De pequeño siempre me preguntaba:
—¿Por qué la gente es como es?
—¿Por qué se comportan como se comportan?
Después de un tiempo, lo comprendí: La ley es lo que lo mantenía todo unido; si no tuviéramos a la ley y a los que hacen que se cumpla, mucha gente se comportaría como animales despiadados.
Para mi desgracia, a los 21 años de edad confirmé mis pensamientos...
Me llamo Álex.
Vivo en España, en una pequeña ciudad. Mi vida siempre ha sido de lo más común que te puedes imaginar: madre amorosa, padre presente, sin hermanos, sin mascotas; me gradué de la secundaria con notas promedio y tengo un trabajo en un bloque de oficinas a 15 minutos de mi casa.
soy fan de la fantasía y la ciencia ficción, pero especialmente del anime y manga.
siempre me gusto los puntos de vista de la sociedad desde diferentes puntos en la ficción.
sobre todo el del anime My Hero Academia, cómo la gente a pesar poderes durante mas de 100 años, todavía eran racistas hacia los que eran diferentes.
y como a pesar de todo todavía había gente buena y que buscaban la justicia.
y aunque no me gustara admitirlo, los admiraba un poco a pesar de que no fueran reales.
17 de enero de 2026
Ese día empezó como cualquier otro: me desperté 30 minutos tarde y, después de prepararme apresuradamente para llegar al trabajo, salí de casa de la forma más rápida posible.
Corriendo por la calle esquivé a las personas y, cuando estaba a punto de entrar, escuché un grito desde un callejón. Cuando me asomé, vi cómo dos hombres atracaban a una mujer joven. Di un paso adelante, pero me detuve.
—¿Qué estoy haciendo? —dije con un suspiro.
¿Por qué iba a arriesgar mi vida por nada? No conozco a la víctima y posiblemente esos ladrones tienen armas; no soy un héroe con un sentido de la justicia.
no tengo poderes , no soy fuerte físicamente.
—no soy un héroe...—dije mirando al suelo.
¿Pero entonces por qué sentí la necesidad de lanzarme a ayudar?
Decidí que lo mejor es que no me meta en lo que no me incumbe, pero lo que sí haría es llamar a la policía. Ellos sí que la podrán ayudar, no alguien como yo...
Volví a dirigirme hacia la oficina, empecé a subir las escaleras intentando no sobre pensar lo que había pasado. Y por estar distraído accidentalmente me choqué con una chica.
—L-lo siento tanto, n-no la vi caminando.—dije mientras me disculpa.
—No te preocupes, estoy bien. ¿Cómo te llamas? —ella me preguntó.
—M-me llamo Álex... ¿y t-tú? —le pregunté.
—¡Me llamo Sara, es un placer conocerte!—dijo con una sonrisa amplia.
Seguimos hablando durante un rato y, después de eso, empezamos a hablar mucho en los días siguientes. Hubo un punto en el que me di enamoré de ella, pero honestamente no sabía cómo decírselo.
Pero poco después me llené de valor y le pedí salir, y para mi sorpresa ella aceptó.
A partir de ese momento Sara me obligó a salir de mi zona de confort y relacionarme con más gente. Y, como lo esperaba, no funcionó.
27 de marzo de 2026
Me desperté y le mandé un mensaje de buenos días a Sara, me preparé el desayuno y me puse a ver la tele.
Y aunque normalmente no veía las noticias, por alguna razón ese día sentí que debería hacer la excepción.
—¡Buenos días aquí desde las noticias! Hoy nos han informado de que el grupo terrorista Sol ha llegado a España, así que el gobierno recomienda tener cuidado en zonas comerciales y edificios de oficinas. Sobre todo teniendo en cuenta los atentados que ya ha causado este grupo. ¡Volvemos después de los anuncios! —dijo, y pasaron varios anuncios diferentes y coloridos.
—El grupo del Sol... —dije pensando.
Se hablaba mucho de ellos últimamente, pero no me esperaba que llegaran a España, y esperaba que no hicieran mucho daño al país. Se decía que eran responsables de más de 23 atentados a nivel mundial.
Intenté no pensar mucho en ello; tampoco es como si me fueran a afectar de alguna forma.
Me preparé como de costumbre para ir al trabajo y salí de casa con paso firme. Feliz porque Sara y yo teníamos planeada una cena en su restaurante favorito mañana.
Cuando ya estaba delante de la oficina, me di cuenta de algo extraño: todas y cada una de las luces de la oficina estaban apagadas. Normalmente siempre estaban encendidas por la oscuridad de la noche. Pero puede que se haya ido la luz, porque últimamente estaba fallando.
Decidí no pensarlo mucho y finalmente entré en el edificio, subí las escaleras y abrí la puerta y...
Me quedé paralizado: había un cuerpo. Un cuerpo humano real, con sangre, que tenía agujeros de bala por todos lados. Mi cuerpo empezó a temblar como si estuviera en la cima de una montaña helada.
—¿...Q... q-qué? —dije, mientras el pánico empezaba a tomar el control de mi cuerpo en la situación.
Pero para mi desgracia mi pánico fue demasiado como para que me quedase callado y alguien escuchó mi creciente desesperacion.
—Bueno, bueno, bueno, parece que queda un oficinista más —se escuchó a una figura en las sombras que se me empezaba a acercar.
Con pasos fuertes la persona salió de las sombras; para mi sorpresa y horror, tenía la máscara característica del grupo Sol.
—¡DÓNDE ESTÁ SARA! —dije instintivamente, intentando dejar el miedo debido a mi preocupación por Sara.
—Creo que llegas un poco tarde, ya que todas y cada una de las personas de este lugar ya están en un lugar mejor —dijo con un tono orgulloso que me repugnó.
—N-no... —dije en negación.
—¡Sí, ya están todos bien muertos! —dijo despreocupado.
Sentía cómo la furia me consumía, haciendo que a pesar de que tenia miedo, mi cuerpo dejo de temblar de miedo y pasaba a ser por la ira.
—¡MALDITO!
Y con un grito de batalla me lancé hacia delante, corriendo hacia él; cuando se percató de mi movimiento me apuntó con un arma, posiblemente con la que había matado a todos en la oficina.
Gracias a que tardó en reaccionar unos segundos, conseguí acercarme lo suficiente como para agarrar el arma y desviarla para que no me pudiera disparar. Después de desviar el arma preparé un puñetazo y le di en todo el pecho, sacándole el aire de los pulmones, para seguir golpeándolo repetidamente.
Después de un tiempo me calmé, pero cuando miré al hombre con la máscara de Sol, se notaba bastante que lo había matado a golpes.
—Mierda... —dije cayendo cansado al lado del cuerpo.
Sentía odio, asco, ira, incomodidad... Pero lo que no había era culpa; a pesar de haberle quitado la vida a alguien, no sentía una pizca de culpa, y eso me asustaba más de lo que me gustaría aceptar.
—P-por qué no siento... —pero antes de que pudiera seguir hablando sentí cómo me apuñalaban con algo punzante por la espalda.
mi cuerpo se tenso y la adrenalina surgió como un volcán, aunque eso no me iba a ayudar en esta situación.
—Parece que quedaba un oficinista... ¿Oh, y encima mataste a uno de los nuestros? Qué interesante... —dijo otra persona con máscara de Sol justo detrás de mí.
Me estaba ahogando; debido a la puñalada, el pulmón se cortó y se llenó de sangre, haciéndome imposible respirar normalmente.
—¿Algunas últimas palabras, señor oficinista? —dijo con un tono frío.
Por desgracia solo podía soltar leves gruñidos ahogados en sangre, tampoco podia moverme por la falta de oxigeno.
—Jaja, qué patético —dijo con un tono de burla.
Y sin una pizca de duda, me apuñaló en la cabeza.
matándome instantáneamente.
