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Chapter 27 - Capítulo 27: Lenguas Selladas

El bosque quedó en silencio.

No un silencio tranquilo.

Uno espeso.

El tipo que queda después de una matanza.

El capitán ANBU dio la orden sin levantar la voz.

—Limpien el área.

Kakashi y él comenzaron a borrar rastros: armas, marcas de chakra, restos de sellos explosivos.

Nada debía quedar que delatara la pelea.

Mitsu se acercó al único enemigo con vida.

El jōnin respiraba con dificultad, inconsciente, atado con alambre ninja.

Mitsu se agachó frente a él.

—Despertá.

Un pulso de chakra leve.

El hombre abrió los ojos de golpe… y al ver la máscara ANBU intentó morderse la lengua.

Demasiado tarde.

Mitsu apoyó dos dedos en su frente.

—Genjutsu.

El mundo del jōnin se quebró.

Oscuridad.

Presión.

Una sensación de ahogo.

—¿Quién los envió? —preguntó Mitsu con voz calma.

El hombre tembló.

Intentó hablar.

Y entonces…

crack.

Un símbolo negro se activó en su lengua.

El chakra explotó hacia adentro.

Sangre brotó por la boca.

El cuerpo se arqueó.

Mitsu retiró la mano al instante.

Miró la lengua.

El sello.

Un pájaro enjaulado… distinto.

Más tosco.

Más cruel.

Sus ojos se endurecieron.

—Raíz… —murmuró.

No hacía falta decir más.

Ese sello solo significaba una cosa.

Danzo.

Mitsu tomó un mechón de cabello del jōnin sin ningún apuro.

Luego se levantó.

—No va a decir nada.

Kakashi ya lo había visto.

El capitán también.

Ambos reconocieron el sello.

Ninguno habló.

Solo asintieron.

Kakashi dio un paso adelante.

—Me encargo yo.

Un movimiento limpio.

Preciso.

El jōnin murió sin emitir sonido.

Nadie dijo una palabra.

Porque todos entendían lo mismo:

cuando Raíz se movía, era mejor no hacerlo público en el campo.

Recolectaron lo necesario.

Mitsu, sin que nadie lo notara, tomó ADN de los jōnin caídos.

Luego partieron.

Regreso a Konoha

El informe fue directo.

Sin adornos.

Sin exageraciones.

Minato escuchó de pie, frente al escritorio.

Mitsu habló con calma:

—No fue una misión fallida. Fue una trampa desde el inicio.

—El objetivo era atraernos.

—El jōnin tenía un sello de silencio en la lengua.

Silencio.

El Cuarto Hokage cerró los ojos unos segundos.

—Raíz… —susurró.

Mitsu no agregó nada.

Solo dijo lo que pensaba.

—Si alguien dentro de la aldea mueve estas piezas… no es un enemigo externo.

Minato abrió los ojos.

Serios.

Cansados.

—Lo investigaré.

Luego lo miró.

—Podés retirarte. Si hay otra misión, te avisaré.

Mitsu asintió.

Dio media vuelta.

Y se fue sin decir más.

Torre del Hokage — después

Solo quedaron tres.

Minato.

El capitán ANBU.

Kakashi.

—Hokage-sama —dijo el capitán—, Mitsu eliminó a más de la mitad del grupo enemigo solo.

—Sin usar ninjutsu.

—Sin entrar en pánico.

—Y tomó decisiones tácticas en segundos.

Kakashi habló después:

—Ese chico… no pelea como un adolescente.

—Pelea como alguien que ya sobrevivió demasiadas guerras.

Minato apoyó las manos sobre el escritorio.

—¿Y el sello?

—Confirmado —respondieron ambos—. Lengua sellada. Estilo Raíz.

Minato respiró hondo.

—Esto no debe filtrarse.

—Ni al consejo.

—Ni a civiles.

—Ni siquiera a otros ANBU.

Ambos asintieron.

—Sí, Hokage-sama.

Se retiraron.

La puerta se cerró.

Minato quedó solo.

Miró por la ventana hacia la aldea.

Konoha.

El sueño que había tenido desde niño.

La voluntad del fuego.

La paz.

—…No es tan simple —murmuró.

Por primera vez desde que asumió el cargo…

entendió que ser Hokage no era proteger la aldea del exterior.

Sino evitar que se devore a sí misma desde adentro.

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