
—Anya, ¿qué te parecería viajar a Disney?
La reacción fue inmediata.
Los ojos de Anya se iluminaron.
—¿¡DISNEY!?
Leon sonrió.
—Sí.
—¡¡DISNEY, DISNEY, DISNEY!!
Anya se levantó de la silla.
—¡Vamos, papá! ¡Por favor! ¡Vamos, vamos, vamos!
Severus parpadeó.
—Anya...
—¡Por favor!
—Todavía no he dicho que—
—¡Sí, sí, sí!
Leon tuvo que contener una carcajada.
Anya comenzó incluso a dar pequeños saltos alrededor de la mesa.
—¡Vamos a Disney! ¡Vamos a Disney!
Severus miró a Leon.
Su hijo simplemente levantó las manos.
—Fue una sugerencia.
—Una sugerencia bastante conveniente.
Leon se inclinó hacia él y bajó la voz.
—Papá, ¿y las protecciones mágicas?
Severus se quedó pensativo.
Entonces recordó las enormes medidas de seguridad que se instalarían alrededor del lugar donde tendría lugar el Mundial.
Una cantidad considerable de magia sería utilizada para impedir que los muggles descubrieran el evento.
Eso significaba que llevar a Anya allí sería complicado.
Pero no necesariamente imposible.
Severus volvió a mirar a su hija.
Anya seguía esperando su respuesta con una enorme sonrisa.
Suspiró.
—De acuerdo.
Anya se quedó inmóvil.
—¿De verdad?
—Viajaremos.
—¡¡SÍ!!
Anya corrió alrededor de la mesa y abrazó a Severus.
Leon sonrió satisfecho.
A la mañana siguiente, Severus y León esperaban en la sala de Spinner's End.
León miró el reloj y luego dirigió la mirada hacia las escaleras.
—¡Anya, date prisa! ¡Si no sales ahora, te dejaremos!
Desde el piso de arriba llegó la respuesta de Anya.
—¡No sean malos! ¡Ya salgo!
Severus suspiró con evidente molestia.
—Habíamos quedado a las nueve en punto.
León dirigió la mirada al reloj de la sala.
Las manecillas marcaban las nueve y veinticinco.
—Papá... técnicamente ya llevamos veinticinco minutos esperando.
Severus le lanzó una mirada seria.
—No necesito que me lo recuerdes.
Unos minutos después, Anya apareció corriendo por las escaleras. Llevaba una pequeña mochila a la espalda y su cabello rosa estaba ligeramente despeinado por las prisas.
—¡Disculpen la demora!
Severus tomó su abrigo.
—Vamos. Tenemos que comprar ropa para ambos. Han crecido bastante durante estos últimos meses.
Anya sonrió ampliamente.
—¡Estoy creciendo!
—Eso es precisamente lo que acabo de decir —respondió Severus.
León soltó una pequeña risa.
—Papá, tú también necesitas ropa.
Severus se quedó quieto.
—Tengo ropa.
León señaló su vestimenta habitual.
—Papá, esa es ropa de mago.
—También tengo ropa muggle.
—Si te refieres a ese traje formal que utilizaste aquella vez, debes entender que necesitas más conjuntos.
Severus abrió la boca para protestar.
—No veo la necesidad de—
—¡Papá! —interrumpió Anya con una enorme sonrisa—. ¡Te verás genial! Yo te ayudaré a escoger.
Severus cerró los ojos durante un instante.
—No necesito ayuda para escoger mi ropa.
Pero Anya ya parecía haber tomado la decisión.
—¡Vamos a buscarte ropa bonita!
León comenzó a imaginarse a Severus vestido con diferentes conjuntos escogidos por Anya.
La imagen mental fue suficiente para que comenzara a reír.
Severus giró lentamente la cabeza hacia él.
—¿Qué es tan gracioso?
—Nada, papá.
—Claramente es algo.
León intentó contener la risa.
Entonces tuvo una idea.
—Anya, creo que sería mejor que la dependienta ayudara a papá a escoger la ropa.
Anya parpadeó.
—¿Pero por qué?
—Porque ese es su trabajo. Si tú intervienes demasiado, la pobre vendedora podría perder su trabajo.
Anya abrió mucho los ojos.
—¡No quiero que pierda su trabajo!
León asintió con solemnidad.
—Entonces deja que ella ayude a papá.
Anya se volvió hacia Severus.
—Está bien. La dependienta te ayudará.
Severus permaneció en silencio.
En su mente solo apareció un pensamiento.
No tomen decisiones sobre mí como si no estuviera aquí.
Sin embargo, decidió no decir nada.
Los tres Snape salieron finalmente de la casa.
En la puerta, Loki apareció para despedirlos.
—¡Que tengan un buen día, jóvenes amos!
Anya levantó una mano.
—¡Adiós, Loki!
—Hasta luego —dijo León.
Severus simplemente hizo un pequeño gesto con la cabeza.
Loki cerró la puerta después de ellos.
Los tres comenzaron a caminar por Spinner's End.
Anya iba en medio de ambos, saltando alegremente mientras hablaba de todo lo que quería comprar.
—Quiero ropa nueva, zapatos nuevos... ¡y quizá algo para decorar mi habitación!
—Primero compraremos lo necesario —respondió Severus.
—¿Y después lo divertido? —pregunto Leon
—Severus solo guardo silencio y dio un suspiro, mientras los tres subían al autobús noctambulo.
Snape vio que los demás pasajeros sostenían en sus manos una copia del diario el profeta donde aparecia el titular "EL TONTO MÁS GRANDE DE GRYFFINDOR" y debajo de ella la foto de Black.
El sonrio con diversión y burla.
