Los días pasaron con relativa calma.
Mitsu volvió a su rutina.
Entrenamientos al amanecer.
Misiones menores.
Combates amistosos.
En los campos de entrenamiento, observaba con atención.
Uchiha practicando katon.
Hyūga perfeccionando el puño suave.
Nada forzado.
Nada sospechoso.
Un duelo amistoso.
Un choque breve.
Un cabello que caía sin que nadie lo notara.
El Árbol del Origen seguía creciendo en silencio dentro de su sistema.
Paciente.
Hambriento.
Pero aquel día…
Mitsu decidió tomarse un descanso.
—Hoy no —murmuró—. Hoy barbacoa.
Caminaba relajado por Konoha cuando vio una figura conocida.
Cabello oscuro atado.
Sonrisa peligrosa.
—¡Mitsu! —exclamó Anko—. ¡Hace siglos que no te veo!
—Misiones —respondió él con naturalidad—. Últimamente no paro.
A su lado caminaba alguien más.
Piel pálida.
Mirada amarillenta.
Sonrisa que parecía no pertenecer a una persona viva.
Orochimaru.
Los ojos del sannin se clavaron en Mitsu apenas lo vio.
No hostilidad.
Curiosidad pura.
Mitsu se inclinó con educación.
—Orochimaru-sama.
—Qué niño tan… interesante —respondió él con una leve risa.
Como los tres iban al mismo lugar, terminaron caminando juntos.
En la barbacoa, Anko hablaba sin parar.
Mitsu reía.
Orochimaru observaba.
Hasta que Mitsu, de pronto, miró directo al sannin.
—¿Danzo ya te dio la orden de matarme?
El silencio cayó como un golpe.
Anko dejó de masticar.
—¿Qué…?
Orochimaru se quedó quieto un segundo.
Solo uno.
Luego sonrió.
—Así que lo sabes…
—Maté a cuatro hombres de Raíz en una misión —continuó Mitsu con calma—. Supuse que no lo dejaría pasar.
—Ya empezó a moverse —admitió Orochimaru—. Pero con cuidado. Minato le advirtió.
Mitsu sonrió apenas.
Anko miraba de uno a otro, completamente perdida.
—¿De qué están hablando ustedes dos…?
Mitsu no respondió eso.
En cambio, miró fijamente a Orochimaru.
—Decime… ¿seguís pensando que la vida humana es demasiado corta?
Los ojos del sannin brillaron.
Interés real.
—La busco desde siempre.
—Entonces estás mirando en el lugar equivocado —dijo Mitsu.
Orochimaru se inclinó hacia adelante.
—¿Oh?
—El cuerpo no importa —continuó—. Es solo un recipiente.
—Podés clonarlo.
—Podés reemplazarlo.
—Pero el alma… eso es lo que define la continuidad.
Anko tragó saliva.
Orochimaru estaba completamente atento.
—Si querés vivir más —dijo Mitsu— tenés que estudiar el alma.
—Crear una técnica para transferirla a un cuerpo compatible.
—No poseer… sino continuar.
El silencio fue absoluto.
Luego…
Orochimaru comenzó a reír.
Una risa suave.
Genuina.
—Fascinante… absolutamente fascinante.
Sacó un cuaderno.
Empezó a escribir.
—Salir a comer con mi alumna y encontrar esto… —murmuró—. El destino es cruelmente generoso.
Hablaron durante horas.
De la fragilidad del ninja.
De la muerte.
De la herencia.
Del límite del cuerpo.
Antes de separarse, Orochimaru lo miró con interés sincero.
—Ven a mi laboratorio algún día.
Mitsu asintió.
—Me caes bien —dijo sin rodeos—. Además… me interesa aprender.
Se despidieron.
Anko seguía sin entender nada.
Ya de noche, camino a su casa…
el aire cambió.
No fue un sonido.
No fue un chakra agresivo.
Fue algo más sutil.
Una sensación vieja.
—…Emboscada.
Mitsu se detuvo apenas un segundo.
El Shinkōgan no se abrió.
No lo necesitaba.
Había aprendido algo mucho antes que el poder,
cuando el entorno calla demasiado…
alguien está respirando donde no debería.
Sellos ocultos.
Chakra contenido.
Una formación cerrándose.
—Raíz… —murmuró.
Sonrió apenas.
—Siempre tan impacientes.
Sin hacer ruido, formó un sello.
Bunshin no Jutsu.
Un clon de sombra apareció a su lado.
—Seguí el camino a casa —le ordenó—. Caé en la trampa.
El clon asintió y continuó caminando como si nada.
Mitsu, en cambio, dio un paso atrás…
y desapareció entre los tejados.
Mientras el clon avanzaba, el verdadero Mitsu ya corría a toda velocidad por los techos de Konoha.
Su destino era claro.
La torre del Hokage.
—
A pocas cuadras de su casa, el clon cruzó el punto exacto.
Los sellos se activaron al instante.
Una barrera se alzó.
—Objetivo dentro —dijo una voz desde la oscuridad—. Ejecutar.
Los ninjas de Raíz aparecieron desde todos los ángulos.
Kunais.
Sellos.
Ataques sincronizados.
El clon de Mitsu reaccionó al instante.
Saltó hacia atrás.
Rodó por el suelo.
Evitó por centímetros una ráfaga de viento cortante.
—Tch… —murmuró, actuando.
Los ataques no se detenían.
La barrera impedía huir.
No buscaban capturarlo.
Buscaban matarlo.
Pero el clon no contraatacó con fuerza.
Solo esquivaba.
Solo resistía.
Solo ganaba tiempo.
Como había sido creado para eso.
—
Mientras tanto, en la torre del Hokage…
Minato levantó la vista al sentir el chakra.
—¿Mitsu?
La puerta se abrió.
El muchacho entró tranquilo, sin agitación.
—Hokage-sama —saludó—. Vengo a denunciar un intento de asesinato.
Minato se puso de pie de inmediato.
—¿Dónde?
—Cerca de mi casa. Es una emboscada preparada. Barrera incluida.
Minato frunció el ceño.
—¿Quiénes?
Mitsu lo miró directo a los ojos.
—Raíz.
El aire se volvió pesado.
—¿Estás seguro?
—Completamente. No buscan información. Solo eliminarme.
Minato no dudó.
—ANBU.
Cuatro sombras aparecieron de inmediato.
—Rodeen la zona. Captura prioritaria. Nadie muere si se rinden.
Y en un destello amarillo, el Hokage desapareció.
—
Cuando Minato llegó, la escena seguía activa.
El clon de Mitsu aún esquivaba ataques, con movimientos calculados, sin herir a nadie.
La barrera seguía levantada.
—¡Alto! —ordenó una voz firme.
El espacio se distorsionó.
Minato apareció dentro del perímetro.
Los ninjas de Raíz se congelaron.
Algunos lo reconocieron al instante.
—E-es el Cuarto…
—Hokage-sama…
La presión cambió por completo.
ANBU rodearon el área en segundos.
—Bajen las armas —ordenó Minato—. Esta operación no está autorizada.
Uno a uno…
los miembros de Raíz se rindieron.
No por miedo a Mitsu.
Sino por respeto —y temor— al Hokage.
La barrera cayó.
El clon de Mitsu se deshizo en humo.
Minato observó el lugar con el ceño tenso.
—Llévenlos para interrogatorio.
—
Horas después, la verdad salió.
Todos pertenecían a Raíz.
Todos respondían a Danzo Shimura.
La orden era clara:
eliminar a Mitsu inmediatamente.
No capturar.
No interrogar.
Matar.
Minato apretó los puños.
—Así que llegó a este punto…
Mitsu, a su lado, habló con calma.
—Aunque no hayan podido sacar información… esto ya lo dice todo.
—Una barrera de ejecución.
—Un escuadrón completo.
—Orden directa.
Minato cerró los ojos un instante.
Cuando los abrió… ya había tomado una decisión.
Reunión de emergencia
La sala estaba llena.
Consejeros.
Hiruzen.
Danzo.
Líderes de clan.
ANBU.
Minato se puso de pie.
—Danzo Shimura —dijo con voz firme—. Ordenaste el asesinato de un ninja de Konoha.
—¡Todo fue por la aldea! —gritó Danzo golpeando el bastón.
—No —respondió Minato—. Fue por poder.
Los asesores intentaron intervenir.
Hiruzen habló:
—Minato… él siempre actuó desde las sombras…
—Y eso termina hoy —lo interrumpió.
Los líderes de clan se levantaron uno por uno.
El líder Hyūga habló primero.
—Apoyo al Cuarto Hokage.
Luego el Uchiha.
—Raíz ha causado demasiado daño.
Otros asintieron.
Danzo temblaba de furia.
—¡Sin mí la aldea caerá!
—No —respondió Minato—. Sin vos… quizá sane.
Golpe final.
—Danzo Shimura queda arrestado.
—Raíz queda disuelta.
—Y su control pasa inmediatamente bajo mi mando.
Silencio absoluto.
Danzo fue escoltado fuera, gritando.
Hiruzen no dijo nada.
Solo bajó la mirada.
Esa noche…
las raíces que crecían bajo Konoha…
fueron finalmente arrancadas.
