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Chapter 30 - Capítulo 30: El fin de una era

La torre del Hokage estaba en silencio.

Minato permanecía de pie frente al escritorio.

Del otro lado, sentados con expresiones duras, estaban los dos asesores…

y el Tercer Hokage.

—Esto es una locura —dijo uno de los asesores—. Estás yendo demasiado rápido.

Minato no levantó la voz.

—No —respondió con calma—. Ustedes son los que van demasiado lento.

El ambiente se tensó.

—Konoha no puede seguir dirigida por decisiones de hace veinte años —continuó—. El mundo cambió. Las guerras cambiaron. Los enemigos cambiaron.

El Tercer Hokage frunció el ceño.

—Minato… la experiencia también importa.

—Importa —asintió él—. Pero cuando la experiencia se convierte en miedo al cambio, deja de servir.

Los asesores golpearon la mesa.

—¡Estás frenando el equilibrio de la aldea!

Minato los miró uno por uno.

—No. Ustedes están frenando su desarrollo.

Silencio.

—Su época ya pasó —dijo finalmente—. Es hora de que se jubilen.

Los rostros se crisparon.

—¿Qué dijiste…?

—Voy a formar un nuevo consejo —continuó Minato—. Personas que piensen en el futuro, no en conservar privilegios.

—¡No tenés autoridad para eso! —gritó uno.

Minato alzó la mirada.

Y por primera vez… dejó escapar su presión como Hokage.

No violenta.

No agresiva.

Pero absoluta.

—Ya tomé una decisión.

El aire se volvió pesado.

—Dentro de un mes, cambiaré la dirección de la aldea.

—Con o sin su aprobación.

Los asesores se pusieron de pie furiosos.

—¡Esto es un error! —escupieron antes de marcharse.

El Tercer Hokage permaneció sentado.

Minato lo miró.

—Hiruzen-sama… usted ya dio todo por Konoha.

El anciano suspiró.

—Y solo quiero descansar —respondió cansado—. Pasar tiempo con mi esposa… y seguir molestando a mis hijos para que me den nietos.

Minato sonrió apenas.

—Entonces haga eso.

Hiruzen se levantó lentamente.

—Solo espero que esta aldea no te devore como hizo con otros.

Y se retiró.

Esa misma noche, en otro lugar…

Los asesores se reunieron a solas.

—Si Minato hace esto, lo perderemos todo.

—Nuestros cargos. Nuestra influencia. Nuestro poder.

Uno apretó los dientes.

—Necesitamos que el Tercero vuelva al puesto.

—Él se negó —respondió el otro con rabia—. Dijo que ya terminó.

Silencio.

Sabían la verdad.

Su época… había acabado.

Y esta vez, no había forma de evitarlo.

Minato, en cambio, ya se estaba moviendo.

Durante los días siguientes comenzó a citar personas clave.

El líder del clan Nara fue el primero.

—Necesito alguien que piense diez pasos adelante —le dijo.

El Nara aceptó sin dudar.

Luego vinieron los Hyūga.

—La estabilidad del clan es importante para la aldea —explicó Minato.

Aceptaron.

Y cuando citó al líder del clan Uchiha…

hubo un silencio tenso.

Pero Minato habló con claridad.

—Konoha no puede seguir tratándolos como una amenaza. Son parte del corazón de la aldea.

Por primera vez en mucho tiempo…

los Uchiha se sintieron escuchados.

Aceptaron.

El cambio había comenzado.

Lento.

Pero irreversible.

Mientras tanto…

lejos de la política, de los consejos y del poder visible…

Mitsu seguía creciendo.

En la soledad de su casa, el Árbol del Origen brillaba suavemente.

Nuevos frutos maduraban.

Hyūga.

Uchiha.

Sangres que se mezclaban una y otra vez.

Los consumía sin prisa.

Su chakra aumentaba de forma constante.

Más profundo.

Más denso.

Más antiguo.

Su línea de sangre se volvía cada vez más estable…

y al mismo tiempo, más ajena a cualquier clan.

Frente al árbol, Mitsu pensaba.

No en Minato.

No en Danzo.

No en el consejo.

Pensaba en su próximo movimiento.

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