La noche era tranquila en Konoha.
Demasiado.
En una habitación sellada, lejos de miradas y sensores, Mitsu se encontraba dentro de su sistema, frente al Árbol del Origen.
Las ramas se mecían lentamente.
Frutos nuevos colgaban de ellas.
Pesados.
Densos.
Tres… no.
Cuatro frutos.
Todos provenientes de los jōnin abatidos en la misión ANBU.
—Veamos cuánto me acercan esta vez…
Los tomó uno por uno.
Al consumir el primero, el chakra recorrió su cuerpo como una marea caliente.
No violento.
No caótico.
Estable.
Su sistema reaccionó al instante.
La experiencia de combate se asentó en sus músculos.
El control de chakra se volvió más fino.
La lectura del campo de batalla… más natural.
El segundo fruto reforzó su núcleo.
El chakra aumentó de forma clara.
Ya no era solo abundante.
Era pesado.
De esos que deforman el aire cuando se liberan.
El tercero no trajo técnicas nuevas.
Trajo algo más peligroso.
Instinto.
Juicio en combate.
Capacidad de decidir en fracciones de segundo sin dudar.
Cuando terminó, Mitsu abrió el panel.
Estado actual:
• Chakra: Nivel Kage alto
• Experiencia general: Kage intermedio consolidado
• Ninjutsu: Kage intermedio
• Taijutsu: Kage intermedio
• Genjutsu: Kage alto (influencia de Shisui)
• Control: excepcional
• Dōjutsu: en evolución estable
Mitsu exhaló lentamente.
—…Esto ya no es normal para mi edad.
Pero no sonrió.
Porque sabía algo.
Cada paso que daba… llamaba atención.
Y en la oscuridad de Konoha…
alguien ya había notado su existencia.
Raíz — Subterráneos
Danzo Shimura apretó el bastón con fuerza.
—Todos muertos… —murmuró.
Frente a él, un agente de Raíz arrodillado temblaba.
—Cinco jōnin… siete chūnin… ninguno regresó.
Silencio.
Uno pesado.
—¿Y el responsable?
—ANBU… pero uno en particular.
Danzo entrecerró el ojo.
—¿Nombre?
—Mitsu.
El aire se volvió helado.
—…Así que es él.
Danzo sonrió.
No con alegría.
Con hambre.
—Prepárenlos.
—Quiero saber todo sobre ese niño.
—Rutinas. Misiones. Contactos.
—Y si es necesario…
su voz se volvió un susurro venenoso.
—elimínenlo.
Raíz comenzó a moverse.
Desde las sombras.
Sin órdenes oficiales.
Como siempre.
Torre del Hokage — Reunión
La sala estaba tensa.
Minato al centro.
A un lado: los asesores.
Al otro: Hiruzen.
Frente a él… Danzo.
—Hokage-sama —dijo uno de los consejeros—, los incidentes recientes indican una inestabilidad peligrosa dentro del ANBU.
Minato no levantó la voz.
Pero el ambiente cambió.
—Justamente por eso estamos aquí.
Miró a Danzo directamente.
—No permitiré que ninjas de la aldea ataquen a otros ninjas de la aldea.
Danzo golpeó el piso con el bastón.
—Eso es ingenuo. La aldea se protege desde las sombras.
—No —respondió Minato, firme—. La aldea se protege con orden.
Los asesores intentaron intervenir.
—Minato, deberías pensarlo mejor—
—No —los interrumpió.
Por primera vez… el Cuarto Hokage mostró autoridad real.
—Esta será la última vez que una unidad actúe sin mi autorización.
Silencio total.
—A partir de ahora —continuó—, el control del ANBU pasa completamente bajo mi mando.
Danzo frunció el ceño.
—Eso incluye a Raíz.
El aire explotó.
—¡Eso es inaceptable! —gruñó Danzo.
Minato dio un paso al frente.
—Desde hoy, todas tus actividades deberán ser notificadas antes de realizarse.
—Si actúas sin permiso… será considerado traición.
Hiruzen habló entonces, con voz cansada:
—Minato… quizá estás yendo demasiado lejos…
Minato lo miró.
No con odio.
Con respeto.
—Tercer Hokage… ya cumpliste tu rol.
—Te pido que te retires…
Los ojos del anciano se abrieron.
Los asesores quedaron en shock.
—Y en cuanto a vos, Danzo —dijo Minato sin apartar la mirada—, no hagas nada que perjudique a la aldea.
—Porque esta vez… no miraré hacia otro lado.
Danzo apretó los dientes.
Su odio era evidente.
Pero no dijo nada.
Uno a uno, se retiraron.
Con el rostro oscuro.
Con pensamientos peligrosos.
Cuando la sala quedó vacía, Minato se sentó lentamente.
—Konoha va a cambiar… —susurró.
Sabía que se había ganado enemigos.
Muchos.
Pero también sabía algo más.
Si no lo hacía ahora…
la aldea se pudriría desde las raíces.
