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Chapter 62 - ES UNA CITA

El sol de la tarde caía sobre el patio, pintando de un dorado suave las paredes de ladrillo y la tierra seca del jardín. No se escuchaba más que el sonido de algún pájaro lejano y el jadeo rítmico de Luna, que esperaba ansiosa frente a la silla de Nicolás.

Él estaba relajado, sentado con las piernas estiradas, disfrutando de la calma que solo se siente en casa.

Con un movimiento, lanzó la pelota de tenis desgastada hacia el fondo del terreno. La perra, blanca con manchas negras y marrones, salió disparada como un resorte, derrapando en la tierra suelta al intentar frenar justo donde la pelota había picado.

Nicolás soltó una carcajada al verla pelear con el juguete, moviendo la cola con tal energía que sacudía todo su cuerpo

Sobre la pequeña mesa de madera que tenían enfrente, un termo descansaba junto a un paquete abierto de galletitas Don Satur.

El hombre sentado a su lado, de unos sesenta años y cabello canoso, estiró el brazo para pasarle el mate.

-Esa perra es muy enérgica *comentó su padre, observando cómo Luna volvía trotando con la pelota en la boca* Me hace recordar a Samuel cuando era joven.

Nicolás recibió el mate, sintiendo el calor en la palma de la mano.

Tomó un sorbo corto, dejando que el amargo de la yerba le recorriera la garganta, mientras la perra dejaba caer la pelota justo entre sus pies.

-Era un nene cuando el todavía estaba vivo *respondió él, acariciando la cabeza de Luna mientras sostenía el mate con la otra mano* Lo máximo que hacía Samuel que yo recuerde era tirarse en el suelo a esperar que el nono le tirara cualquier cosa que estuviera comiendo en ese momento.

Su padre negó con la cabeza, dejando escapar una sonrisa nostálgica mientras recordaba.

-Ese perro era bravo cuando tu abuelo lo trajo de la calle. Saltaba por todos lados, se subía a la mesa y te robaba la comida si lo perdías de vista un segundo. La cantidad de veces que tu abuela lo corrió con la escoba porque le rompió las macetas de sus flores...

Ambos compartieron una risa tranquila

Luna permanecía firme al lado de la silla, con las orejas atentas y la mirada clavada en la mano de Nicolás, esperando que el juego volviera a empezar.

-¿Y el Antonio? *soltó su padre de repente, con una chispa de malicia en los ojos.

Nicolás dejó de sonreír en el acto, arrugando la frente mientras el recuerdo le volvía a la cabeza.

-Ese perro maldito me robó los ñoquis cuando me fui al baño un segundo *murmuro, negando con la cabeza* Todavía me acuerdo de entrar a la cocina y encontrarlo subido a mi silla, lamiendo hasta el último rastro de salsa que quedaba en el plato

Su padre estalló en una carcajada, inclinándose hacia adelante mientras se reía de la desgracia de su hijo.

El joven lo miró serio, aunque en el fondo no podía evitar que la anécdota le causara algo de gracia ahora que había pasado el tiempo.

Sintió un contacto húmedo en la mano y bajó la vista. Luna estaba ahí, pegada a su pierna, insistiendo con la punta de la nariz contra sus dedos para que no se olvidara de ella. Nicolás se inclinó un poco hacia la perra, aflojando la expresión y afinando apenas la voz, ese tono que uno solo usa con los animales que quiere.

-Vos no harías eso, ¿no gorda? *le dijo mientras le rascaba suavemente el puente de la nariz* Vos sos una buena chica. Vos nunca te comerías mis ñoquis, ¿verdad que no?

Luna se emocionó al instante, entornando los ojos y moviendo la cola con fuerza. Lo miraba con esos ojos enormes, brillantes de pura expectativa, esperando el próximo movimiento.

Nicolás dio una ultima caricia, cerró los dedos sobre la pelota y la lanzó con fuerza hacia el otro extremo del patio.

La perra volvió a salir disparada, una mancha blanca que cortaba el aire en busca de su tesoro.

Una mujer mayor, con el cabello cubierto de canas y la espalda levemente encorvada, se acercó despacio desde la cocina. Traía un plato con dos rodajas generosas de bizcochuelo casero, todavía humeante. Al llegar a la mesa, dejó el plato con cuidado y le acarició la cabeza a su nieto con una mano tibia y suave.

El padre de Nicolás miró las rodajas de reojo, con un gesto de falsa desconfianza.

-Sabes que esto me hace mal a esta altura, ¿no, vieja? *soltó, aunque ya estaba estirando la mano hacia el plato.

La anciana lo miró con un reproche típico de madre hacia su hijo

-A vos todo te hace mal ahora *le contestó, cruzándose de brazos* Pero si se trata de vino tinto, ahí no te duele nada, ¿no? Ahí sí pedís que te traigan la botella entera. No seas exagerado.

El hombre levantó ambas manos con una sonrisa de costado, dándose por vencido.

-Era un chiste mamá, era un chiste. ¿Cómo le voy a decir que no a un bizcochuelo tuyo?

La nona lo chistó, negando con la cabeza mientras murmuraba que era igualito a su padre, que se quejaba de todo menos de la bebida.

Después, cambió el gesto por uno mucho más dulce al mirar al joven

-¿Querés más, nene? Te veo muy flaco. Ahora te traigo otra rodaja *le dijo, ya amagando con volver a la cocina.

Nicolás le tomó la mano con delicadeza, frenándola con una sonrisa 

-Si me das más comida voy a salir rodando hasta casa, nona. Con este pedazo ya estoy más que bien, de verdad.

La anciana sonrió, conforme pero no del todo convencida.

-Bueno, entonces te corto la mitad y te lo envuelvo para que te lo lleves después *sentenció antes de retirarse hacia adentro.

Su padre se metió un trozo de bizcochuelo en la boca y lo miró con complicidad mientras masticaba.

-Vamos a tener que tomar algo para la digestión después. El hígado nos va a matar *comentó con la voz algo tapada por la comida.

-Vale la pena *respondió Nicolás. Dejó el mate sobre la mesa de madera y agarró su porción, saboreando el bizcochuelo esponjoso que todavía guardaba el calor del horno.

En ese momento, Luna apareció de la nada. Dejó la pelota a un lado, ignorándola por primera vez en toda la tarde, y se sentó justo frente a Nicolás. Estaba rígida, con las orejas levantadas y los ojos clavados con un furor absoluto en el pedazo de bizcochuelo que él tenía en la mano.

El joven la miró un segundo, cortó un trozo pequeño con los dedos y se lo ofreció.

-No se le puede decir que no a esa mirada *murmuró, mientras la perra recibía el premio con un movimiento rápido y agradecido de la cola.

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Un gran peso se apoderó de él.

Intentó abrir los ojos, pero los párpados se sentían lentos y la luz blanca del techo lo obligó a cerrarlos de inmediato. Un pitido constante y agudo le taladraba los oídos, ahogando cualquier otro sonido.

Sentía el cuerpo adormecido, como si estuviera flotando en algo espeso. Al intentar moverse, un dolor sordo recorrió cada una de sus articulaciones. Giró la cabeza con lentitud, luchando contra la neblina en su mente. A su lado, distinguió una figura borrosa sentada en una silla.

-¿Qué...? *quiso preguntar, pero su voz salió como un rasguido seco.

Poco a poco, el pitido fue cediendo y las palabras de la figura empezaron a cobrar sentido.

-Nos mentiste *dijo la voz* A mí y a todos los demás.

Legión parpadeó varias veces hasta que la vista se le enfocó.

Era Shuri. Lo miraba con los brazos cruzados, sin rastro de su habitual humor. Él no alcanzaba a comprender a qué se refería, y la confusión debía notarse en su cara porque ella continuó.

-Mientras te volvías loco peleando con Kofie, mi celular empezó a emitir unos pitidos raros y a vibrar. Imagina mi sorpresa cuando apareció un texto en la pantalla amenazándome. Decía que, si no intervenía, iba a filtrar todos los secretos de Wakanda al exterior.

Legión intentó hablar, pero el esfuerzo le provocó una punzada de dolor en la mandíbula. Shuri le hizo un gesto para que se detuviera.

-Deberías tómalo con calma. Tienes la quijada rota. Bueno, eso y las costillas, los brazos, una pierna, los dedos... básicamente una buena cantidad de tus huesos. Todavía no te han operado porque están debatiendo si deberían hacerlo, así que ahora mismo estás sedado por completo.

Él asintió casi imperceptiblemente. Eso explicaba por qué sentía los pensamientos tan lentos y el cuerpo de plomo.

En ese momento, escuchó la voz de Sid saliendo del celular de Shuri, pidiéndole a la princesa que le colocara el auricular a Legión. Shuri hizo una mueca, pero terminó sacando el pequeño dispositivo y lo acomodó con cuidado en el oído del joven.

-Vaya sorpresa nos dio a todos señor, incluyéndome *dijo Sid a través del auricular* Le dije que era una mala idea, pero no me presto atención.

Legión rodó los ojos con pesadez. Al menos lo había intentado, aunque tenía que admitir que ella tenía razón.

-Kofie debe estar celebrando ahora... *balbuceó con dificultad.

Shuri levantó una ceja, extrañada.

-¿De qué hablas? A diferencia de ti, a Kofie sí se lo llevaron a cirugía de inmediato. Estaba casi tan mal como tú.

Legión frunció el ceño, procesando la información. No recordaba haberle hecho tanto daño...¿Le hizo daño siquiera?

Shuri lo miró fijamente y le preguntó si de verdad no se acordaba de nada, a lo que él negó con la cabeza.

-En serio me preocupo señor *intervino Sid* Por eso decidí amenazar a la princesa directamente en su dispositivo. Si no ayudaba, iba a tener que tomar el control de la red de Wakanda para obligar al Rey T'Chaka a detener el combate 

-¿Qué pasó? *logró preguntar el héroe

-Entro en algún tipo de trance *explicó Sid* Dejo de preocuparse por tu propio bienestar y ataco sin cuidado. Llevo su cuerpo al límite hasta que empezó a romperse

Legión se quedó en silencio, mirando al techo de la sala médica. Por más que intentaba hacer memoria, el vacío era total.

-No lo recuerdo... *susurró* Solo me acuerdo de ser golpeado por Kofie y después... todo está borroso.

Legión intentó mover su brazo hacia el Omnitrix, pero el yeso se lo impedía. Hizo un esfuerzo con el otro brazo, pero el cuerpo no le respondía como quería. Miró a Shuri, quien lo observaba con una ceja levantada, confundida por sus movimientos erráticos.

-¿Podrías... darme una mano? *balbuceó con dificultad.

Shuri bufó y asintió, ayudándolo a guiar su mano libre hacia la otra.

El dolor estaba ahí, pero gracias a los sedantes se sentía más como una punzada lejana. Finalmente, logró alcanzar el dispositivo con sus dedos. Accionó el dial y comenzó a girarlo, buscando el icono que necesitaba entre las siluetas holográficas.

-¿De verdad crees que esta es una buena ocasión para transformarte? *preguntó Shuri con escepticismo.

-Por supuesto que lo es *respondió él, apenas audible.

Cuando encontró al alien indicado, presionó el dial.

La camilla crujió bajo un peso repentino y Shuri retrocedió mientras una intensa luz verde iluminaba la habitación. Donde antes estaba el joven herido, ahora yacía una figura cristalina de color verde esmeralda.

Era Diamante. Sin embargo, su cuerpo se veía maltrecho, la superficie de cristal estaba astillada, llena de grietas y trozos faltantes que reflejaban el daño que el cuerpo humano de Legión había sufrido.

Pero, poco a poco, la estructura mineral comenzó a recomponerse por sí sola. Las grietas se sellaron y los fragmentos rotos volvieron a crecer en apenas unos segundos.

La figura, ahora completamente intacta, logró ponerse de pie sobre la camilla.

Diamante se estiró, haciendo que sus articulaciones de cristal emitieran un quejido 

-Así está mucho mejor 

Shuri no parecía muy contenta con la improvisación, pero no pudo evitar acercarse, maravillada por ver una transformación tan de cerca y estudiar la estructura tan particular de aquel ser de cristal.

Se fijo en el brazo de Diamante con un pequeño dispositivo de escaneo mientras él terminaba de estirarse. Lo movía con rapidez, murmurando para sí misma sobre la composición molecular del cristal y cómo debería comportarse una estructura tan densa. Estaba fascinada, analizando la resistencia y la refracción de la luz en su piel mineral.

Mientras ella seguía absorta en sus lecturas, Legión divisó su casco en el suelo, justo al lado de la silla donde Shuri había estado sentada. Se acercó con pesadez, lo recogió y, mientras llevaba una mano al símbolo del Omnitrix en su pecho, se acercó el casco a la cabeza.

Presionó el dial y la luz verde inundó la habitación una vez más. Para cuando el brillo se desvaneció, Legión ya estaba en su forma humana, terminando de ajustarse el casco sobre el rostro. Al verse, notó que solo llevaba puesto el pantalón y una bata de hospital 

La princesa soltó un suspiro, lamentando no haber tenido más tiempo para escanear a Diamante, pero se dio la vuelta para alcanzarle una prenda.

-Esa voz me dijo que tu armadura no iba a explotar, así que te la traje *comentó ella, ofreciéndole el pequeño cuadrado metálico que contenía su equipo.

-Gracias 

Tomó el dispositivo y lo colocó contra su pecho. Al instante, el mecanismo se activó y las placas metálicas comenzaron a desplegarse, cubriendo su cuerpo hasta que la armadura completa estuvo en su sitio.

Shuri lo miró de arriba abajo

-¿Vas a ir así, con una bata de hospital bajo la armadura? 

-No tengo planes de quitarme la armadura, así que... *contestó él, simplemente subiendo y bajando los hombros en un gesto de indiferencia.

El heroe comenzó a estirarse, sintiendo cómo su cuerpo crujía levemente mientras recuperaba la movilidad.

Shuri lo observaba en silencio, debatiéndose internamente entre interrogarlo sobre la asombrosa regeneración que aportaban sus transformaciones o reprenderlo por haberles ocultado que alguien más conocía el secreto de Wakanda.

-No te mentí *soltó Legión, rompiendo el silencio mientras se acomodaba.

Shuri se cruzó de brazos, esperando una explicación. Él soltó una risa breve, negando con la cabeza.

-Con quien hablaste...bueno, quien te amenazó, es mi compañera. Se llama SID y es una forma de vida artificial.

Shuri inclinó levemente la cabeza, procesando la información.

-¿Una IA? *preguntó con curiosidad.

Legión asintió, confirmando que ella se encargaba de cuidarlo y asistirlo en todo momento. En ese instante, la voz de SID resonó a través del casco

-Saludos, princesa Shuri... Le pido disculpas por el inconveniente de hace un momento, pero llegué a la conclusión de que era una medida necesaria; de lo contrario, usted habría tardado demasiado en actuar.

Shuri resopló ante la lógica de la inteligencia artificial, aunque no pudo evitar sentirse intrigada.

-Así que tienes tu propia IA, ¿eh? Yo también he estado trabajando en una... *comentó, acercándose un poco más al casco de Legión* Pero la mía no parece ser tan fluida como la tuya.

Lo miró fijamente con una chispa de interés en los ojos, dejando de lado parte de su molestia inicial.

-Si me dices cómo hiciste para crear a la primera IA verdaderamente sapiente, dejaré de estar enojada contigo por engañarnos a todos.

Legión, terminando de estirarse, le devolvió la mirada con tranquilidad.

-Ya te dije que no mentí. No se lo conté a nadie, SID lo supo al mismo tiempo que yo, así que técnicamente no cuenta como revelar el secreto.

-Estoy de acuerdo *añadió SID respaldando sus palabras.

Shuri abrió la boca para replicar, pero Legión se le adelantó con un gesto de cansancio evidente en sus movimientos.

-Estoy un poco agotado, ¿podrías dejarme solo un momento?

La princesa no pareció creerle del todo, pero decidió darle espacio por el momento. Se dio la vuelta para salir de la sala médica, lanzándole una advertencia antes de cruzar la puerta.

-Esto no ha terminado. En quince minutos vuelvo.

El héroe simplemente hizo un ademán con la mano para despedirla mientras ella abandonaba la habitación, dejándolo finalmente a solas con sus pensamientos y con SID.

-Sé que es muy dedicado a su tarea como héroe, y puedo comprenderlo señor *comento la IA* pero no podemos retrasar más el Proyecto Celda.

Frente al visor de su casco, se desplegó una grabación de lo ocurrido en el río. Legión observó las imágenes en silencio: veía su propio cuerpo moviéndose con una ferocidad inhumana, una actitud salvaje que no reconocía como propia. Era él, pero al mismo tiempo, no lo era.

-He escaneado su cerebro una vez más *continuó SID mientras los gráficos de actividad cerebral desfilaban ante sus ojos* pero no hay nada físico que indique que algo así podría suceder. Esto es claramente una señal de lo que me comento... sobre esa transformación peligrosa que...

-Sí, lo sé *la interrumpió Legión, con la voz apagada* Fantasmático es un problema... uno muy serio.

Se quedó mirando un punto fijo en la habitación, procesando la brutalidad de sus propios actos grabados.

-El Proyecto Celda pasará a ser la máxima prioridad ahora *sentenció* En cuanto termine con lo que tengo pendiente aquí.

-En este estado, no sé qué podría desencadenar que algo igual vuelva a pasar señor *insistió SID* Es un peligro arriesgarse. Su estabilidad mental está en juego, y si algo le sucede...no se que podría hacer para ayudarlo señor

-Tranquila, lo sé *respondió él, soltando un suspiro* Pero no puedo dejarlos solos. Hydra definitivamente tiene algo que ver en todo esto. En Atlantis también está pasando algo grave y necesito estar ahí. No hay excusa que valga.

Hizo una pausa, ajustando los controles de su armadura mientras sentía cómo la tensión regresaba a sus músculos.

-Te lo prometo: en cuanto terminemos con esto, me centraré exclusivamente en finalizar el proyecto y bloquear el ADN ectonurita de una vez por todas.

SID guardó silencio un momento, antes de cerrar los archivos de la grabación.

-Registrado. Espero que cumpla su palabra antes de que sea demasiado tarde señor

Legión se dejó caer en la cama mientras miraba el techo.

Al mover el cuerpo, sentía esos ecos de dolor que siempre quedaban después de una transformación de emergencia.

Aunque su alien con regeneración recomponía todo el daño físico al volver a ser humano, el cerebro guardaba el registro del trauma. Era como un dolor fantasma, sabía que ya no tenía huesos rotos, pero los nervios seguían enviando punzadas de advertencia.

Una de cal y una de arena, pensó

-Tiene una llamada de la señorita Jubilee señor *le avisó SID, rompiendo el silencio.

El joven pensó un momento antes de asentir.

-Pásamela.

-¡Hola, Legi! *la voz animada de Jubilee retumbó en su casco

Él hizo una mueca, aunque no pudo evitar sonreír un poco.

-¿Legi? ¿En serio? *replicó con un tono de queja fingida.

-Oye, no tienes derecho a quejarte *se defendió ella entre risas* Todavía no me has dicho tu nombre real, así que tuve que improvisar

-Punto para ti *concedió él, acomodándose mejor* ¿Cómo va el inhibidor que te pasé?

-Bueno, tanto el profesor como Jean dicen que es una barrera mental impresionante. Dicen que podrían romperla, pero tendrían que ponerse muy serios y les llevaría bastante tiempo.

Legión asintió para sus adentros. Era un buen comienzo, aunque sabía que siempre se podía mejorar.

-Pero, ¿en serio necesito esto? *preguntó Jubilee, bajando un poco el tono* Jean y el profesor son buenas personas, ellos no...

-Nunca se sabe, Jubes *la interrumpió él con suavidad* Además, no son los únicos psíquicos en el mundo. Nunca está de más tener un seguro. Después voy a preparar más para los demás chicos.

-¿También serán pendientes como los que me diste a mí? *bromeó ella con una risita.

-No, claro que no, los tuyos son claramente más especiales *respondió él, y ambos compartieron una risa corta.

-Oye... ¿de casualidad estás libre? *preguntó la X men después de un momento* Pensaba que podíamos salir esta noche, ya sabes, lo que hablamos la semana pasada. ¿Tal vez ese restaurante italiano? Kitty me contó que Piotr la invitó hace unos días y que la comida es espectacular.

Legión se quedó callado, mirando el techo. La invitación era tentadora, pero su situación actual...

-¿Legi? *insistió ella al no recibir respuesta.

-Ahora mismo estoy... un poco ocupado *admitió él finalmente.

Jubilee hizo un ligero puchero que se notó perfectamente en su voz, aunque mantenía el tono de broma.

-¿Qué? ¿Ya tienes una cita con alguna sexi superheroína?

-De hecho *respondió el heroe con una calma casi irónica* acabo de tener un duelo a casi muerte con el mejor aprendiz de guerrero de un país secreto para intentar que sus líderes confíen en mí. Todo para detener una guerra con otro país secreto y evitar que mueran miles de personas.

Jubilee se quedó callada unos segundos y después estalló en carcajadas.

-¡Qué buena! Casi te creo *dijo ella, pero al notar que él no decía nada, su risa se fue apagando* Espera... ¿es en serio?

-Sep. Ahora mismo estoy en la sala de un hospital.

-¡¿Estás herido?! *la voz de ella se cargó de alarma* ¿Necesitas ayuda? Espera ahí, voy a buscar a Illyana ahora mismo para que abra un portal y estaré ahí en un segundo.

-Tranquila, tranquila *la cortó él, intentando calmarla* Estoy bien. Usé a uno de mis aliens para curarme y estoy como nuevo. Además, deberías ver cómo quedó el otro tipo.

-¡No es gracioso! *le recriminó ella, aunque se notaba más aliviada* Por Dios...lo importante es que estas bien

Legión se incorporó un poco en la cama, sintiéndose mejor.

-Mira, tengo una idea mejor. ¿Por qué ir a un restaurante italiano cuando puedo llevarte a cualquier lugar del mundo? Hagamos esto, cuando termine aquí, te aviso. Arreglamos algo y te voy a llevar a un lugar especial donde te mostrare mi comida favorita, preparada exclusivamente por mi

-¿Y qué sería eso? *preguntó ella, y se podía sentir su sonrisa a través de la línea.

-No no, es una sorpresa señorita, pero te aseguro que te va a gustar.

-Mmm, no lo sé... *hizo, como si lo estuviera pensando.

-¿Jubilation Lee, te estás haciendo la difícil? *preguntó él héroe con tono burlón.

-Tal vez *rio ella* Pero sí, me gusta la idea. Entonces tenemos un trato.

-Trato 

Hubo un breve silencio, uno más suave y personal.

-Por favor, ten cuidado, ¿sí? No hagas nada estúpido *le pidió ella en un susurro sincero.

-¿Yo? Jamás *respondió él con una risa leve.

-Cuídate...voy a estar esperando esa cita.

-Lo voy a hacer. Cuídate tú también *concluyó Legión antes de que la comunicación se cortara.

El heroe se incorporó en la orilla de la cama, dejando que sus pies tocaran el suelo frío.

Se quedó un momento así, con los codos apoyados en las rodillas. El silencio de la sala médica se sentía extraño después de la charla con Jubilee, pero le servía para enfocar la mente.

Hizo girar los hombros y escuchó un par de crujidos más. La armadura se ajustó a sus movimientos, respondiendo adecuadamente a el. Miró hacia la puerta por la que Shuri se había ido, sabiendo que el tiempo corría y que el Rey T'Chaka no tardaría en pedir cuentas.

-Ya fue suficiente descanso *sentenció, poniéndose de pie* Tenemos una guerra que parar.

-Entendido *respondió la voz de SID, firme y clara en su oído* Lo estaré apoyando en cada paso señor

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BUEEENAAAS, COMO ESTAAAN? ESPERO QUE BIEN

PARECE QUE NUESTRO HEROE YA NO PUEDE POSTERGAR MAS LO INEVITABLE, AUN QUE ANTES DEBE SOLUCIONAR ESTE CONFLICTO QUE SE ESTA DESARROLANDO ENTRE ESTOS DOS GRANDES PAISES, ¿ME PREGUNTO QUE PALABRAS TIENE EL REY PARA EL? Y QUE SUCEDERA EN EL FUTURO?

TAMBIEN A TENIDO UNA CHARLA CON LA JOVEN LEE QUE LO A CALMADO, ENFOCANDOSE EN LO IMPORTANTE DEL AHORA, SE VIENEN COSITAS, UNA CITA INCLUIDA AL FINAL DEL ARCO, QUIEN SABE

POR CIERTO, AVISO IMPORTANTE, YA ESTA ABIERTO EL PATREON, ALLI, TIENEN 1 SEMANA GRATIS DE ESTADIA, TAMBIEN SUBIRE PEQUEÑOS ADELANTOS DE LOS CAPITULOS, CONSULTARE SUS OPIÑIONES Y PODREMOS COMUNICARNOS MAS COMODAMENTE, LOS ESTARE ESPERANDO :)

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SE ME CUIDAN, UN BESAZO 😘

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